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Presentación cartel hermandad 2026
Presentación del cartel
de la salida procesional de la Cofradía de María Santísima del
Amor y San Juan Evangelista
JUAN FRANCISCO RUIZ ACEDO
-AMOR Y SAN JUAN-
Álora, a 28 de febrero de 2026
Antes de que la voz se eleve y las palabras busquen su sitio,
queda el silencio.
En ese silencio habitan los nombres que no se dicen, los
recuerdos que pesan,
y la fe aprendida sin libros ni discursos.
Esta presentación nace de ahí:
de la memoria compartida,
de las calles que enseñaron a creer caminando,
y de una devoción heredada más por ejemplo que por palabras.
No pretende explicar lo que se siente,
porque hay verdades que solo se comprenden cuando se viven.
Sea, pues, esta página un umbral, un instante detenido,
donde el corazón se prepare
antes de que la voz pronuncie lo que el alma ya sabe.
Juan Francisco Ruiz Acedo
Señor,
antes de hablar de Ti, déjame callar.
Porque esta iglesia
no necesita palabras vacías, necesita verdad.
Aquí,
donde generaciones enteras doblaron la rodilla,
yo me presento tal como soy:
católico, cristiano, cofrade perote,
hijo de la fe sencilla.
Y es que mi Álora… cuando digo tu nombre no lo digo con la boca,
lo digo con el alma.
Álora es la cuna donde mis pasos
aprendieron a rezar con los pies;
sus calles son versos escritos en piedra;
y el viento que recorre por ellas susurra historias de amor
y fe que aún escucho al cerrar los ojos.
Porque tú no eres solo un lugar, eres memoria,
eres raíz,
eres fe transmitida sin libros,
sin discursos, pero con ejemplo.
Aunque hoy viva en Málaga, aunque mis pasos
pisen otro asfalto,
mi orgullo no cambia. Allá donde voy,
en cada rincón, en cada palabra, digo bien alto que soy perote.
Porque mi cuna es aquí, mi infancia
la Calle Erillas, y mi herencia esta bendita fe.
Soy la sangre de mis padres, Semilla de esta tierra,
el fruto de un pueblo que lleva la cruz grabada en el pecho. No
importa la distancia, ni donde duerma, porque mi corazón siempre
despierta mirando a este Altar.
Reverendo Señor Párroco de Álora,
Señor alcalde de nuestro Excelentísimo Ayuntamiento y miembros
de la corporación municipal,
Señor Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Cofradía de Amor y
San Juan,
Autoridades civiles presentes
Hermanos Mayores de las Hermandades y Cofradías aquí presentes,
Hermanos y Cofrades, Queridos Amigos,
Señoras y Señores buenas tardes,
Antes de comenzar, permítanme expresar mi sincero agradecimiento
a Alejandro por sus palabras de afecto y cercanía hacia mi
persona. Gracias, amigo; para mí es un verdadero honor tomar el
relevo en esta responsabilidad.
La Semana Santa, nuestra semana mayor, se alza como uno de los
momentos más trascendentales para la cristiandad: el recuerdo
vivo de la mayor prueba de amor que la humanidad ha recibido.
Todo adquiere su auténtico significado en la noche santa de la
Resurrección, cuando la luz brota con fuerza en la llama del
cirio pascual y se enciende también en lo profundo de nuestros
corazones.
Y en ese amanecer de esperanza, recordamos la mirada de San
Juan, el Discípulo Amado. Y en su mirada, hermanos, se hace la
luz: luz que no quema, luz que abraza, luz que
nos enseña que permanecer es un acto de amor tan puro como el
oro de sus bordados. Llegó al sepulcro antes que nadie, se
inclinó, vio los lienzos y el sudario doblado, y creyó, aunque
aún no viera al Maestro resucitado. Allí está la grandeza de su
fe: amar y confiar antes de tocar, comprender antes de hablar,
sentir antes de ver. Porque en la Resurrección, como en nuestro
corazón, la luz se hace presente primero en el amor que cree.
Cuando hablamos de San Juan, no solo hablamos del discípulo que
estuvo al pie de la Cruz. Hablamos de aquel que recibió la
revelación más grande: ‘Dios es Amor’. Y en ese Amor aprendió
que la fe no se mide en palabras, sino en actos.
Recordemos la escena del Evangelio: cuando Jesús, desde la Cruz,
le dice a Juan: ‘He ahí a tu madre’. Ahí está la fuerza de la
entrega, hermanos. No un mandato, sino un legado. Juan cuida de
María, y nosotros, cuidando de nuestros Titulares, aprendemos a
cuidar de lo que Dios nos confía: nuestra fe, nuestro pueblo,
nuestra historia.
Cada paso del Jueves Santo se convierte en un versículo de un
Evangelio que escribimos con los pies y con los hombros. Cada
tirón es un salmo de gratitud. Cada toque de campana, una
llamada a la oración. Y así, la calle Atrás y la Plaza Baja se
transforman en Jerusalén. No necesitamos cruzar el Mediterráneo
para sentir la emoción del Monte Calvario; lo llevamos en
nuestra sangre, en cada latido bajo el varal.
La Biblia nos enseña que el sacrificio no es solo dolor; es
testimonio de amor. Recordemos a Abraham, dispuesto a ofrecer a
Isaac, confiando en que Dios proveería. Nosotros, bajo los
varales, no ofrecemos hijos ni bienes, pero sí nuestro sudor,
nuestra paciencia y nuestra fidelidad.
Cada hombro que se esfuerza por mantener el trono en equilibrio
está repitiendo la historia de aquellos que llevaron la cruz
antes que nosotros. Y no es un gesto vano: es un acto que nos
transforma, que nos purifica, que nos enseña que la fe se vive
con las manos abiertas y con la espalda recta.
Así como Cristo enseñó a sus discípulos a amar incluso a los que
nos hacen daño, nosotros aprendemos a sostener, a acompañar, a
levantarnos cuando la madera pesa y el cansancio hiere. Porque
solo quien ha cargado con el peso de la devoción sabe que la
verdadera gloria no está en ser visto, sino en ser fiel cuando
nadie observa.
San Juan…
El joven discípulo amado.
No por privilegio, sino por entrega.
Mientras otros huyeron, tú permaneciste.
Mientras el miedo crecía, tú te afirmaste.
Mientras el mundo se rompía, tú cuidaste.
En los Evangelios hay un momento que siempre me ha conmovido:
cuando Jesús, camino del Calvario, lleva la cruz a cuestas y los
discípulos huyen, aterrorizados, y solo algunas mujeres y el
discípulo amado permanecen a su lado. No es un acto
grandilocuente, no hay multitudes vitoreando, no hay trompetas
anunciando su fidelidad. Solo hay presencia, entrega silenciosa
y amor que no se mide en números ni en fuerza, sino en corazón.
San Juan nos enseña con su ejemplo que amar no es correr primero
ni buscar protagonismo; amar es quedarse hasta el final, aunque
el mundo se desmorone a tu alrededor. Es sostener, acompañar,
ser fiel cuando nadie más lo es. Es la lección que aprendemos
bajo un varal, y es la misma lección que nos dejaron aquellos
hombres valientes que rescataron a San Juan cuando parecía que
la devoción se apagaba.
San Juan nos enseña que amar no es correr primero, es quedarse
hasta el final.
Que la verdadera fuerza no está en el número de hombros, sino en
la fidelidad de los que cargan.
Hubo un tiempo, hermanos,
en que San Juan quedó en silencio.
Deteriorado por los años,
casi en la penumbra de la memoria, aguardaba paciente
una mano amiga
en el Santuario de Flores.
Entre aquellos fundadores, pilares firmes de esta cofradía
naciente, se encontraba Don Antonio Calderón Osuna,
que asumió con valentía la responsabilidad de encabezar el
proyecto.
Junto a él, Don Alfonso Pérez Almodóvar, custodio
fiel de las finanzas y sostén silencioso de la obra.
Y también Don Juan Martos
Morillas, cuya generosidad y ayuda
externa aportaron el aliento
económico necesario para que el sueño comenzara a tomar
forma.
Y cuando todo parecía dormido… aparecieron los valientes.
16 fueron los portadores, que con un manto y un sueño que pesaba
más que cualquier trono, hicieron que la luz regresara
a las calles de Álora.
Desde aquel 1974, cada año, San Juan creció. Del trono
sencillo a la obra de arte que hoy vemos, con tallas y
ornamentos de Julio Pajares Vilches, Sebastián Calderón y
Sebastián Sánchez. Hasta 42 hombros, túnicas verdes y
faraonas rojas, llevando la devoción por nuestra tierra.
Y entonces entendí algo… que no se
aprende en libros ni en discursos. Se aprende
debajo del trono. Se aprende en el roce del
hombro, en el sudor compartido, en el silencio que grita fe.
Bajo este varal,
somos ríos que se encuentran, manos que se buscan, hombros que
se sostienen, sudor que es oración,
y silencio que grita fe.
Mi vinculación participativa con esta Hermandad comenzó de
manera especial en 2024, como bien sabéis los presentes. Mi
corazón, cada Jueves Santo, está con el Señor de las Torres,
pero debo reconocer que cuando me tocó llevar el trono en el 50
aniversario comprendí algo que ningún libro ni explicación podía
enseñarme: el peso de un varal no es solo físico, es espiritual.
Recuerdo mirar el rostro de San Juan y sentir que me hablaba sin
palabras. Como aquel discípulo amado que permaneció al pie de la
Cruz, me di cuenta de que la entrega no entiende de títulos ni
de años en la Hermandad. Solo entiende de corazón y voluntad.
Allí, bajo el metal y la madera, todos éramos iguales: hombres y
mujeres unidos por el esfuerzo, por la devoción, por el Amor que
nos traía hasta este altar."
"Y mientras caminábamos, me vinieron a la mente los relatos de
la Biblia: David enfrentando al gigante, sin miedo, pero con fe;
Jesús caminando hacia el Calvario con la cruz a cuestas; la
viuda que ofrece sus dos monedas y nos enseña que lo que se da
desde el corazón vale más que lo que se tiene.
Bajo ese trono, cada paso era como una parábola viviente: el
esfuerzo compartido, la paciencia, la obediencia silenciosa y el
cuidado de los demás. Me sentí, por un instante, parte de una
historia que empezó hace siglos y que se renueva cada Jueves
Santo."
Aquel 50 aniversario no fue solo una salida más; fue una lección
de vida. No por la edad, sino por el acto de estar bajo el
varal. Aprendí que la verdadera ‘Extraordinaria’ no está en las
calles ni en la plata ni en el oro: está en la humildad de quien
acompaña, en la mirada silenciosa que comprende que el esfuerzo
compartido es la forma más pura de amor.
Sentí que San Juan me bautizaba como cofrade en ese instante,
aunque no lo fuera de nacimiento. Sentí la fe y la entrega de
todos los que me rodeaban, y entendí que la devoción no es
propiedad de nadie: es un río que puede tocar a cualquiera
dispuesto a acercarse con respeto y corazón abierto."
Yo no conocía lo que se siente bajo el varal de estos titulares,
pero aquel día…
el destino me puso un varal delante.
Y bajo ese metal, hermanos, no hay ego, no hay cargos, solo
hermanos.
Sentí el primer golpe de martillo, el crujido de la madera,
el calor del de mis compañeros de varal. Y, sobre todo, la
mirada de San Juan.
No me digáis que pesa la plata, ni que el oro castiga…
porque lo que de verdad pesa es el Amor.
El amor que nos obliga a cargar, a acompañar,
a no retroceder.
Allí comprendí
que la verdadera Extraordinaria
no es solo sacar un trono a la calle, sino llevar a Dios en la
vida diaria.
Pero San Juan no camina solo. A su lado… Ella.
María Santísima del Amor.
No es la Virgen del ruido,
ni la Virgen del llanto exagerado, sino la Virgen firme,
la Virgen que ama, aunque duela.
Amor es aceptar. Amor es confiar. Amor es decir “sí” sin
entenderlo todo.
Y ella dijo sí. Sí a la cruz, sí a la calle, sí a Álora.
El diálogo entre Juan y María es el resumen de nuestra fe:
el discípulo cuida de la Madre, la Madre adopta al hijo.
Ella, firme como la roca,
suave como la brisa que acaricia los olivares; él, atento como
el río que nunca deja de fluir; juntos, enseñándonos que amar es
quedarse,
esperar y acompañar, aun cuando la tormenta ruge. Cuando paséis
junto a ellos el Jueves Santo,
no pidáis cosas materiales.
Pedidle amor, porque sin amor,
esta iglesia serían solo piedras y este pregón, solo humo.
Esta cofradía no es solo un trono en la calle un Jueves Santo.
Es un proyecto de vida.
Es arte y devoción,
es juventud que aprende y enseña, es tradición que se renueva.
Maestros y aprendices, carpinteros, tallistas, floristas… todos
juntos construyendo un patrimonio
que no se mide en oro,
sino en tiempo, en esfuerzo y en amor.
Y así, de generación en generación, la semilla que un día cayó
hace que hoy llevemos a nuestros titulares
con la misma pasión que los fundadores aquel año en el 74.
PRESENTACIÓN DEL CARTEL
Dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. Pero
en Álora, no hace falta volver... porque nunca nos terminamos de
ir.
Porque la Semana Santa, antes de ser procesión, es infancia. Es
la imagen de un niño correteando entre la Plaza Baja y la Calle
Ancha, o buscando la sombra en el Carril. Es la nostalgia de la
Calle Benito Suárez, donde la vida no tenía prisas y los veranos
eran una promesa eterna.
Allí, entre el juego y la fe, aquel niño empezó a caminar junto
a su cofradía de Amor y San Juan. Llevaba una vela de nazareno
en la mano, pero lo que realmente estaba encendiendo era el amor
por sus raíces, el mismo que hoy nos regala en este cartel.
Hoy no vengo solo a hablaros de arte. Vengo a hablaros de vida.
De esa fe que se hereda de padres a hijos y de esos recuerdos de
infancia que nos hacen ser quienes somos."
"Y para ponerle rostro a ese sentimiento, Álora ha necesitado
las manos de alguien que lleva nuestra sangre. Quiero
presentaros al autor de la luz que hoy nos va a iluminar:
Fernando Wilson Torres.
Fernando no es solo un artista de 29 años. Es el hijo de nuestra
Trinidad 'la Perota' y de Fernando 'el Malagueño'. Es el nieto
de Dolores Rodríguez. Un perote más, que, aunque reside en
Málaga, jamás ha soltado el cordón umbilical que lo une a su
casa de la Calle Benito Suárez.
Él, que se crio entre los pinceles de su padre, pero desde hace
ya una década decidió llevar el arte a la piel.
Pero este cartel... este cartel ha sido su primer milagro sobre
el lienzo. Tres son las obras que nacieron de las manos de sus
Padre para nuestro pueblo, dos para esta cofradía de Amor y San
Juan y también realizó una obra a nuestra Patrona, la Virgen de
Flores. Pero para Fernando esta obra ha sido su primer reto, ya
que ha tenido que soltar la máquina para agarrar el pincel y, en
cada trazo, reencontrarse con el niño que fue. Para Fernando,
pintar esta obra ha sido, sencillamente, volver a casa.
Y para que ese reencuentro se haga luz ante nuestros ojos, pido
ahora la presencia de nuestro Reverendo Cura Párroco Don Felipe,
de Francisco Martos Hermano Mayor y del autor del cartel
Fernando Wilson, para descubrir el cartel y así, a partir de
este instante, todos podamos disfrutarla y hacerla nuestra."
“Miradlo. Contemplad este primer plano del Joven Discípulo.
Wilson nos regala unos ojos que no solo miran, sino que sienten,
que hablan en silencio al corazón del que se detiene ante ellos.
Ved esa cabellera de volumen renacentista, esos mechones que
parecen esculpidos por el viento de nuestra sierra, detenidos en
el tiempo con una fuerza casi viva. Ese verde que
parece respirar, esos ojos que no solo miran, sino que
escuchan, y ese rostro que habla sin palabras…
Así es nuestra fe: viva, tangible, profunda.
La obra se centra en un primer plano del rostro del joven
discípulo Juan. Destacan los ojos grandes y sombreados, de
mirada profunda e introspectiva; una nariz prominente y unos
labios cerrados que transmiten una serena sensación de
reflexión, de melancolía contenida. Sobresale con especial
intensidad su cabellera, formada por mechones oscuros, gruesos y
ondulados que adquieren un volumen casi escultórico, evocando
con claridad los modelos de la estatuaria renacentista.
La pintura presenta un acabado rústico y deliberadamente
desgastado, donde la materia pictórica cobra protagonismo. Se
aprecian pinceladas visibles y áreas donde la pintura parece
raspada o “lavada”, especialmente en el fondo y en los bordes,
aportando a la pieza una pátina de antigüedad buscada y
profundamente expresiva.
Predominan los tonos tierra, ocres y sienas en el rostro y el
fondo, envolviendo la composición en una calidez antigua y
envolvente. El acento cromático más vivo se encuentra en la
vestimenta: un cuello verde oscuro con delicados detalles en
encaje color crema y un pequeño botón rojo, colores propios de
la corporación que dialogan con sobriedad y elegancia dentro del
conjunto.
La luz incide desde la derecha, acariciando el pómulo y el
puente de la nariz, y generando sombras profundas que
intensifican el dramatismo de la expresión. Este juego lumínico
no solo modela el rostro, sino que guía la mirada del espectador
hacia la hondura espiritual del personaje.
Nos encontramos ante una pieza que evoca el lenguaje de los
frescos renacentistas y los estudios de los grandes maestros
clásicos, pero reinterpretada con una textura moderna y táctil,
plenamente adaptada a los cánones y sensibilidades del siglo
actual.”
"Pero antes de terminar... antes de que este cartel salga de
estos muros y el pregón sea eco... necesito que el tiempo se
detenga. Porque voy a hablaros de una persona única. Alguien que
no necesita que le expliquen qué es la Semana Santa, porque su
vida entera... su vida entera es una forma de amar que no conoce
el cansancio.
Gracias Fernando, suerte la mía de poder describir tu obra.
MENCIÓN ESPECIAL
Él es el centinela de nuestra fe. Vive donde los latidos de este
pueblo se hacen más fuertes: en su casa de la calle Benito
Suárez, allí donde la mirada casi alcanza a tocar los muros de
nuestra Parroquia de la Encarnación. Para él, las cofradías no
son una afición; son su oxígeno, su lenguaje, su única forma de
estar en el mundo.
Dicen que tiene el oído afinado por los mismos ángeles. Cuando
el silencio de la noche se quiebra por un murmullo en la calle,
cuando siente el roce de una llave o el eco lejano de un tambor,
él no espera... él sale. Sale al encuentro de su Iglesia porque
sabe que allí es donde late su corazón. Él es el primero en
llegar y el último en marcharse. Para él, abrir estas pesadas
puertas de madera es un abrazo al cielo; y cerrarlas cada noche
es como arropar con sus propias manos a la Madre que lo cuida.
Y en esa casa de Benito Suárez, el amor tiene un nombre propio:
el de su madre. Ella es su guía y su puerto. Ella, que camina a
su lado en el silencio del día a día, que lo cuida con la
fortaleza de una roca y que ha hecho de su vida un ejemplo de
entrega que nosotros, los perotes, a veces no alcanzamos a
comprender. En ella vemos el rostro de la madre que permanece,
de la mujer que, como la Virgen al pie de la Cruz, está siempre
firme, siempre amando, siempre cuidando de su tesoro más grande.
Fijaos en él cuando llega el momento de la gloria. Cada Domingo
de Ramos, cuando el sol de la tarde busca en el Patio de los
Naranjos la frente del Señor de la Columna, allí está él. Bajo
el trono, con una seriedad que estremece, escoltando a su Cristo
con una fidelidad inquebrantable y la mirada de quien está
viendo a Dios cara a cara. Él nos enseña que para ser un buen
perote solo hace falta una cosa: saber entregarse sin
condiciones.
Nadie cuida de esta Iglesia como él. Nadie vigila que el Amor
nunca se quede solo con tanta devoción. Él es el San Juan que no
escribe con pluma, sino con sus pasos por las cuestas de Álora,
con sus manos que tocan la madera buscando el consuelo que otros
no sabemos encontrar.
¡Álora, míralo bien! No busquéis más el pregón en mis papeles,
porque el verdadero pregón está ahí sentado. Es el alma limpia
de nuestro pueblo. Es el guardián de la Encarnación. Es el
hombre que nos demuestra que la mayor capacidad que existe en
este mundo es la bondad.
No hace falta que diga quién es, porque vuestro llanto ya lo
está nombrando. ¡Porque este aplauso no es para el pregonero, es
para la lección de amor más grande que camina por nuestras
calles!
¡Va por ti... JUAN!"
FINAL DE LA PRESENTACIÓN
Virgen del Amor... ¡Míranos! En tus manos caben nuestras
angustias, nuestros miedos, nuestros silencios. Aquí, en esta
iglesia, te buscamos como hijos cansados que saben... ¡que saben
con el alma! que su Madre no falla.
Y a tu lado, ¡San Juan! El Discípulo Amado, el que no tuvo miedo
a las sombras, el que nos enseña que el amor no son palabras,
¡el amor es quedarse al pie de la Cruz cuando todos se marchan!
Esta cofradía no se construyó en un día. ¡Se levantó con sangre
de sacrificios! Con el barro de los errores, con el oro de los
aciertos y con una fe que no se rinde.
Cofrades que fueron, cofrades que sois, cofrades que vendréis...
¡Todos distintos! Pero todos quemándonos en el mismo fuego: ¡EL
MISMO AMOR!
Porque una cofradía no es el lujo que se ve en la calle... ¡Es
el grito que se reza cuando nadie nos mira!
Y cuando llega el día... Cuando la puerta se abre de par en
par... Cuando Álora contiene el aliento y el corazón le salta
del pecho...
¡ÁLORA DEJA DE SER PUEBLO PARA SER ORACIÓN!
Las calles ya no son calles: ¡Son el Evangelio vivo! Los pasos
no suenan: ¡Hablan! ¡Gritan! Y el silencio... ese silencio
bendito... ¡Dice más que un millón de palabras!
Ese es el milagro. ¡No es el trono! ¡No es la cera! ¡No es la
música! El milagro es un pueblo entero creyendo a la vez, un
pueblo que se funde en una sola alma, en un solo latido.
Hoy hablo desde mi fe, desde mis heridas, desde mi verdad. No
desde la perfección, sino desde la certeza absoluta de que Dios…
¡Dios siempre sale a nuestro encuentro!
Soy católico, porque creo.
Soy cristiano, porque confío.
Y soy cofrade, porque camino… aunque pese la cruz.
Porque hay amores que se dicen… y hay amores que
se demuestran quedándose.
Y yo, Señor, he aprendido la lección más grande:
¡que quedarse… también es una forma de amar!
¡Que San Juan Evangelista nos enseñe a permanecer! Que nuestras
calles sigan siendo versos, que nuestras manos sigan siendo
oración,
que nuestro pueblo siga siendo amor que no se cansa de esperar.
¡Que la Virgen del Amor nos enseñe a confiar! ¡Y que Álora siga
siendo, por los siglos de los siglos, pueblo de fe, pueblo de
amor...
¡PUEBLO DE DIOS!
¡Hoy no termina un pregón! ¡HOY COMIENZA UNA ORACIÓN QUE NO
TENDRÁ FIN!
¡VIVA LA VIRGEN DEL AMOR!
¡VIVA SAN JUAN EVANGELISTA!
¡Y QUE DIOS BENDIGA SIEMPRE A NUESTRA ÁLORA!
Málaga, a 28 de febrero de 2026 Juan Francisco Ruiz Acedo
Presentación cartel hermandad 2025
"No puedo yo hacer nada por
mí mismo. . . no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre,
que me envió”(JUAN 5:30)
Con estas palabras de
Jesucristo transcritas en el Evangelio de nuestro discípulo
amado
me dispongo a la encomienda
que desde la Cofradía de María Santísima del Amor y San Juan
Evangelista se me ha asignado.
Sea tu voluntad
la que guíe mi voz y mis palabras, durante esta la
presentación.
- Reverendo Cura Párroco, Ilustrísimo Señor
Alcalde de Álora, Señor Juez de Paz, Hermano Mayor y Junta de
Gobierno de la Cofradía de San Juan Evangelista y María Santísima
del Amor, miembros de la Corporación Municipal del Excelentísimo
Ayuntamiento de Álora, Hermanos Mayores de las Hermandades y
Cofradías de Pasión y Gloria de nuestro pueblo, cofrades, vecinos,
familia, amigos y amigas:
Buenas noches, bienvenidos y bienvenidas a la presentación del
cartel anunciador de la salida procesional de la Cofradía de San
Juan Evangelista y María Santísima del Amor en la próxima Semana
Santa de Álora 2.025.
Primeramente, me gustaría agradecer tanto a Paco
Martos como a Carlos Dimas la confianza depositada en este
servidor. Lleno de humildad, ilusión y fe he asumido tan gran
encomienda.
En la infancia, está la raíz de una vida y, por
tanto, es el lugar en el que se construye el resto de la misma o
al menos así lo considero personalmente. Lo dice un perote que
lleva casi una década en Estepona y que sin esperarlo, como la
mayoría de cosas, pues tiene su vida allí. La de paralelismos que
tenemos el presentador del cartel de 2.022, mi querido y admirado
amigo Chuchi, que hoy no ha podido estar presente... ambos somos
docentes, perotes y esteponeros de adopción, padres de una niña y
sí... ahora estoy inmerso en la presentación del cartel de nuestra
Cofradía. Fue este amigo, el que allá por 2018 me propuso llevar
sobre mis hombros a nuestros sagrados titulares...y qué gran
decisión. La de emociones, oraciones y vivencias bajo el varal que
hemos pasado… Pero antes de seguir en el trono, me gustaría volver
a la infancia, la raíz.
Los primeros recuerdos sobre la Semana Santa de
Álora que me vienen a la memoria, son aquellos días de Cuaresma en
los que con 5-6 años desfilábamos mis primas y yo por el almacén
de la tienda de Pepe Torreblanca y Josefita, mis abuelos. Con el
palo de un escobón y un trapo, teníamos el estandarte, alguna caja
del almacén a modo de trono y la música a cargo de mi
añorado tío Alfonso, que con su minicadena ponía las marchas
del momento tanto en cassete como en los primeros Compact Disc.
Aún me acuerdo, cuando mi tío me mandaba con 1000 pesetas a la
droguería de Antonio Lobato a por la cinta VHS de la última Semana
Santa, que tenía allí su punto de venta. Imaginad, todo lo que
repercute en los cimientos de un niño tanto tiempo pasado en un
ambiente así…
Todo aquello fue subiendo de nivel y realismo, tras el regalo que
me hizo mi otra abuela, Mari Pepa la de La Venta, que apareció un
día de Reyes con una batería, de la cual me quedé con la caja para
ponerle música a las procesiones que hacíamos los niños de la
Calle Santa Ana.
Por suerte, el "gusanillo" por la música ya
estaba presente en mi casa, en mi entorno, y en mí, pues crecí
rodeado de los músicos de Albedrío y de Abanico, dado que mi
padre, Pepe Márquez, era componente de los mismos y a día de hoy
es un puntal referente en Álora como músico y como persona, pues
es con todas las letras una de las mejores personas que conozco.
Entre los músicos con los que tuve la suerte de
crecer, me gustaría hacer mención especial a uno de los que
podemos decir que "estaba tocado por la varita", por el hecho de
hacer cosas inalcanzables para el resto de los mortales. Pueden
intuir que hablo de Tomás Salas y su obra, cuyo valor es
incalculable para el patrimonio cultural y religioso de nuestro
pueblo, destacando su disco dedicado a la Virgen de Flores.
La música y nuestra Semana Santa, tienen un nexo
de unión tan fuerte, que apuntarse a la banda era la mezcla
perfecta para aprender a tocar un instrumento y a su vez, llegar a
Dios a través de las marchas. Hay muchas formas de pedir, de
rezar, pero estoy seguro que sentir la música focalizada en la fe,
es una de las formas más puras y bonitas que existen.
Los que estamos o hemos estado en ese mundo
sabemos lo que es y el compañerismo que hay dentro de cada
agrupación. Aún recuerdo cuando componentes de la Banda de San
Juan, se vinieron a la de música a conocer el solfeo y a aportar
su granito de arena como componente cuando la banda municipal no
estaba pasando su mejor momento: Muñoli, Julia, Sebas, Ana,
Chamarín y más de uno que me dejo en el tintero.
Horas y horas de estudio y ensayos que no pesan,
sobre todo pensando en tenerlo todo preparado para que suene el
acompañamiento perfecto en cada estación de penitencia. Y es que
cada momento, cada paso que da el hombre de trono tiene una banda
sonora.
Nuestra cofradía, puede sentirse orgullosa, dado
que tiene el privilegio de contar con una obra maestra de David
Gutiérrez Postigo (Sillerito), que lleva por nombre "Amor y San
Juan". Esta marcha, nuestra marcha, fue fruto del encargo que Ana
María Calderón Durán le hizo a David tras una encerrona de la que
también fueron cómplices Muñoli, Mari Gracia y Paco Martos. La
petición de Ana Mari contemplaba hacer una marcha bonita para que
se pueda mecer bien el trono. Y así surgió esta marcha estrenada
en marzo de 2007, que bajo la faraona y la túnica sigue poniendo
los vellos de punta portando a nuestros sagrados titulares. Estoy
seguro de que todos los aquí presentes tenemos la melodía
interiorizada en nuestra alma.
Álora, es música, Álora es pasión y Álora es
flamenco. Es bien conocido por todos la importancia del manantial
que supone nuestro pueblo dentro del mundo del flamenco, donde han
nacido cantaores tales como El Canario, Los Penas, Pepe Vergara,
Diego el Perote, El Pibri o Benito Moreno. En la actualidad, son
Antonia Contreras y un perote de adopción, el maestro Juan Ramón
Caro, los que llevan el nombre de nuestro pueblo por los mejores
escenarios nacionales e internacionales.
Por la afición que tengo por esta música tan
nuestra, la guitarra que hay presente hoy en nuestra iglesia, no
podía faltar. Bendito día aquel en el que mi amigo y gran cofrade
José Mari Martos y yo decidimos acercarnos a este
instrumento de la mano del maestro Pedro Yáñez hace ya más
de 20 años.
A continuación, por lo que representa el mundo
del flamenco para nuestro pueblo y para mí, se va a interpretar un
fandango escrito por mi puño y letra dedicado a nuestros sagrados
titulares. Para ello, voy a contar con la colaboración de una gran
artista y amiga, con la que he compartido muchísimos momentos de
la niñez entre los cables de la orquesta Abanico y que desde
primera hora aceptó la propuesta de ponerle voz a esta humilde
letra. Permítanme que requiera la presencia de María Cordero
para su interpretación:
(Intro marcha): "La noche luce azul,
rojo mi corazón, verde de la esperanza de la virgen del Amor.
La plaza ya te espera con su abrazo su gente te venera tras
tus pasos promesas y oración bajo tu manto."
(Fandango de Huelva) "Bondad,
está llena tu mirada, de mucho amor y bondad,
de nuestra madre eres consuelo esperanza y lealtad
junto al Rey de los Cielos".
Tras estos acordes, me gustaría seguir en el
mundo del arte perote. Y ese arte tiene mucho que ver con la
Semana Santa. Cabe recordar que en Álora, concretamente en la
calle Escribanos, nació José Navas Parejo, escultor y orfebre de
gran prestigio y autor de tallas como la del Nazareno de Las
Torres, Cristo de los Estudiantes o Jesús "El Rico" de Málaga
entre muchas de sus magníficas obras.
Hoy en día, ese testigo dentro del arte del
mundo cofrade lo recogieron con firmeza el escultor Juan José
Postigo y el pintor y cartelista, José Carlos Torres,
cuya personalidad a la hora de pintar hace que sus obras sean
totalmente reconocibles, tal y como me pasó el año pasado por las
calles de Estepona donde vi un cartel anunciador de la Semana
Santa de allí y dije: "este cartel parece que lo hubiera hecho
Jose Carlos", obviamente me informé sobre el autor del mismo y no
había duda, era una de sus obras. Y esas cosas, son las que a un
perote le hacen sentirse orgulloso, más si cabe, cuando has
compartido parte de tu infancia con él.
Otro emblema de nuestra Semana Mayor, son las
palabras y la voz del rapsoda perote Don Antonio Chamizo,
quien ha relatado de forma magistral los momentos más entrañables
de los días de pasión en Álora. Inspirado en este ilustre perote,
con todo el respeto y admiración propongo las siguientes estrofas:
El incienso alardea
de seguir buscando la puerta que espera la salida
del varal en cada esquina que a esta catedral perota rodean.
Suenan ya los tambores, las piernas de nervios tiemblan
miradas cómplices entre hermanos en noche de Jueves Santo.
Una noche penitente,
llena de oración, devoción y promesas para que el alma se
impregne
de la esperanza que crece a la par de la Luna llena.
Murmullo de gentío fuera del templo algo
está ya pasando pajarillos despavoridos
el corazón palpitando.
El de las Torres ya está en
la plaza, Estudiantes asoma en la cuesta Paco Martos nos reclama
ultimamos detalles, órdenes y oramos, túnica roja y verde,
al cielo nos encomendamos Amor y San Juan,
en nuestros hombros portamos.
Benito Suárez, Zapata, La
parra, Fuente arriba,
el corazón elevado, emociones de plata fina.
En volandas se llevan,
parecen que van andando, San Juan y la Virgen, hacia el Calvario
llorando, porque a Jesús de Nazaret allí están crucificando.
El encierro es inminente,
hasta el silencio se calla, al escuchar esa marcha que David
dejo plasmada para que Amor y San Juan tan elegante portaran.
Tras estos versos, es mi deber, hacer mención
especial a las personas que componen los cimientos de esta
cofradía, que trabajan de forma incansable durante todo el año
para que todo salga mejor de lo esperado durante nuestra estación
de penitencia, más allá de las obras de caridad y el ambiente de
hermandad que se crea entre "la güena gente" que forman parte
de "Amor y San Juan", ya que siempre estamos abiertos a
ayudarnos los unos a los otros en lo que está en nuestra mano.
Haciendo balance de la importancia que ha tenido
para nuestra cofradía el año 2024, no puedo olvidar destacar el
pasado y lluvioso Jueves Santo, en el que San Juan y la Virgen del
Amor, procesionaron por la Plaza Baja debido a las condiciones
meteorológicas adversas que se presentaron. Fue una experiencia
tan corta como intensa, en la que la emoción nos invadió por
completo a los hombres de trono, pues nos faltaban dos de los
nuestros, David Cano y Steven, que se nos marcharon a la casa del
Señor a tan pronta edad. Estoy seguro, que las dos rosas que
ocuparon su lugar en el varal, estaban impregnadas con su energía
y amor, y arrimaron el hombro desde allí arriba, como tantos
Jueves Santos hicieron.
Otra noche para enmarcar fue la vivida la noche
del 28 de septiembre, conmemorando con nuestra salida
extraordinaria los 50 años de historia como hermandad. Todo el
pueblo se engalanó, los sones a cargo de la banda de Nuestro Padre
Jesús Cautivo de Málaga deleitaron los oídos de todo los presentes
y el trono fue llevado con una categoría excelsa, tal y como la
ocasión requería.
Y es aquí a donde quería llegar para introducir
a la imagen protagonista de la noche: "el cartel anunciador de la
salida procesional de Amor y San Juan 2025".
Su autor, Pedro Macías, es un apasionado
de la fotografía y de la Semana Santa, algo que ha sabido conjugar
de forma fructífera, ya que ha firmado la autoría de varios
carteles entre las cofradías de Álora, su pueblo natal. Todo cobra
más mérito cuando sus contrastadas fotos son resultado de un
aprendizaje autodidacta, sabiendo plasmar, como en esta ocasión,
momentos únicos que hablan por sí solos.
La instantánea captada para el cartel, data de
la salida extraordinaria del pasado septiembre, donde podemos
observar la llegada a la Plaza Baja, barrio con siglos de historia
cuya unión a la cofradía es recíproca. No se concibe a La Plaza
sin San Juan ni a San Juan sin La Plaza.
Al fondo, se vislumbra la torre del Campanario de la Parroquia en
la que estamos, que a su vez es nuestra sede canónica.
Ya en un plano más cercano, vemos los detalles del trono
recientemente restaurado, que gran trabajo han hecho en Córdoba!
También acompaña el magnífico adorno floral a la altura de aquella
noche. Y cómo no, protagonismo absoluto y majestuoso de María
Santísima del Amor, cuya mirada transmite una paz y sensibilidad
que dignifican su advocación en un momento tan duro como el que
representa la pérdida de un hijo.
A su izquierda, podemos contemplar a San Juan,
discípulo amado, siempre fiel a Jesús, acompañando tanto a él como
a su madre, siendo su apoyo y guía firme en su camino hacia el
Gólgota. Tal y como nos cuenta en su Evangelio, "El que no
ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor" y
en esta escena queda patente que por su amor incondicional, sí que
lo conoce.
Desde un punto de vista más personal, la imagen
me transporta a aquella salida procesional en la que todo salió a
pedir de boca. Quiero transmitir mi más sincera enhorabuena tanto
a la cofradía por todo lo acontecido aquella noche y a Pedro
J. Macías por su labor para la realización de este cartel y
por su contribución al álbum de la Semana Santa de Álora de forma
desinteresada.
Antes de descubrir tan ansiado cartel, me
gustaría agradecer a los que hacen que Amor y San Juan sea una
realidad año tras año, tan solo espero que la Virgen del Amor os
siga dando fuerzas, ánimo y valor en vuestra admirable tarea. Por
otro lado, también quiero agradecer a mi familia, mi pareja y a mi
hija, Jimena. Sois mi fuente de inspiración.
Pasito corto a la derecha,
vamos a los brazos,
los de atrás
id saliendo con cuidado, que suene el himno.
A los hombros señores, que es Jueves Santo
y tenemos el alma en pie,
que a la Virgen del Amor y a San Juan en la calle ya quieren
ver.
¡Viva San Juan! ¡Viva la
Virgen del Amor!
A continuación, para descubrir el esperado
cartel anunciador de nuestra cofradía para la próxima Semana Santa
y finalizar este acto, me gustaría contar con la presencia de su
autor, Pedro J. Macías.
Muchas gracias y buenas noches.
Presentación cartel hermandad 2023
El latido de nuestros corazones se acelera
anunciando la llegada.
Las vísperas se acaban y nuestros Sagrados Titulares están por
salir.
Ya se vislumbran saetas, estandartes, palios, nazarenos, velas,
bandas…
Porque el tiempo apremia y una nueva Semana Santa ya la tenemos
aquí.
Señor Cura-Párroco; Señor Alcalde;
Señor Juez de Paz; miembros de la corporación Municipal de Álora;
Hermano Mayor de Amor y San Juan; Hermanos Mayores de las
distintas Hermandades de Pasión y Gloria; Hermanos y Amigos todos.
Buenas tardes!!!
Antes de nada me gustaría agradecer, públicamente, a
toda la Junta de Gobierno de “Amor y San Juan” la confianza
depositada en mí para este acto de tanta importancia.
A mi familia por el apoyo constante, por saber
levantarme e insuflarme ánimos en los momentos en los que pensaba
que no iba a ser capaz de terminarlo.
A mi antecesor, Jesús Mora Ávila “Chuchi” para los
amigos… por sus palabras hacia mi persona. Siento que son un tanto
desmesuradas.
A mis amigos, y demás conocidos, que durante este tiempo
me han animado y transmitido sus mejores deseos.
Y a todos los presentes por estar esta tarde aquí.
¿Qué hago aquí? ¿Qué digo yo?... Seguramente muchos os
lo estaréis preguntando, aunque no son ustedes sólo, yo también
pienso lo mismo. De hecho, estas son varias de las muchas dudas
que le puse a Francisco Martos (Hermano Mayor) cuando, a principio
del pasado mes de noviembre, habló conmigo para ofrecerme esta
preciosa, y a la vez inquietante encomienda. Pero como te dije, no
podía negarme ante el honor tan grande que se me ofrecía desde una
Hermandad a la que aprecio y admiro, a partes iguales.
Cuatro meses después estamos aquí y sigo teniendo las
mismas dudas, o más aún si cabe, al recordar las maravillosas
presentaciones que han ido realizando algunas de las personas que
me precedieron en este atril. Espero no defraudaros y seguir
dejando el pabellón todo lo alto que ellos ya lo tienen.
En esta que presento hoy, me gustaría recrear (a mi
manera) la forma en la que los pequeños que un día fuimos,
sentimos y vivimos nuestras Hermandades de la mano de nuestros
Sagrados Titulares.
Una mañana tranquila, en un radiante día de primavera,
un joven niño curioso despertó ansioso por vivir aquello por lo
que llevaba esperando muchísimo tiempo. Nada más echar los pies de
la cama pidió a su mamá que lo llevase a ver como su Titular iba
siendo engalanado para celebrar la estación de penitencia.
Mientras avanzaba por sus calles, sus nervios iban
creciendo de manera considerable y, a cada paso que daba, su
impaciencia se iba haciendo latente… más aún, a medida que iba
sintiendo el bullicio de los vecinos, el trasiego de visitantes o
los vaivenes de gente que se afanaban por tenerlo todo a la
perfección para que, esa noche, nada quedase a la improvisación.
Al traspasar el portón de su Templo, le embriagaba un
aroma a lirios, nardos y claveles que quedó marcado en lo más
profundo de su sentido para siempre… y, tras dar una ojeada de
nerviosismo a todo lo que le rodeaba, y visitar el altar del
Santísimo Sacramento (tal y como le habían enseñado en casa y no
paraba de recordarle su catequista), se dirigió a contemplar su
imagen más venerada y, arrodillándose, con gran fervor, la
contempló durante un buen rato con sus ojos llenos de lágrimas y
su cuerpo tembloroso.
Aquella misma noche, tras enfundarse su túnica y al
ver salir el trono a los sones de la marcha nacional, un
escalofrío recorrió todo su cuerpo sabedor de que, todo lo que
había esperado, se estaba haciendo realidad y que, por primera
vez, sería participe de todo…
Desde entonces, y junto a la voluntad de sus padres, se
inscribió en la Hermandad, en la que no dejó de colaborar en todo
lo que era necesario. Fue participando con los diferentes enseres
que, a medida que crecía, cada vez iban siendo más voluminosos y
pesados. Aquel niño inquieto se hacía mayor, no sólo de edad, sino
que iba creciendo en espiritualidad y fe hacia nuestro Señor
Jesucristo, al que no dudó en seguirlo ni un instante.
No dudó en cambiar su capirote por la faraona, para
pasar de portar enseres o velas, a dar un gran paso y poder
meterse bajo el trono. Llegado el momento, este joven pasó a
ocupar cargos dentro de su hermandad para, junto a otros hermanos
de la misma, dirigir el camino por el que seguir avanzando.
Como hemos podido comprobar, el camino de este joven no
es muy distinto al de cualquier otro perote amante de nuestra
Semana Santa, de nuestras tradiciones y nuestras muestras de fe.
O, díganme: ¿Quién, de los aquí presentes en el día de hoy, no ha
crecido viviendo este mismo camino o similar? ¿Quién no ha crecido
esperando la entrada de las bandas, preludio del momento culmen de
cada Titular? ¿Quién no ha crecido jugando a formar bolas gigantes
con la cera de las velas? ¿Quién no ha crecido jugando a las
Semana Santa con tronos de caja (madera o cartón) en la que la
imagen que se paseaba podía ser un San Pancracio de los que
habitaba en muchos hogares o la estampa de la imagen que más nos
llamaba la atención; tambores de cubos, amarrados con un trozo de
cuerda y flores cogidas del primer campo que encontrábamos? ¿Quién
no añora las familias reunidas a la mesa cada Viernes Santo (tras
la muerte de Jesús) a degustar los manjares de nuestras abuelas y
las charlas cofrades entre familiares? En fin, podríamos estar
haciéndonos preguntas toda la tarde y no acabaríamos de recordar
cómo fue nuestro crecimiento en el mundo de las Hermandades porque
sin darnos cuenta, como todo en la época de la niñez, nuestras
Semanas Santas eran las mejores, sin dudarlo.
Vivíamos ansiosos por crecer, a veces, con el mero deseo
de ser protagonistas en nuestras Juntas de Gobiernos y poder tomar
decisiones importantes para ella. Y ahora nos damos cuenta que
fue, en aquellos momentos, cuando verdaderamente éramos
importantes… y lo éramos por la simple y sencilla razón de que
disfrutábamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de la
manera más pura y limpia que la podíamos disfrutar. Por ello,
queridos hermanos-cofrades, comportándonos como adultos, no
dejemos de vivir nunca nuestra semana mayor sin perder ese punto
de inmadurez, porque no hay mejor manera de acercarse a nuestras
hermandades que desde la inocencia de la niñez; quizás, a veces de
forma irreverente por falta de información pero con naturalidad,
respeto y confianza, para pasar del juego a lo serio, sin perder
nunca lo normal y natural. Querer y respetar todo ello hacen que
tengan el valor no por lo material, sino por lo que significa.
Ahora nos toca a los mayores realizar esta tarea con los
pequeños, saber acercarlos hasta nuestras hermandades dándoles
naturalidad y cercanía para que se familiaricen con ellas, dando
las explicaciones necesarias con grandes dosis de paciencia y
cariño.
Estoy seguro que más de uno, y más de
dos, se han sentido identificados con la trayectoria de este
zagal y, por ello, me atrevería a decir que podría ser el joven
de cualquier Hermandad.
Pero, como no podía ser de otra forma en el día de
hoy, este joven pertenecía a la Hermandad de “Amor y San Juan”
porque, aparte de ser la que más le atraía, siempre le quedó
marcada, a fuego, la lealtad que iba percibiendo a medida que
crecía.
Juan era hijo de Zebedeo y de Salome y hermano del
apóstol Santiago, con quien desempeñaba la labor de pescador.
Frecuentaba el círculo de discípulos de Jesús y fue, junto a su
hermano, uno de los primeros apóstoles. Los dos, junto con
Pedro, constituían el núcleo más íntimo del maestro, pues él
quiso que los tres estuviesen en el momento de su
transfiguración, así como en su agonía en el monte de los
olivos. Al partir al reino de los cielos, Jesús les encomendó, a
sus tres amigos, sus más preciados tesoros, de los cuales a
nuestro protagonista le confió a quien más quería, a su madre.
Juan fue también uno de los doce que estuvo en el calvario, al
pie de la cruz, de la mano de María, y fue en ese preciso
momento cuando Jesús le entrega a su progenitora.
“Mujer, he ahí a tu hijo”, murmuró Jesús a su madre desde la
cruz.
“he ahí a tu madre”, le dijo a Juan.
Solo a él le fue dado el privilegio de llevar
físicamente a María a su propia casa, como una verdadera madre,
para honrarla y servirla en persona, de ahí la cita: “la recibió
en su casa, la cuidó y la honró como si fuera su propia madre”.
Juan acompañó a María durante los últimos momentos de
la pasión de Cristo, haciendo también suyo el dolor de una madre
que ve a su hijo entregar su vida por la de todos nosotros.
Cuando llegó la noticia del sepulcro vacío, Juan y su hermano
Pedro corrieron hacia él para dar testimonio de ello. Es ahí
donde los dos “vieron y creyeron”.
Jesús elige a Juan para que acompañe a Pedro a
preparar la última cena en aquella noche previa a su pasión y
muerte en la que Cristo instituyó la eucaristía estando reunido
junto a los apóstoles. Al comenzar Jesús con sus padecimientos
cita el Evangelio que, Juan, compadecido ante la angustia de
Jesús, reclinó la cabeza sobre su pecho en algunos de los
momentos, como uno más de los gestos, de bondad y admiración, de
los muchos que le mostró.
Escribió el Apocalipsis, tres Epístolas y el Evangelio
de San Juan, donde se refiere a sí mismo como “el discípulo a
quien Jesús amaba”. Era el más joven de todos y se dice que es
el único de los doce que no murió martirizado, Juan murió,
pacíficamente, a los 94 años de edad, hacia el año cien de la
era cristiana, en Efeso.
Estos mismos signos de lealtad y bondad, que este
joven notaba del apóstol a medida que iba avanzando en su
crecimiento de fe, son los mismos que percibía en su hermandad
de Amor y San Juan, una hermandad humilde que año tras año y con
el tesón, sacrificio y buen hacer de cada uno de sus hermanos
van escribiendo páginas doradas en la semana santa perota,
llevando a gala el principal objetivo de lo que debemos ser los
cofrades y que no es otro que el de una gran Familia.
A continuación pasamos al tema principal que nos reúne
a todos aquí hoy.
El cartel que a continuación vamos a descubrir es obra
de Fernando Wilson Ruíz, artista consagrado en el mundo de la
cartelería, quien naciera en Málaga, en el año 1962.
Entre sus diversas titulaciones, es Graduado en Arte y
Oficios Aplicados, en la especialidad de Talla en Madera;
Graduado en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga, en la
especialidad de Diseño Publicitario; Y posee el Título de
Maestría Industrial.
Trabaja en el ayuntamiento de Málaga, en el área de
festejos, y es la persona encargada de todos los carteles
publicitarios, diseños gráficos y todo lo relacionado con
publicitación y organización de eventos de nuestra Ciudad,
tales como: Carnavales, Semana Santa, Ferias, Festivales
Flamencos, Cabalgatas o cualquier otro acto que sea necesario
realizar.
Tiene una gran vinculación a nuestro pueblo, debido a
sus lazos matrimoniales, y eso ya le ha llevado a dejar varias
improntas en nuestro municipio, anteriores a la del día de hoy,
como son:
-Cartel anunciador de la Virgen de Flores, en 2021.
-Cartel anunciador de la salida procesional de Amor y San Juan,
en 2010.
Además de estos trabajos para nuestra localidad, en su
página web podrán observar que posee infinidad de premios y
reconocimientos, de manera continuada, desde hace más de tres
décadas. Les invito a que echen una ojeada y comprobarán, de
primera mano, el extenso currículum de este gran artista.
En la obra de hoy, el autor nos trae un trabajo
realizado con la técnica digital, que es una mezcla entre
fotografía, collage y pintura.
Pocas advocaciones más bonitas habrá que la del Amor,
base fundamental de nuestra religión y de nuestro mundo, puesto
que el amor lo impregna todo. En el cartel queda plasmada la
belleza de la Virgen, a la vez que se refleja la amargura en las
lágrimas, sin consuelo, que recorren el rostro de una madre que
ha visto como su hijo es crucificado, o la posición significante
de sus manos abiertas que intentan recoger a su hijo y así poder
evitarle el sufrimiento que está padeciendo.
La tipología de letra escogida es sencilla, clara y
directa, con un tamaño llamativo que transmite un mensaje
conciso AMOR Y SAN JUAN
Todo el montaje, realizado sobre un fondo rojo que,
como ya sabremos la mayoría de los aquí presentes, representan
la Pasión y la Sangre de Cristo.
En resumen, otra obra de arte que nuestro artista suma
a su ya dilatada trayectoria.
Para descubrirlo, pido la presencia del Hermano Mayor
y del autor de dicha obra, el sr Wilson.
Y una vez llegados a este momento, me
gustaría hacer varias reflexiones en voz alta:
¿Qué es la Cuaresma para los
cristianos?
La cuaresma es el tiempo litúrgico que los cristianos
dedicamos a la conversión, el arrepentimiento y la reconciliación
Damos el pistoletazo de salida a nuestro recorrido con
el Miércoles de Ceniza. La ceniza, representa la destrucción de
los errores del año anterior al ser estos quemados. Nos imponemos
la ceniza como señal de arrepentimiento y es lo que nos dice a
cada uno el Sacerdote: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
Una vez preparados, iniciamos con alegría, los días que
quedan hasta llegar a la meta, que todos deberíamos tener claro
que llega con la Resurrección del Señor, base de nuestra Fe.
¿Para qué estamos aquí hoy?
Unos pensarán o comentarán con el de al lado: porque me
han invitado; otros: porque me gusta o para oír a alguien que dice
cosas más o menos bonitas; para cumplir con alguna tradición
típica de este tiempo, como son las presentaciones de carteles y
después, al salir, comentar… ¡Qué bonito! ¡Qué tostón! ¡Qué largo!
¡Qué corto! O infinidades de comentarios.
Pero, la mayoría de los presentes, creo que estamos aquí
porque tenemos la oportunidad de acercar a Jesús y a su madre
María a nuestras almas, a nuestras familias, a nuestros amigos y
decir fuerte y muy alto que se acerca la Semana Santa, y por ello
debemos estar contentos.
Para eso estamos aquí, para coger fuerzas y mostrar
nuestras creencias y tradiciones.
¿Qué importancia tiene en nuestras vidas la Semana Santa
y las Hermandades?
La importancia de las Hermandades y del tiempo de Semana
Santa, para los creyentes, es mayor de la que podemos imaginar.
Tenemos la inmensa fortuna de sacar a nuestros Titulares a la
calle para que todos conozcan, a través de las procesiones, la
Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
No podemos olvidar que son verdaderas catequesis andantes, y sobre
este punto deben prevalecer nuestros sentimientos.
Seamos luz para los demás, como las filas de penitentes
o nazarenos que iluminan a nuestros Titulares. Usemos los
altavoces que tenemos a nuestro alcance para proclamar la grandeza
de Dios, todos los días del año. Sirvamos y entreguémonos a aquel
que más nos necesita y estemos cerca del que sufre enfermedad,
desamparo o necesidad. Intentemos ser nazarenos todo el año.
Queridos Hermanos, un año más, se
acerca la primavera y con ella nuestra semana más ansiada. Los
cofrades, o como a mí me gusta llamarnos (los jartibles) ya
llevamos varias de preparativos, limpiezas, tallaje de portadores,
reuniones, presentaciones de carteles y miles de cosas más que, yo
creo que, nosotros mismos nos las inventamos para así hacer la
espera lo más llevadera posible.
Pronto viviremos una nueva semana de pasión. Esta vez, y
si nada lo remedia, volveremos a la normalidad a la que siempre
estuvimos acostumbrados, sin restricciones de ningún tipo.
El próximo Jueves Santo la Hermandad
de Amor y San Juan volverá a realizar su estación de penitencia y
los hermanos de otras hermandades quedaremos prendados por el paso
firme y sereno, con el que sus portadores van llevando a la madre,
que sigue los pasos del sufrimiento de su hijo, ante el
incondicional apoyo del discípulo amado, el cual ira señalando el
camino… el mismo camino que, desde aquí, os animo a que sigáis
manteniendo todos los hermanos de esta hermandad, por el bien
propio y el de toda la Semana Santa de Álora.
Y ya, para terminar, me van a permitir que haga un
inciso para pedir a Nuestra Madre la Virgen María, en la
advocación de Ánimas, que nos conceda a todos una feliz Semana
Santa.
¡Viva San Juan! Y ¡Viva la Virgen del Amor!
Muchas gracias y buenas tardes.
Pregón 2023
XXIX EXALTACIÓN
A LA SEMANA SANTA y A LA MANTILLA ESPAÑOLA


Señoras y Señores
Autoridades de los Ayuntamientos de Málaga y de Álora
Miembros de ambas Corporaciones Municipales
Sr Presidente, componentes de la junta directiva y socios de La
Casa de Álora – Gibralfaro
Componentes de otras peñas locales
Representantes de las distintas Hermandades y Cofradías
Amigos todos, buenas noches
Dentro de las diversas actividades programadas por la Casa de
Álora – Gibralfaro, se encuentra la presentación de la vigésima
novena Exaltación a La Semana Santa y a La Mantilla Española por
parte de las Cofradías de Álora, que corresponde realizarla en
esta ocasión a La Hermandad de María Santísima del Amor y San
Juan Evangelista. Como vocal de Protocolo y Relaciones Externas
de esta hermandad, asumo la decisión que su Junta de Gobierno me
propusiera hacerla, con la satisfacción, el respeto y la
responsabilidad que el tema merece.
La hago, siendo consciente del elevado nivel de las
presentaciones realizadas anteriormente por otros pregoneros.
Y, curiosamente, al ser esta la presentación número 29, cuando
desde hoy día 4 de Marzo, primer sábado de Cuaresma, quedan
también 29 días para que comience la Semana Santa.
Soy un enamorado de la Semana Santa. Nací en Málaga en el Barrio
de la Victoria, barrio de una profunda tradición cofrade. La
Iglesia de La Victoria, hoy Santuario de la Patrona, la pequeña
Iglesia de San Lázaro, la Capilla del Agua y la Ermita del Monte
Calvario, eran y son, el epicentro de procesiones tradicionales
como El Cristo del Amor, El Rocío, El Rescate y El Calvario, que
marcan año tras año, el fervor popular de los victorianos.
Muestra de ello, lo recuerdo como si fuera hoy, cuando la
Hermandad de La Sagrada Cena, entonces con su sede en La
iglesia de La Victoria, regresaba a su encierro por el Compás de
La Victoria con el pesado trono portado por unos hombres de
trono muy cansados y pareciendo no llegar nunca a su destino,
tenía que ser ayudado por los propios vecinos del barrio para
poder cumplir con el horario previsto.
Igualmente, recuerdo en mi época de estudiante haber sacado
durante 4 años el trono del Cristo de la Agonía de la Cofradía
de Las Penas que me hizo vivir “desde dentro” momentos
inolvidables. Eran otros tiempos, cuando los tronos estaban
hechos con materiales más compactos y varales de madera y la
marcha al paso sólo la marcaba el sonido de un tambor.
Transportar esa pesada carga durante interminables horas y en un
itinerario, a veces, poco adecuado y con algunas calles con piso
irregular, era todo un reto. Sin embargo, aún no se había
finalizado el recorrido cuando ya se pensaba en el año
siguiente.
Con el paso de los años y estando ya jubilado, disfruto ahora de
esta excepcional Semana Santa malagueña desde otra perspectiva
mucho más relajada en mis sillas en calle Larios y en compañía
de familiares y amigos, algunos muy eruditos, que conocen al
detalle los aspectos más relevantes de cada una de las
cofradías. Contemplar en ese marco el desfile de las 45
cofradías que hasta el día de hoy están integradas en la
Agrupación de Cofradías, es un hecho único y difícil de valorar.
El paso de las procesiones portando sus sagrados titulares van
mostrando y transmitiendo día a día, toda la pasión de Cristo.
Desde su entrada triunfante en Jerusalén, hasta su condena, su
cruxifixión, su muerte y su resurrección. Las cofradías con sus
tronos, expresan pasajes de esa pasión. Cada una lo refleja a
su manera, según la visión de los imagineros que intentan
transmitir a los que las contemplan que se introduzcan en las
escenas que representan.
Describir el ambiente en Málaga en esos días no es fácil, Todo
es bullicio, devoción, fervor, visita a los templos y casas de
hermandad donde pueden contemplarse antes de su puesta en escena
la grandiosidad de los tronos y la majestuosidad de sus
imágenes. Es una combinación de alegría, suntuosidad y respeto
donde la ciudad se transforma completamente y que se vive en
cada calle, en cada barrio y en cualquier esquina. En
definitiva, ¡Una forma de sentir!
Personalmente, pienso que en estos días se valoran aún más los
sentidos que Dios nos regaló a los hombres:
- La vista. Para
poder admirar el discurrir por las calles de esos pesados tronos
con sus imágenes que con un enorme esfuerzo pasean los hombres
de trono desde su salida hasta su encierro. Para ver a los
nazarenos, la correcta organización de las procesiones de
acuerdo con los protocolos establecidos; y la entrada y salida a
la catedral de aquellos tronos que por sus dimensiones pueden
hacerlo para realizar su estación de penitencia.
- El Oído. El sonar
de las bandas de cornetas y tambores, de las bandas de música,
los himnos de las hermandades, el especial tono de las
bambalinas de los varales de palio, el toque de campana de los
tronos, las campanillas de los capataces y el cantar de las
saetas.
- El Olfato. El olor
a azahar en las calles y especialmente en el patio de los
naranjos de la Catedral, el olor de las flores con que se
decoran los tronos: los claveles, las rosas, los jacintos, por
citar a algunas, y los más destacables: El del incienso, el del
romero y el de la cera de las velas.
- El Gusto. El
saborear los limones “cascarúos” típicos de nuestra ciudad que
se encuentran en los puestos en las calles y, sobre todo, la
tradición de hacerlo el Viernes Santo durante la subida al monte
Calvario.
- El Tacto. El toque
mágico que supone poder tocar en las casas de hermandad los
varales de los tronos, los flecos de los mantos de las Vírgenes,
y cualquier otro enser permitido que parece transmitir al que lo
hace, la sensación de ser parte del conjunto.
Con los traslados ya se empieza a saborear que
la semana de pasión está cerca. Es el anticipo de los desfiles
procesionales oficiales.
No puedo evitar que mis pensamientos se trasladen también al
pasado cuando los tronos se montaban en los llamados “tinglaos”
que estaban situados en las calles cercanas a las iglesias. Se
trataba de un conjunto de andamios y lonas que tenían la doble
finalidad de garantizar las maniobras de los tronos que por sus
grandes dimensiones no podían salir por las puertas de las
iglesias y de protegerlos de las inclemencias del tiempo. Era
entonces muy usual el visitarlos y comprobar la evolución de los
montajes.
Obviamente, todo era muy rudimentario y que no correspondía a la
salvaguardia de las imágenes ni la de los tronos.
A través de los años, se han ido imponiendo nuevos criterios por
parte de las cofradías sobre la manera de concebir las procesiones
y, sobre todo, el velar por su patrimonio. Las actuales Casa de
Hermandad han supuesto una auténtica revolución en el mundo
cofrade. Los traslados de las imágenes desde las iglesias hasta
las Casas de Hermandad son la prueba más significativa.
El origen de la Semana Santa de Málaga se remonta al siglo XV
cuando la ciudad fue tomada por los Reyes Católicos, concretamente
en el año 1487, con un impulso importante a partir del Concilio de
Trento en el siglo XVI, pero sufriendo serias vicisitudes durante
la Guerra de la Independencia en el siglo XIX, así como en siglo
XX con motivo de la Segunda República y de la Guerra Civil
Española, desde 1931 hasta 1939 donde el patrimonio compuesto por
imágenes y enseres de incalculable valor fue literalmente
destruido por el asalto y la quema de las iglesias. Las iglesias
de Santo Domingo, San Felipe Neri y La Merced fueron parcialmente
destruidas. Algunas imágenes lograron salvarse al ser escondidas
por algunos hermanos y feligreses.
Con el esfuerzo, la tenacidad de la Cofradías y su Agrupación
fundada en 1921 y las ayudas económicas de hermanos y otros
organismos, comenzó la reconstrucción patrimonial con la
participación de imagineros de gran prestigio como Mariano
Benlliure, Francisco Buiza, Castillo Lastrucci, por citar a
algunos de ellos, y los malagueños Palma Burgos, Navas Parejo,
Pérez Hidalgo y Pedro Moreira.
Declarada de Interés Turístico Internacional desde el año 1980.
Como he comentado antes, en Málaga capital hay 45 Cofradías. Sería
muy minucioso enumerarlas a todas, por lo que pido disculpas por
ello, pero quiero enfatizar que cada una de ellas, son
inigualables. Los malagueños conocemos muy bien los programas
diarios. Haré, no obstante, una pequeña reseña desde el Domingo de
Ramos hasta el Domingo de Resurrección nombrando a las que marcan
el comienzo y el final de cada día:
Polliníca y Prendimiento; Cruxifixión y Estudiantes; Rocío y La
Estrella; Mediadora y Expiración; La Cena y La Esperanza; El
Calvario y los Servitas; y el Cristo Resucitado. Y una mención
especial a la hermandad de la Vera Cruz por ser la más antigua de
Málaga, fundada en el año 1503.
Deseo resaltar a continuación algunas escenas y acontecimientos
muy usuales que ponen su sello de identidad a la Semana Santa
malagueña:
. La procesión de la Pollinica, el Domingo de Ramos con sus
pequeños cofrades portando las palmas que llena de colorido la
mañana de ese día y que señala el inicio de nuestra semana mayor.
. La salida del Cautivo, el Lunes Santo, que aglutina a miles de
personas durante todo su recorrido, con ese movimiento único de su
túnica blanca. La peculiar forma de los penitentes de acompañar al
Cristo de los Gitanos. La interpretación del Gadeamus Igitur por
la banda de música de Los Estudiantes.
. El encierro de la Virgen del Rocío del Martes Santo, que arranca
lágrimas y pasión. Sin olvidar a la Virgen de Las Penas con su
exclusivo manto de flores elaborado por jardineros municipales.
. El sobrio desfile del Cristo de la Expiración del Miércoles
Santo acompañado por el cuerpo de la Guardia Civil; la liberación
de un preso por Jesús El Rico y la suelta de palomas al paso de la
Virgen de La Paloma, hermanada con el Ayuntamiento de Madrid y con
la Virgen del mismo nombre.
. La espectacular guardia y el cambio de la misma por parte de la
Legión a su Cristo de La Buena Muerte, Cristo de Mena, en su casa
de hermandad, llena de fe, respeto y disciplina de los caballeros
legionarios y la ceremonia del traslado al trono el Jueves Santo.
La leyenda de la Virgen de Zamarrilla y el alfombrado de romero
de calle Larios, previo al desfile de La Virgen de La Esperanza.
. El impresionante silencio cuando desfila la cofradía del Santo
Sepulcro en el Viernes Santo y, a continuación, la Virgen de Los
Servitas con las luces de las calles apagadas.
. La alegría de celebrar que Cristo ha resucitado, en la procesión
del Domingo de Resurrección.
Y un sinfín de detalles más como por ejemplo, ver a la chavalería
tratando de hacer bolas con la cera fundida de las velas de los
penitentes como un pequeño recuerdo.
Me gustaría cerrar estos comentarios sobre Málaga y su Semana
Santa, haciendo una exaltación a dos imágenes, una del Señor y
otra de La Virgen, como una muestra inequívoca y significativa del
sentir popular malagueño:
Jesús Cautivo. El Señor de Málaga
La Virgen del Rocío. La novia de Málaga
Del libro denominado “Málaga huele a Jazmín
entre Cirios y Saetas” de Antonio Chacón Méndez, he escogido
algunas estrofas de algunos de sus versos:
Lunes Santo malagueño
con aroma de azahar,
y ese lucero que sale
del barrio la Trinidad.
Más no sólo la Trinidad
ni el Perchel o Capuchinos,
es Málaga, Málaga en pie la que
grita:
¡Viva Jesús el Cautivo!
O estas otras dedicadas a la Virgen
Ni la nieve en la
montaña,
ni las espumas del río
no le ganan en belleza,
a la Virgen del Rocío
¿Dígame usted lo que pasa?
¿por qué tanto griterío?
¡Mire, mire usted qué maravilla!
¡Es la Virgen del Rocío!
Y qué decir de Álora?
Estoy vinculado allí y a su Semana Santa por estar casado con una
“perota” hermana de mi cuñado Juan Martos, que fue uno de los
fundadores de Amor y San Juan junto con Alfonso Pérez Almodóvar,
ambos fallecidos, y Antonio Calderón como principal fundador y
baluarte y aún activo, ojalá por muchos años.
Mi sobrino, Francisco Martos, es el actual Hermano Mayor que ha
tomado el testigo de Mari Gracia Calderón. Ambos, con su trabajo,
su dedicación y su ilusión son dignos sucesores de los fundadores.
Nuestra cofradía inició su andadura en el año 1974. No obstante,
hay que remontarse a la década de los años 40 cuando se dispone de
la primera imagen de San Juan Evangelista tallada por el escultor
granadino Nicolás Prados López. Durante este tiempo e impulsados
por su fe, los fundadores decidieron la restauración de la imagen,
la creación de la Cofradía San Juan Evangelista, de sus Estatutos
y de su salida en procesión durante la Semana Santa.
El constante deseo de mejora a lo largo de los años, se
materializó en la idea de incorporar una nueva imagen a la
hermandad y era obvio que la imagen de San Juan Evangelista fuera
acompañada por otra de la Virgen. Todas estas circunstancias, se
fraguaron desde que en los desfiles procesionales de los años 1996
y 1997, el trono iba presidido de manera eventual por las imágenes
de San Juan Evangelista y la Virgen del Carmen, mientras ya se
trabajaba en la talla de la nueva Virgen.
En el año 1998, se procedió a la bendición de esa nueva imagen con
el nombre de María Santísima del Amor. Además se lograba un
conjunto armonioso con las imágenes de la nueva Virgen y San Juan
Evangelista, junto con una cruz arbórea de la que cuelga una banda
de color blanco.
A partir de entonces, la hermandad pasó a denominarse Cofradía de
María Santísima del Amor y San Juan Evangelista, llamándosele
habitualmente Amor y San Juan y se consolidó la vestimenta de los
nazarenos con túnicas de color verde y los hombres de trono
equipados con túnicas del mismo color y faraonas rojas cubriendo
sus rostros. De ahí, los colores que predominan en el escenario de
esta presentación.
Por otra parte, el trono iba remodelándose cada vez más y
mejorando en calidad y esplendor gracias a la colaboración de
renombrados tallistas y estilistas que crearon, finalmente, una
obra de gran valor escultórico. Tallado en madera, de color dorado
y rematado por seis figuras de ángeles, los cuatro de las esquinas
a modo de arbotantes.
La culminación de todo este ciclo de mejoras se hizo realidad el
pasado año 2019 con una nueva restauración de la imagen de San
Juan y la creación de una nueva imagen de la Virgen debido al
importante deterioro causado por los años.
Ambas intervenciones fueron realizadas en el taller de Israel
Cornejo, uno de los escultores malagueños de mayor prestigio. Las
nuevas imágenes salieron en procesión en ese mismo año, después de
su presentación y bendición en nuestra iglesia por el anterior
párroco Don Juan de Jesús Báez.
Veamos ahora un vídeo de Amor y San Juan realizado por Felipe y
David Aranda preparado especialmente para esta presentación y con
el himno de la cofradía como música de fondo. A ellos nuestro
agradecimiento.
Cada Semana Santa, mientras la salud me lo permita, tengo una cita
en Álora el Jueves Santo:
¡Salir con mi Cofradía de Amor y San Juan!
Lo vengo haciendo durante muchísimos años acompañado de otros
miembros de la junta de gobierno, representantes de la corporación
municipal y de otras cofradías. También agradecer al anterior
Alcalde de Álora, José Sánchez--Epi y al actual, Francisco
Martínez, la oportunidad que he tenido de realizar juntos algunos
de nuestros desfiles.
Esta extraordinaria Semana Santa, la expreso de esta manera:
El Domingo, Pollinica y la Columna y el Huerto
El Martes, la Santa Misa y el traslado de Estudiantes
El Miércoles, Santo Vía Crucis
Y El Jueves cuando atardece,
procesiona El Nazareno, Los Estudiantes y Dolores
Desfila Amor y San Juan
Con su trono y con su gente.
Y El Viernes, La Despedía,
y en la noche, La Piedad
Las Ánimas, El Santo Entierro
y Virgen de Soledad.
El Domingo Eucarístía,
y ver al Resucitado
que nos transmite Alegría.
La Semana Santa de Álora, declarada Fiesta de Interés Turístico
desde el año 2003, tiene un enorme prestigio en toda Andalucía.
Durante estos días, Álora es visitada por miles de personas
foráneas y de toda España sabedoras del extraordinario ambiente,
del fervor popular, de la belleza de sus tronos, algunos de ellos
diseñados y realizados en talleres locales, así como de la calidad
de las imágenes talladas por prestigiosos autores, entre otros,
como Pérez Hidalgo, Hermanos Casermeiro, Cristóbal Martos y
Navas-Parejo, nacido en Álora. El transcurrir nocturno de las
procesiones por sus calles angostas y empinadas desde el Castillo
Árabe, la Plaza Baja, La Veracruz, hasta La Fuente Arriba y la
Plaza de Santa Ana, y retorno, las convierten en un reto
especialmente duro para los hombres de trono y, en general, para
todos los cofrades.
Todo ello es el resultado de un permanente y continuo trabajo
durante todo el año por parte de las cofradías locales y el apoyo
de un pueblo fiel a sus tradiciones.
También quiero aquí resaltar algunos momentos que vienen a mi
mente, entre otros muchos, igual de emotivos:
. La enorme vida de la juventud en la procesión de la Pollinica y
la bajada del Huerto desde el Calvario el Domingo de Ramos.
. El traslado del Cristo Crucificado de Estudiantes desde la
Iglesia de la Encarnación hasta el Castillo de las Torres el
Martes Santo.
. El cantar de las saetas desde el balcón del Ayuntamiento en la
Fuente Arriba a las imágenes de las procesiones del Jueves Santo,
el respetuoso saludo de nuestro trono a la Virgen de la Piedad a
su paso por la iglesia de La Veracruz y la espectacular despedida
de los tronos de La Virgen de los Dolores y de Amor y San Juan en
la Plaza Baja, previo a sus encierros.
. La impresionante bajada desde el Castillo de las Torres de la
Virgen de las Ánimas por la calle Ancha con cientos de penitentes
con sus velas encendidas, el Viernes Santo.
Y la más significativa, la ceremonia que se realiza el Viernes
Santo en la Plaza Baja y que en el argot perote se denomina ”La
Despedía”, difícil de explicar a quien no la haya visto nunca como
me consta que es el caso de algunas personas en esta sala. Hay
que verla en vivo y en directo. Por su nombre, se deduce que es la
despedida entre una Madre Dolorosa que dice adiós a su Hijo que va
a morir en la cruz en el monte Calvario y cuyas imágenes se
separan hasta el año siguiente. Los portadores de ambos tronos,
María Santísima de los Dolores Coronada y Nuestro Padre Jesús
Nazareno de las Torres, que los han llevado durante el recorrido
oficial, los colocan frente a frente, cara a cara, quedando sólo
ocho personas por trono, cuatro en la parte delantera y otros
cuatro en la trasera que a la orden de un capataz/jefe de
ceremonia, realizan tres genuflexiones con gran esfuerzo y mayor
devoción. Es sin duda, una maniobra de habilidad y destreza no
exenta de riesgos y que representa el sentir de un pueblo en este
episodio de la pasión. El acto finaliza con la retirada del trono
de Jesús Nazareno por la calle Ancha hacia Las Torres y el de la
Virgen a su sede en la Iglesia de la Encarnación. Esta ceremonia
se realizó por primera vez en el año 1860.
Los visitantes suelen aprovechar su estancia en el municipio en
Semana Santa para contemplar también los templos locales más
significativos: La Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, su
monumento por excelencia junto al castillo árabe. Situada en la
Plaza Baja, actualmente denominada plaza de la Despedía y
considerada una de las iglesias más grande de la Diócesis de
Málaga; la Iglesia de la Veracruz, la Capilla de las Torres y la
Ermita del Calvario. Pero, Álora no es sólo una visita, Álora es
historia, es cultura y como dice el slogan: ¡Llena de Vida!
Estamos en Jueves Santo, la procesión avanza lentamente, los
nazarenos pasan portando sus velas y la gente espera impaciente la
llegada del primer trono. De repente, van apareciendo siluetas de
mujeres elegantemente ataviadas de negro y sus cabezas cubiertas
con un largo velo de encaje sujeto con una peineta; transmiten
dolor, luto, elegancia, fervor, devoción, amor y respeto. Cada
una considera su desfile como una expresión de sí misma.
¡ Van vestidas de Mantilla !
Es la mejor manera de expresar sus sentimientos en ese día hacia
Jesús muerto en la cruz.
La Real Academia Española define La Mantilla
como:
“ Prenda de seda, blonda, lana u otro tejido, adornado a veces con
tul o encaje, que usan las mujeres para cubrirse la cabeza y los
hombros en fiestas o actos solemnes “
Y la Peineta como
“ Objeto en forma de peine convexo, de diferentes tamaños y
generalmente de Carey, concha o algún material sintético, que se
utiliza para sujetar un peinado o para adornar el pelo “
Ambos elementos configuran el conjunto típico español por
antonomasia.
La palabra Mantilla proviene del vocablo latino mantum ysu
origen es controvertido pero algunos estudiosos lo sitúan en la
cultura ibérica, en la cual las mujeres utilizaban velos y mantos,
y su función principal era la de ocultar parte del
rostro, los hombros y la cabeza. También durante la
Edad Media, las mujeres seguían usándolos de acuerdo a algunas
tendencias árabes.
A finales del siglo XVI se extendió en España la moda de usar un
manto denominado mantilla de aletas como parte de los trajes más
tradicionales de la época, pero adaptados a las características
climatológicas y sociales de cada lugar. Por ello, era frecuente
que estos mantos se confeccionaran como piezas de abrigo en zonas
frías, y más finas en lugares más cálidos respetando siempre la
calidad y la estética.
Fue en el siglo XVII cuando aparecieron las mantillas de encaje,
tal como se observar en algunas pinturas de Velázquez, como por
ejemplo “La Dama del Abanico” donde se aprecia una elegante dama
de mantilla portando guantes y rosario como complementos. Pero
hasta el siglo XVIII no se extendió su uso por las mujeres de la
corte ya que anteriormente estaba generalizada a mujeres de clase
social más baja.
A comienzos del siglo XIX la mantilla adquirió una mayor
significación como una prenda de distinción de la mujer española.
De hecho, la reina Isabel II se convirtió en su mayor baluarte,
dado su gran predilección por los encajes. Ella supo transmitir no
solo a otras mujeres de la corte, sino también a otras de elevada
posición social, lo que contribuyó en gran medida a situar a esta
prenda en un nivel distinguido que ha ido evolucionando hasta
nuestros días.
No obstante, también el uso de la mantilla estuvo afectado por
determinadas circunstancias políticas y tendencias sociales
durante el reinado de Amadeo de Saboya y su esposa María Victoria
que pretendieron introducir otras costumbres foráneas en España.
Ello dio lugar a la llamada “Conspiración de las Mantillas” donde
las mujeres madrileñas se manifestaron por las calles luciendo la
mantilla y la peineta española.
Las mujeres andaluzas no fueron ajenas a esta situación y en su
defensa y para una mayor solemnidad, decidieron limitar su uso a
determinados actos sociales y sobre todo en Semana Santa como un
signo representativo de la cultura española. A finales de los años
setenta con el resurgir de las cofradías, la mantilla empezó
nuevamente a tomar auge.
No puedo olvidarme de mencionar también la mantilla blanca al
referirme a los actos sociales, cuyo uso exclusivo corresponde a
las reinas católicas españolas en las audiencias con su Santidad
El Papa si tenemos en cuenta el protocolo establecido.
Una curiosa historia cuenta que una costurera andaluza muy guapa,
se entretenía en coser y repasar con una aguja con hebras de hilo
teñidas en negro intenso por entre las mallas de un tejido espeso,
formando así una especie de tul bordado.
Finalizada su tarea y sin tener muy claras sus ideas sobre el
destino final de esa prenda, decidió colocarla sobre un maniquí
de mujer que tenía en su casa.
Tras hacer muchas pruebas, la amoldó a la cabeza de tal manera que
la fijó a la frente dejándola caer por detrás del cabello como si
la cara quedara encerrada en un marco, mientras que el resto del
bordado caía en graciosas ondulaciones por el seno y la espalda,
ciñendo el talle y resaltando las pronunciadas formas del maniquí.
Cuando observó el extraordinario resultado de esa composición, de
muy buen aspecto y estética, decidió probárselo ella misma y
contemplar su figura en un espejo.
Se encontró bella y aún más guapa, al comprobar el contraste de
esa prenda con sus preciosos ojos negros y el resaltar de su
esbelto talle que referían una gran elegancia.
Así, en esta posible ficción, se dice que había nacido La
Mantilla Andaluza.
No hay mejor muestra de ello que ver la representación que nos
acompaña en este acto y a ellas me dirijo con este reconocimiento
y gratitud:
La mantilla parece
Que al rostro alegra
y a todas favorece
risueña y franca.
La morena graciosa
mantilla negra;
La encantadora rubia,
mantilla blanca.
Quiero hacer una especial mención a Pilar Aguilar Carrasquilla que
durante años acudió a la procesión de Amor y San Juan vestida de
mantilla en su silla de ruedas. Mi admiración hacia ella como un
ejemplo a seguir.
Finalmente, es obligado dar unas pinceladas sobre La Saeta,
ese cantar profundo que sale del alma de quién la ejecuta en estos
días de pasión. En la calle, desde los balcones, en las casas de
hermandad y en otros muchos lugares, bajo un respetuoso silencio,
el cantaor, cara a cara con la imagen de los tronos, establece con
ellas un diálogo a modo de oración. Transmite sus sentimientos,
expresa su fervor, suplica perdón, promete arrepentimiento, les
habla como un hijo que sufre y les acompaña en ese doloroso
caminar.
Algunos estudiosos la consideran de naturaleza árabe, como una
llamada a la oración de las mezquitas andaluzas a modo de cantos
procesionales cristianos dirigido a la gente para fomentar la
devoción, la penitencia, la piedad y la petición de alguna gracia
durante un Vía Crucis. A mediados del siglo XIX, estos cantos
empezaron a ser interpretados por el propio pueblo. Desde entonces
y hasta nuestros días, la Saeta popular, como la actual, ha ido
adquiriendo una personalidad y una identidad propia relacionada
con Andalucía y con su flamenco.
Y termino esta presentación con un verso de José Jackson Veyan que
parece expresar mi enorme deseo de contemplar y de vivir la ya
próxima semana de pasión tanto en Málaga como en Álora:
La vigilia su velo
por fin levanta,
Aumenta el sol alegre
su vivo encanto.
¡Con qué ansiedad te espero
Semana Santa!
En nombre de Amor y San Juan y en el mío propio, muchas gracias
por su atención.
Pregonero: Gabriel Ramos González
Málaga, 4 de Marzo de 2023
Casa de Alora - Gibralfaro
Presentación cartel hermandad 2022
Tú nos marcaste el camino tus palabras fueron
clave: “Madre, ahí tienes a tu Hijo, Hijo, ahí tienes a tu Madre.
De esta manera disponía tan glorioso encargo a
su discípulo más amado Jesús en su agonía.
Y en la Semana Santa de Álora es esta honorable Cofradía la que
asume con humildad y tesón ese sublime encargo, de venerar y
procesionar a San Juan y a la Virgen del Amor.
- Reverendo Cura Párroco, Ilustrísimo Señor
Alcalde de Álora, Señor Juez de Paz, Hermano Mayor y Junta de
Gobierno de la Cofradía de San Juan Evangelista y María Santísima
del Amor, miembros de la Corporación Municipal del Excelentísimo
Ayuntamiento de Álora, Hermanos Mayores de las Hermandades y
Cofradías de Pasión y Gloria de nuestro pueblo, cofrades, vecinos,
familia, amigos y amigas:
Buenas noches, bienvenidos y bienvenidas a la
presentación del cartel anunciador de la salida de la Cofradía de
San Juan Evangelista y María Santísima del Amor en la próxima
Semana Santa de Álora 2022.
En primer lugar, muchas gracias amigos Carlos
Dimas y Álvaro por las bonitas palabras que me habéis dedicado.
Junto a los demás predecesores que también han tenido el
privilegio de presentar carteles de Amor y San Juan, ya formáis
parte de la historia presente de esta gran Cofradía y podéis
sentiros felices y orgullosos por ello, al igual que esta
Hermandad de poder contar con personas como vosotros.
Yo tuve la suerte de nacer en la Plaza Baja de
Álora, en la primera casa antes de empezar a subir la calle Ancha,
que era la antigua Casa de Maestros. Aquí vivió mi familia durante
diez años. De esa etapa poco puedo recordar, ya que yo sólo viví
ahí mi primer año de vida, antes de mudarnos a Poca Agua, pero
gracias a nuestra gran amistad y lazos de unión con la familia de
Don Miguel Ruiz (que en paz descanse) y su mujer Luisa, seguimos
visitando esta casa durante mucho más tiempo y nuestro arraigo con
esta zona del pueblo siempre ha permanecido. Sí que recuerdo muy
muy bien una foto que siempre hemos tenido en mi casa, de mi
hermana Ángeles, muy pequeña, vestida con la túnica verde y roja
de San Juan.
Mis inicios y mi acercamiento a la Semana Santa
la verdad es que fueron muy emotivos y entrañables, y seguramente
se parecerán mucho a los recuerdos de las personas cercanas a mi
generación del 86: hacer procesiones de niños en las calles con
amigos y vecinos. Preparar un trono con un palet, ponerle unos
palos a modo de varal, alguien se traía un Santo o una Virgen de
escayola que tuviese 3 en casa, otros preparábamos la banda con
tambores en cubos de pintura… Y así pasábamos tardes y tardes
siendo felices y forjando nuestra pasión por la Semana Santa.
La bandita de tambores con cubos de pintura que
teníamos en mi barrio de Poca Agua y la Calle Malagueñas, la
verdad, es que ya apuntaba buenas maneras desde bien pequeños, y
aparte de tocar en nuestras propias procesiones ya íbamos también
a otras procesiones de niños que hacían en otros barrios del
pueblo. Ahí empecé yo a darme cuenta de que eso de tocar el tambor
y la caja me hacía realmente muy muy feliz… Hasta el día de hoy,
que con mis 35 años sigo y seguiré siempre con esa bonita y
motivante afición. He llegado a la conclusión que esa pasión por
la música y por la Semana Santa tienen en común un don muy
preciado: no tienen edad, son para todos y son para siempre.
Uno de los regalos que más ilusión me ha hecho y
que más ha marcado mi vida fue que, allá por el año 96 y aún en
tiempo de las pesetas, en mi Primera Comunión, me regalaron una
caja de verdad. ¡Vaya salto de calidad para un niño de 10 años,
pasar de tocar un cubo de pintura a tocar una preciosa y estupenda
caja de las de verdad! Y eso ya fueron palabras mayores. ¡Cuántas
tardes y tardes habré pegado con mi caja tocando y tocando hasta
que mi hermana y mi madre ya no podían más con tanta tabarra!
Pasados unos años me apunté a la Banda de San
Paulino, en la que con mis amigos seguimos formándonos en la
música de Semana Santa y empezaron nuestras primeras procesiones
oficiales, tocándole a la Pollinica y a los Estudiantes.
Cuando esta banda finalizó, tomé la gran y
acertadísima decisión de apuntarme a la Banda del Hacho que
posteriormente pasó a llamarse Banda de San Juan, y ahí se
produjo, de la forma más efectiva y afectiva, mi acercamiento a
esta gran y honorable Cofradía de Amor y San Juan, porque la Banda
y la Cofradía siempre fueron a la par y de la mano. Empezamos al
principio con un estilo más militar y al final terminamos con un
estilo más sevillano. Las anécdotas y los momentos vividos en esa
Banda son inolvidables y enormemente emotivos: sentir lo que es
tocarle a San Juan un Jueves Santo, las salidas a tocar a Pizarra,
a Humilladero, a Guaro, a Setenil de las Bodegas, a Alhaurín, a la
Semana Santa de Málaga a tocarle al Cristo de los Gitanos, esos
nervios y mariposas en el estómago antes de cada pasacalles del
Jueves Santo esperando a que pasara el último paraca para salir
desde la calle Santa Ana hacia la Fuente Arriba llenísima de
gente, los arroces y los viajes al AguaPark al acabar cada Semana
Santa… ¡Son momentos únicos que jamás olvidaré y le doy las
gracias de corazón a la Cofradía y a todos los que hicieron
posible esas inolvidables experiencias!
A través de estas vivencias, hay personas muy
vinculadas a esta Cofradía que siempre me va a dar mucha alegría
verlas y saber de ellas: Mari Gracia, Antonio el Cipo y su mujer
Lola, Paco el Hermano Mayor, Seba, Muñoli, mis amigos Jaramillo,
Cristóbal, Paloma… Y alguien muy especial de esta Cofradía que
desgraciadamente ya no está con nosotros, nuestra Ana Mari, que
desde mi entrada en la Banda siempre me trató con mucho cariño y
una gran cercanía, siendo como 5 ella era, una persona maravillosa
y entrañable que hacía sentirse bien, cómodas, felices y alegres a
las personas que, de alguna manera, teníamos la suerte de estar a
su alrededor. Desde aquí un recuerdo muy especial para ella que
seguro que nos estará viendo desde el cielo y se sentirá muy
orgullosa y contenta de verme hoy aquí, al igual que Don Juan
Martos, padre de nuestro Hermano Mayor y de mi amigo Juan, mi
querido y admirado Don Miguel Ruiz y otros destacados cofrades que
dejaron su impronta y lo mejor de sí mismo en esta Cofradía.
¡Descansen en paz, su recuerdo y su ejemplo vivirán siempre con
nosotros y serán siempre los mejores referentes en el buen hacer y
entrega en pro de esta Cofradía! Uno de los momentos más emotivos
que he vivido en mi vida fue la primera Semana Santa después de la
pérdida de Ana Mari, el Jueves Santo en el pasacalles, entrar la
banda a la Fuente Arriba con una corona de flores para ella, y al
acabar, la banda entera subir al cementerio a tocarle y a
entregarle esa corona… Recuerdo estar tocando con lágrimas en los
ojos y guardarle allí el minuto de silencio con más respeto y
admiración que he vivido… Ella se marchó, pero su bombo siguió
tocando con nosotros, con sus compañeros. ¡Ojalá estuvieras con
nosotros!
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata yo te requiera, que tenemos que hablar de
muchas cosas, compañera del alma, compañera.
Y es que esta humilde y honorable Cofradía de
Amor y San Juan, tan identificada con la Plaza Baja, es un ejemplo
de tesón, de fuerza, de lucha, de trabajo y de muchísimos
esfuerzos para superar todas las dificultades y conseguir que
nuestros titulares recorran cada Semana Santa las calles de
nuestro pueblo, bajo los acordes de esa magnífica marcha musical
compuesta por el maestro David Gutiérrez, “Amor y San y Juan”, que
para mí es una de las marchas más bonitas y solemnes de la Semana
Santa.
Esta Hermandad de San Juan siempre con muchas
dificultades, con muchas necesidades, con muchos aprietos, con
muchos apuros, pero a la hora de la verdad, cuando hay que estar
de verdad, siempre responde con la misma pasión y superándose en
ilusión.
Y este tan esperado 2.022 en el que por fin
podremos disfrutar de nuestra Semana Santa tras dos años sin
tronos en las calles y viniendo de la situación que venimos, será
un año muy señalado en la historia cofrade precisamente por eso,
por el año de la relativa normalidad en nuestras tradiciones donde
la Semana Santa ocupa un lugar muy especial e importante.
San Juan Evangelista, “el discípulo amado de
Jesús”, escritor y gran narrador de uno de los evangelios más
profundos y comprometidos, fue el verdadero predicador de la
verdad y el amor, fue el único de los Apóstoles que estuvo al pie
de la cruz acompañando a la Virgen y fue él quien recibió el
sublime encargo de tomar bajo su cuidado a la Madre del Redentor.
Como testigo privilegiado de la Pasión, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el papel que desempeñó
San Juan Evangelista me parece uno de los más significativos,
importantes y emotivos por su gran fidelidad absoluta a Jesús y el
apoyo y compañía que rindió a la Virgen en sus momentos de dolor y
gloria:
En la cena tu cabeza reclinaste
junto al pecho de Jesús, al que siempre mucho amaste y acompañaste
en la cruz.
El día se quedó sin luz Jesús en
la cruz moría, y en esos momentos de dolor San Juan acompañó a
María.
Destacar que tanto la restauración de San Juan
como la nueva imagen de la Virgen del Amor realizadas y bendecidas
en 2019, son obras del reconocido escultor e imaginero malagueño
Israel Cornejo.
Ahora me gustaría hablaros de algo que muchas
personas aquí presentes ya saben y conocen, pero hay otras que
todavía no han tenido la suerte de poder vivirlo: ¡qué bonito es
ser portador de San Juan y la Virgen del Amor! ¡Qué bonito! Es una
experiencia que recomiendo sin lugar a dudas: nervios,
impaciencia, ganas de que llegue el momento, que suene la campana,
ya se escucha el primer bolero en la Plaza que está 8 entrando el
Señor de Las Torres, venga que en cuanto pase el Estudiantes
salimos, se escucha desde dentro de la Iglesia un murmullo de
estar la Plaza hasta arriba de gente, los cofrades de la Virgen de
los Dolores ya también preparándose para salir detrás nuestra… Y
como si el cuerpo y el alma flotaran y supiesen perfectamente lo
que tienen que hacer, ya está San Juan y la Virgen del Amor en la
calle:
Desde el alma hasta los pies, es
como siento este momento.
Pienso que el alma tiene que
estar conmigo, acompañándome, para no perderse ni un solo
instante, ese sentimiento que invade mi corazón cuando saco a mis
titulares a la calle.
Es calor, angustia, dolor,
pasión, pero también es suspiro lleno de alegría, por eso cuando
lo vivo mi cuerpo también lo hace.
Salimos a la calle y llega el
momento esperado, nos encontramos con la inspiración.
Amor y San Juan nos dicen: déjate
llevar, cierra los ojos y siente esta pasión.
Este próximo Jueves Santo, día 14 de Abril, si
Dios quiere y no pasa nada, volveré a llevarlo en mis hombros
celebrando encima el día de mi 36 cumpleaños.
Y esta noche tan memorable para mí, como
preámbulo a todas estas emociones que nos esperan pronto, tenemos
la dicha y el honor de presentar el Cartel anunciador de la salida
de la Cofradía de San Juan Evangelista y María Santísima del Amor
en esta, tan esperada y deseada, Semana Santa 2.022 . El autor del
Cartel de esta edición es Javier Díaz Calderón, un cofrade de los
auténticos, de los que han mamado esto desde chiquitito. Se trata
de una persona que ya está aportando mucho a la Semana Santa de
nuestro pueblo, y que junto a su hermana y sus primas que lo viven
con la misma devoción e intensidad que él, estoy seguro que será
alguien muy importante y necesario en el futuro de esta Cofradía.
El Cartel es un bellísimo primer plano del
rostro de la nueva talla de la Virgen del Amor, que está inspirada
en nuestra Virgen del Amor de siempre, pero como cada imagen, con
sus propios detalles, matices y expresiones particulares. La
Virgen del Amor, sin duda el nombre más bonito para una Virgen por
todo lo que ello significa y el que más y mejor representa a una
Madre. ¡Virgen del Amor, líbranos del mal, de las guerras, de la
enemistad y de la ambición, y llénanos de paz, de solidaridad, de
humildad y de Amor! ¡Virgen de Amor… protégenos!
Oh, Madre del Amor, yo te amo y
en mis horas de niebla y desventuras, con inquietud siempre te
reclamo cautivado en la bondad de tu ternura.
Belleza serena rostro dulce y
lleno de ternura que sufre y llora empapado de hermosura.
¡Enhorabuena y muchas gracias, Javi, por el
magnífico e inspirador cartel que has confeccionado! Un cartel,
sin duda, a la altura de esta tan esperada Semana Santa, que este
año tenemos que vivirla todavía con más pasión y alegría si cabe,
después de los dos años de pandemia que nos han impedido poder
disfrutarla.
Sólo me resta agradecer a todas las personas y
colectivos que hacen posible que la cofradía de Amor y San Juan
siga creciendo y superándose cada año, mi ánimo y mis mejores
deseos para ellos, siempre me tendréis a vuestra entera
disposición para lo que humildemente pueda aportar y mis infinitas
gracias por haber confiado en mí para esta encomiable tarea, que
tan feliz me ha hecho rememorando tantos emotivos y entrañables
recuerdos y vivencias. Ruego a nuestra Virgen del Amor que os
bendiga, os proteja y os siga dando fuerza, ánimo y valor para
seguir con esta ardua tarea. ¡Os merecéis lo mejor, y Ella bien lo
sabe!
¡Amor cofrade Amor costalero,
Amor a la cera y al clavel Amor a Ella y veneración a Él!
¡Capas verdes al viento quejíos
de trompetas y redobles de tambor, es Jueves Santo en Álora, salen
a su Plaza Baja… San Juan y la Virgen del Amor!
¡¡¡VIVA SAN JUAN!!!
¡¡¡VIVA LA VIRGEN DEL AMOR!!!
¡¡¡ARRIBA SAN JUAN y la VIRGEN DEL AMOR!!!
Ahora, para descubrir ya por fin el esperado y
ansiado cartel anunciador de la salida de la Cofradía de San Juan
Evangelista y María Santísima del Amor en la próxima Semana Santa
de Álora 2.022, le pido a su autor Javier Díaz Calderón que, por
favor, me acompañe. Muchas gracias y buenas noches.
Carta a cofrades y devotos (Fco.
Martos)
Buenas a tod@s.
Quiero enviar un mensaje en nombre de la Cofradía y el mío propio,
en estos momentos tan complicados y al mismo tiempo tan emotivos
por las fechas en las que encontramos y que por desgracia estamos
viviendo y sufriendo todos. Llegada nuestra S. S, y en especial
nuestro Jueves SANTO, deberíamos de acudir todos a nuestra
estación de penitencia y estar al pie de nuestros titulares, pero
este año, por primera vez en su historia no vamos a poder estar
junto a ellos. Este año no tendremos la oportunidad de reunirnos
en nuestra capilla, no habrá nervios en los momentos antes a
nuestra salida, no nos abrazaremos unos a otros junto a nuestros
titulares, no nos alegraremos de encontrarnos en nuestra
manifestación popular de fé, no sonaran esos toques de campana que
nos indican que debemos ocupar nuestros puestos , ni esas marchas
que nos acompañaran en nuestro paso lento y armónico, ni tampoco
nos dolerá el hombro de llevar el peso de nuestros pecados, no
podremos disfrutar de poder pasear por nuestras calles a nuestros
titulares en su estación de penitencia, ni escuchar esos ¡VIVAS¡
hacia ellos, o alguna Saeta improvisada a pie de trono de algún
portador o cofrade, no escucharemos la voz del mayordomo de trono
dando las pautas y animo a seguir....,pasito corto, piano piano,
al toque de campana metemos el hombro, ni podremos abrazarnos una
vez terminado nuestro recorrido ,ni tampoco nos llevaremos a casa
un flor de recuerdo que pondremos a nuestros seres queridos que
desde el cielo nos protejen, ni tan siquiera poder compartir esa
cerveza tan deseada después de nuestro esfuerzo y por la
satisfacción de saber que todo a salido perfecto, no podre
agradecer y abrazar a mis portadores por tan ejemplar y magnifico
recorrido y ese derroche de muestras de fé , como ellos cada año
lo suelen hacer, ni compartir algunas que otras lagrimas entre los
cofrades, una vez nuestros titulares ya están en nuestra
parroquia, y este año pues tampoco podrá nuestro titular ser
testigo de la despedía entre Madre e Hijo.........Tanta cosas que
no vamos a poder vivir, será una Semana Santa para la historia de
nuestras vidas y que el día de mañana podremos contar. Algo
difícil de asumir y asimilar en estas fechas, pero no hay otra,
recordemos los momentos vividos y nuestros sentimientos que desde
nuestro corazón nos inundan con emociones e imágenes imborrables.
Por tanto vivamos esta S. Santa de forma especial, distinta y a la
vez única ,fomentando el rezo y devoción hacia ellos con
oraciones, la cual nunca nos hubiéramos imaginado. Recomiendo
quedaros con las cosas positivas vividas y experimentadas en esta
etapa, que seguro que serán muchas. Quedaros con el amor que estos
días habéis recibidos de vuestros familiares y amigos, valorar la
vida de otra manera cuando esto vuelva a la realidad, no
necesitamos tanto para ser feliz, fijaros en estos días, tan solo
la mayoría de nosotros solo echa de menos el ser Libre, los
abrazos, los besos, poder tomar una cerveza con los amigos, poder
estar junto a nuestros familiares, poder pasear o simplemente ir a
la playa a tomar el sol... etc., tan simple como eso, no
necesitamos nada más. Además con todo esta situación hemos
demostrando ser un pueblo unido, muchas empresas están siendo
solidarias y todos los ciudadanos estamos mostrándonos solidarios
aportando nuestro granito de arena ahí donde sea necesario, y día
tras día, cumpliendo con las normas que nos aconsejan desde
Sanidad, #quedarnos en casa. #Que nuestros Sagrados titulares nos
den la fuerza, ánimo y salud suficiente para salir adelante.
Nuestro deseo desde la Cofradía y el mío propio es que el próximo
año todo nos volvamos a reunir junto a ellos, con más ganas que
nunca, que San Juan y María Stma. del Amor nos proteja y nos guíe
a todos ante esta situación. Vivir esta S. S en familia, con
vuestros seres queridos y bajo la protección de nuestros
titulares.
Un abrazo a tod@s nos vemos pronto. “ CUIDAROS” Durante estos días
mandaremos vídeos para que viváis este Jueves Santo con intensidad
y lleno de recuerdos, aunque será un S. Santa diferente a todas
las demás vividas y que no olvidaremos.
Relato de un Jueves Santo (Salvador
Lobato)
PRIMER AUDIO
Son Días grises, o negros como el color de la “peste”, pero
confinados los cuerpos salvamos vidas, aunque nuestro Ser, nuestra
Alma puede volar. No ya las miles de almas que, desgraciadamente
tienen otro destino, y por ellas debemos pedir, en silencio,
recordándolas. Ahora cerrad los ojos y dejad que vuestras almas
vuelen.
Hoy, sobre las cinco de la tarde necesité sacar mi alma y sentí la
entrada de la brigada paracaidista que fue espectacular, como
siempre lo es cuando llegan desfilando el Jueves Santo a la
Cancula repleta de gente en las aceras y sobre los bancos del
parque, que así se ve mejor.
MUSICA 1 ORDINARIO PARACAS
Bajo los sones de la marcha ordinaria y en disciplinadas y rectas
filas de a tres precedidos por las cinco banderas , han pasado
como si volviesen de una dura guerra, unos 80 o 90 paracas, entre
mandos, banderas, gastadores, banda y tropa, además de algún
mochilero y unos cuantos de policía militar, que cualquiera
estornuda; con esa marcha, que ya cuando la oyes en la lejanía lo
primero que haces es emocionarte; el corazón súbitamente comienza
a seguir a los tambores y de tus labios articulas una frase común:
“Ahí vienen”. Impresionante por el Callejón, que se hace aún más
estrecho con la gente agolpada en el lado izquierdo de la acera,
conforme se baja; y al otro, encima de la baranda que es como un
balcón interminable. Trajes verde paracaidista o verde sarga, con
boinas negras con el emblema tan codiciado del águila en plata que
sostiene a un paracaidista dorado entre ramos de laurel de plata,
pañuelos negros y rojos, cinturones y polainas blancas provocan el
aplauso unánime de los que pensamos que son imprescindibles y que
incondicionalmente darían su vida por la patria.
Sobre las 8 de la tarde salió mi alma con la túnica de San Juan
puesta, debajo una camisa blanca y corbata negra y buen calzado
del mismo color.
Ya había mucha gente, o almas, en la calle que andaban ligeras de
un lado a otro por la arteria principal, algunas con túnicas
moradas y otras negras y alguna verde y trajes de chaqueta , e
iban en la misma dirección, hacia abajo, como atraídas por un
potente imán a la Plaza Baja, al corazón de mi pueblo.
Al llegar, unos minutos más tarde, a la fachada lateral de la
iglesia de la Encarnación entro por la gran puerta cerrada en
parte que da a la calle de Atrás, justo enfrente queda nuestra
casa hermandad, no sin antes esperar a que salgan algunos de su
interior por la pequeña puerta abierta para tal caso y una vez
dentro un gentío absorbe el silencio de la catedral. A mi
izquierda me encuentro con la virgen de los Dolores sobre su trono
de alpaca plateada, suspendido a un metro del suelo y escoltada,
en la altura por seis barras de palio y un cielo de pintura y
bordado por techo. Rodeando los pivotes de seguridad que hay
alrededor de la bella estampa y de frente a ella me persigno con
todo el respeto que ello merece.
Saludo a varios amigos y conocidos vestidos, y no vestidos, con
túnicas negras y cíngulo blanco: entre ellos están los que van
solo por la fe o por la fiesta popular y el folclore. Hay mucha
gente en esta inmensa arquitectura de oración y reflexión que
espera deseosa la salida de su venerada imagen
Al seguir mi rumbo pensando en mi destino me encuentro a mi
hermana Encarni y a Miguel, su marido. “hola como estáis,… ya
estamos un año más”. “Sí, es verdad “me contesta ella mirando a su
virgen.”¿Vas a coger el trono de san Juan?, no hagas mucho
esfuerzo que la espalda luego te dolerá. Así está Miguel”. “el
hombro hay que meterlo pero no te preocupes que tendré cuidado, ya
no tengo 20 años”, y los dos dejan salir una sonrisa
comprensiva.”Adiós, luego nos vemos” les digo y me dirijo hacia el
potente imán que me atraía desde mi casa.
En la esquina, junto al baptisterio, la luz es más tenue; dos
viejos candelabros encendidos y apoyados en el suelo iluminan
parte de la cuadrangular escena que se encuentra protegida en todo
su perímetro por flacos bolardos de madera separados como un metro
unos de otros y unidos por cuerdas como los amarres de un barco al
muelle, esperando, quieto; solo parece moverse por el vaivén de
las olas, o por el murmullo de los que hasta aquí hemos sido
atraídos voluntariamente. Cuatro dorados mascarones de proa,
unidos a largos varales plateados sobre una mesa que hace de obra
muerta, sustentan el trono, por ahora . Me fijo bien antes de
profanar el lugar acotado y miro a la Virgen del Amor
persignándome, sobre su trono dorado por el aliento. Su rostro,
fiel reflejo del dolor de una madre, deja visible lo inevitable y
su mirada, entre lágrimas, se pierde en el infinito hacia donde no
hay consuelo; ni San Juan, a su lado, parece aliviar su estado.
Una corona dorada de reina bajo mil estrellas se apoya en la
cabeza de la Virgen ligeramente ladeada y circundada por volutas
de fino encaje pálido bajo la toca de redecilla que pudiera ser
bien de pescadores. Va vestida con una saya de terciopelo negro
dejada en confianza y bordada en hilo de oro y arropada por un
manto verde esperanza. Un puñal dorado, clavado dolorosamente en
el pecho, que puede que tal acto doliera más a su vestidor, Juan
José Postigo, que a ella misma, impacta a la vista de cualquiera
de los presentes.
San Juan, mi San Juan de muchos años, que ha recibido plegarias y
oraciones y también dolor y rabia de otros tiempos permanece al
lado de la virgen con semblante sereno. Vestido esmeradamente por
Miguel Infante, con el mismo cuidado que cuando abre los pétalos
de los claveles del trono en un lienzo de colores, con su túnica
verde sobre una camisa blanca de cuello de encaje dieciochesco y
bordada en oro, mantolín rojo igualmente bordado dejado caer sobre
el hombro hasta su brazo izquierdo, y el derecho detrás de la
virgen que en esa postura parece decirle “Solo puedes llorar y
acompañarlo hasta su muerte”,. Una cruz de madera de casi dos
metros detrás de ambas imágenes enarbola una suave tela blanca que
cierra el triángulo místico.
Entonces salto sobre las cuerdas de protección y entre la campana
y los dos varales centrales me acerco aún más al trono, hacia la
base que queda a la altura de mis ojos en donde se encuentran los
frondosos claveles rojos clavados cada uno como puñales sobre la
esponja oculta que lo rodea de esquina a esquina, les dejo una
oración en el aire y me vuelvo hacia La puerta principal de la
iglesia ,que queda justo al lado del trono, que ya está abierta en
todo su esplendor dejando ver una plaza que se va atestando de
gente.
Cada vez llegan más túnicas verdes algunas arremangadas hasta la
cintura por temor a tropezar, que no es plan en estos momentos:
son los portadores de nuestra hermandad y les saludo y nos
saludamos. Otros llevan ya también la faraona puesta y alzada.
SEGUNDO AUDIO
Podría ser las 9 de la noche, fría, como todos los jueves santos y
está nublado pero no hay indicios ni avisos de lluvia. Alrededor
del trono hay mucha gente: portadores que van mirando
escrupulosamente su puesto en los varales etiquetados, y algunos
nerviosos por el momento que se acerca, gente en familia
observando las dos imágenes como estatuas en éxtasis y
contestándoles a sus pequeños que son San Juan Y la virgen del
Amor, algún fotógrafo y algunos más aprendices de la fotografía
para guardar las imágenes en su carpeta de google y lanzarlas
luego al mundo.
Veo a Paco, nuestro capataz y segundo de a bordo, túnica de
terciopelo, martillo al cíngulo y medalla al cuello, comprobando
los últimos ajustes y que estén todos los portadores cerca del
trono. “A ver señores nos quedamos por aquí que ya mismo salimos”
se le oye decir. No deja de ir de un lado a otro pero se le ve
seguro, tranquilo dentro de la impaciencia del momento. Gabriel
con su hijo Fran, Sebas, Diego, Manolo y Lina, permanecen cerca.
Los más pequeños van entrando al baptisterio para recoger
banderines con palos de madera y largas velas, algunas tan altas
como ellos mismos y Ana, mi sobrina, que ha estudiado pedagogía y
eso ahora viene que ni pintado, va poniendo un poco de orden en el
reparto, cosa no siempre fácil en esa tropa de infantes; “¡Eh
antoñillo espérate que eso pesa mucho pa ti”!
Aún no había visto a Marigracia, nuestra Hermana Mayor, que hasta
que no salgamos por la gran puerta y baje el trono por los
escalones de la fachada principal no consigue respirar; se guarda
el aire en los pulmones como los camellos que reservan el agua en
su interior durante 15 días. Solo ese instante, y el de la
recogida, donde un traspiés podría ser fatal, le ponen el corazón
en un puño, que parece ser ella la del puñal clavado en el pecho.
Aparecen algunas mantillas: Ana rosa, Lourdes que son amigas del
Belén Viviente, Pepa, Yolanda.
Mis Hijas Julia Y Mariló no faltan a la cita y las abrazo como si
fuese la última vez.” ¿Has visto a tus abuelos Antonio y Lola, y a
tu abuela Julia?”, le pregunto a mi mayor, la malagueña, que ya
casi parece que lo es. “sí papá, “, me contesta… “Iré a verlos yo
ahora antes de salir y robarles algún dulce para el camino” le
digo. Mi hija menor se ríe,” ay Papá, como todos los años no?
Julia controlando la situación me responde que entre las dos me
surtirán de ese bien para mí necesitado y salen de la iglesia,
bajando las escaleras, con sumo cuidado de no pisarse la túnica,
de ahí el “arremangamiento”, hacia la ya abarrotada plaza para
acercarse a ver, al Señor de las Torres y al Cristo de los
Estudiantes, que ya se oyen los sones del bolero militar.
Entre estas yo también había llegado a casa de Antonio y Lola que
queda justo en frente de la fachada de la iglesia, al otro lado de
la plaza. Lidia, mi otra sobrina, me pilló infraganti en la
despensa haciendo acopio de algún dulce pero no dijo nada y me
defendió con su silencio: aclaro que no es porque Lola me lo
impida sino porque me suministraría una bolsa entera y por no
decirle que no, pues eso.” ¡Lola!, nos vamos “ le grito un poco. Y
Antonio responde “¡memoria!”. Salimos a la calle los tres y
cruzamos por la geométrica solería, entre el gentío, hasta la base
de la escalinata principal. Desde abajo observo que la meseta de
piedra caliza de la fachada está repleta de gente y allí,
Marigracia, La Hermana Mayor, vestida con la túnica verde oscuro,
cíngulo dorado, guantes blancos y bastón de mando dorado que la
acreditaba como lo que es: la Capitana de este gran barco, y eso
parecía desde el suelo empedrao donde yo me encontraba. Miraba al
frente, como todos, a una de las calles que desembocaba en la
plaza por donde se escapaban las notas del bolero tocado por la
banda de guerra de los paracas, cuyas banderas ya aparecían.
MUSICA 2 BOLERO
TERCER AUDIO
Mi sobrina Lucía permanecía agarrada a su brazo y un poco
acurrucada y encogida; podría ser que su túnica no le protegiese
mucho del frio, pero eso no le importaba. Hoy no. Subo como puedo
y me pongo a su altura. “¿bien Mari?, le digo.…”sabes que no”, me
contesta, “hasta que el blazillo no esté ahí abajo, no respiro”, y
sigo mi camino hacia el interior de la iglesia. Paco está en esos
momentos encomendando a los hombres de trono al baptisterio
mientras que en las afueras la entrada del trono del Señor de la
Torres a la plaza es inminente, ya no hace frio porque la sangre
circula caliente, hirviendo, por las venas del gentío, con los
portadores con sus túnicas moradas llevando en volandas a Jesús,
que luego será seguido por el Cristo de los Estudiantes y la banda
de Jesús Nazareno de las Torres, que gran banda y que enorme
director es David.
“¡Viva el Señor de las Torres!” se oye en la multitud que aplaude
efusivamente y no solo con las manos. Y al entrar Jesús en la
cruz, “¡Arriba el Cristo de los estudiantes!”.
Ha llegado el momento. Vamos entrando por la reja de madera
abierta casi estrujándonos. Dejo pasar al Paloma delante de mí;
nunca falla en el trono aunque su banda de cornetas de Dolores
toque esta noche a su titular. Paula, su mujer, no dejará en
ningún momento de motivarlo. También pasa Javi, mi sobrino, que
nos irá dando las faraonas; luego portará el incienso dándole a la
procesión el sumo detalle del valor de la penitencia. Su padre, el
Moro, está a mi lado y más tarde, en la arriesgada maniobra de la
salida, irá lapado al trono para que no roce ninguna mano, y
ningún brazo quede machacado entre los bastidores del gran Portón,
que son milímetros los que hay de alivio, y el Seba, que
igualmente vigilará desde el exterior que todo paso sea el
adecuado; siempre es como un faro, y no lo digo solo por su
altura.
Pues allí, alrededor de la pila bautismal esperamos, las faraonas
puestas y levantadas, algo apretados porque somos muchos y el
espacio es pequeño, a que Paco , situado delante de la primera
cruz arbórea de San Juan, ahora colgada en el muro, nos diga unas
palabras de aliento, como todos los años. Mientras tanto, en la
calle la banda de música que nos acompaña ya está fielmente
formada sobre la plaza, junto a la gran banda de Dolores Coronada,
a la espera de una señal, según le indicará El Jara, nuestro vocal
de banda, que también las marchas de su cruceta. La cabeza de la
presidencia con los representantes de cofradías, policía y
ayuntamiento y las dos líneas entre mantillas y nazarenos
conformarán el cortejo: Juanillo, hermano de Paco, pondrá orden a
estos últimos porque él es que lleva la capa roja. Ana, Loli la
mujer de Paco, y Leila su hija, le echarán una mano.
“bueno…ahora que estamos todos “…comienza a decir Paco…” hermanos
Domínguez, Felipe, Pepillo Candelaria, Batanás, Francisco Ruiz,
los dos Pái, Muñoli, Cortés, Bernal, Mijita, Tonel, Samuel,
Paloma, Ocaña, Paco Vila, Quique, Miguelange Álvarez, Kiko, Muñoz,
Osuna, José Heredia, Coronado, Pedro, Antonio Bernal, Steeven,
Cano, Navarro Heredia, Rubén, Calín, Belén, Carlos Dimas, Boro,
que te lo agradecemos de corazón, Fernando Martos, Curro, Taboada,
Ávila, Toby, Mani, y Aguilar, Gómez, Batanás, Muñoz, Santiago,
Benito, Cañero, Delgado, Francisco Hidalgo, Rojano, Hernández, y
algunos que si pudieran estar estarían seguro, como Joze Moreno,
Fátima, Cristóbal. Bien, imagino que todos tenéis faraona y
guantes…ojo….intentad no quitaros los guantes”
“ ¡ouh pues A mí me faltan!”…me susurra el Cano que estaba detrás
de mí…“pídeselos al Javi que él te los busca”. Le digo volviendo
mi cabeza hacia él. Nos explicaba Paco el respeto con el que
debemos hacer la penitencia. “ las faraonas no se levantan hasta
el primer descanso” seguía diciendo..”y mientras sea posible
guardamos la postura del brazo libre apoyado en el de
delante”…continuaba “ paso piano pero firme. No hay prisa. Repito,
no hay prisa”. “ otra cosa importante y sobre todo en la salida y
la vuelta”…todos permanecíamos en un silencio claustral atentos a
sus palabras…”en las maniobras del trono solo hablo yo y el Moro y
el Sebas que estarán en las bandas. Guardad silencio, y que la
virgen del Amor y San Juan nos den fuerzas para nuestro cometido
de esta noche. Ahora recemos un Padre Nuestro y un Ave María”
Después de la última oración abandonamos el lugar con el mismo
silencio.
Paco se dirige hacia el trono de la virgen de los Dolores,
mientras ocupamos nuestros lugares asignados por altura en el
varal correspondiente y amoldando bien al hombro las almohadillas
colocadas en cada puesto para tal caso y aliviar el dolor del
peso. En segundos todo se cubrió de verde y manos blancas.
Mientras, a cincuenta metros, entre nuestro capataz de trono y su
homónimo en Dolores se establecía una pequeña conversación,
después una sonrisa cómplice acabando con un fuerte apretón de
manos. Desde mi lugar en el trono pude observar, porque no
llevaban faraona, que se desearon suerte.
Cada vez quedaba menos gente en el interior de la iglesia solo los
cofrades portadores permanecían en sus puestos. La gran plataforma
de madera proporcionada por Dolores para hacer un poco más fácil
la salida ya estaba en su sitio. En el exterior iba
desapareciendo, por otra de las calles anexas a la plaza, la
retaguardia de los Estudiantes que seguían su periplo. Y ahora la
gente se agolpaba en la bajada de la escalinata y llenaban la
mitad de la plaza que daba a la fachada.
No se podía perder más tiempo pero tampoco aligerarlo en vano. Fue
entonces cuando Paco, junto a la campana situada en la unión de
los dos varales del centro, miró a San Juan y Luego a La Virgen,
vio dispuesta su dotación y seguidamente después de persignarse,
la golpeó sucesivamente con el mazo de metal dorado acabado en
goma TAN TAN TAN TAN TAN. Cinco golpes secos y rápidos. Primer
aviso que nos puso en tensión.
“ ¡señores, vámonos al cielo!”. Gritó…Volvió a dar dos fuertes
golpes con distinta cadencia, más tiempo entre cada uno TAN TAN.
Ahí bajamos el cuerpo todos al mismo tiempo como si se hubiera
ensayado en un ritual, hasta flexionar las rodillas y colocar el
hombro, derecho o izquierdo, bajo el varal haciendo pequeños
movimientos con el cuerpo, como si fueran ínfimos espasmos
acoplándolo a la almohadilla y esperando el último toque como el
perro que espera su regalo por haber sido obediente, así
estábamos. El capataz de trono golpeó ¡TAN!...el trono se levantó
de una sola atacada, en la que se pudo escuchar en el silencio,
que ahora había en la iglesia, la fuerza de reacción de la cruz y
todo el ensamblaje metálico golpeando al volver a su sitio. Con
pequeños pasos deslizantes fuimos dirigiendo el trono hasta
encararlo con la gran apertura de la puerta. Una vez colocados
frente a ella parece como si la luna se hubiese hecho sitio a
rempujones entre las nubes que cubren el cielo para no perderse el
momento y se abrió una la luz que penetró en el recinto. Bajamos
entonces al unísono el trono hasta los brazos y en otro golpe de
campana al suelo. En ese instante Paco dio la orden de abandonar
la iglesia a todos los portadores que fuimos saliendo
ordenadamente hasta colocarnos sobre la escalinata principal en el
mismo orden que estábamos bajo los varales. Solo quedó una persona
dentro, el Moro, que, a la orden, empujó despacio la gran mole que
se deslizaba gracias a las pequeñas ruedas de la base, pasando el
trono justo entre los laterales del portón. AL mismo tiempo Paco,
que estaba en la parte delantera aguantando el empuje , avisó a
Sebas, al lado de él, que diera comienzo el himno nacional. Sebas
levantó una mano, visible sin duda en toda la plaza, dirigiéndola
hacia Jaramillo y este hacia el director de la banda. Comunicación
antigua y rudimentaria, pero efectiva. Solo transcurrieron cinco
segundos y la marcha comenzó a sonar en todo su esplendor al mismo
tiempo que La virgen y San Juan se presentaban al pueblo.
MUSICA 3 HIMNO
CUARTO AUDIO
Campanillas sonando y aplausos llenaban toda la plaza. “¡ Viva San
Juan y la Virgen del Amor!” gritaba el presentable efusivamente.
“¡Vivaa!“…”¡Arriba San Juan Y la Virgen Del Amor!”…”¡Arribaa!”. Al
tiempo que las cuatro cabezas doradas de los varales sobresalían
de la plataforma los portadores se incorporaban metiendo el
hombro. Ese era el momento más peligroso, el temido por nuestra
Hermana Mayor, porque habíamos muchos sobre la escalinata y el
trono avanzaba. No podías despistarte y tenías que colocarte
rápidamente en tu sitio y bajar al mismo tiempo sin caer. El himno
continuaba, la gente agolpada aplaudía y los portadores de San
Juan, bien organizados, llevaron el trono hasta abajo, se
colocaron las faraonas ajustando bien las dos aberturas hechas en
la tela roja a la altura de los ojos, aguantaron el peso del trono
hasta que se colocó la mesa y lo dejaron suavemente en el suelo,
como si fuese de cristal, flexionando igualmente las rodillas.
Marigracia entonces pudo respirar.
Tres toques de campana de “aviso” seguido de dos toques de
“listos” y un último toque de “arriba”. Con la marcha de amor y
San Juan comenzamos nuestro periplo.
MUSICA 4 AMOR Y SAN JUAN
Todo esto es solo el comienzo de la que podría haber sido mi
experiencia en esta Semana Santa desgraciadamente interrumpida.
Ahora comienza el verdadero camino interior hasta la recogida de
nuestros titulares. Cada uno de vosotros y de vosotras tendrá su
propio relato. Espero que esta noche, Junto a la imagen viva de La
Virgen del Amor y De San Juan, podáis experimentarlo de la misma
manera que yo aunque sea vuestra alma quien lo haga. Cuidaros
mucho. “¡ y viva Amor Y San Juan!”.
QUINTO AUDIO
P.D. una pequeña posdata y es el deseo de una persona bastante
mayor, a la que sus piernas le impiden ver a san Juan Y a La
Virgen del Amor. Ese deseo es dedicarles una cortita saeta. Es mi
madre Y Perdonad el audio.
SAETA
-
PREGÓN 2019
POR ANTONIO MORILLAS LERÍA
PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN.
A mi querida Hermandad de la Virgen del Amor y
San Juan Evangelista, de la que tanto he
aprendido y en la que, sin ser mi Cofradía, tantas cosas he vivido
y tantas buenas personas he
conocido. Mi más sincero agradecimiento por confiar en mí para
pregonar la Semana Santa de
mi pueblo.
A todos los que me han inculcado el amor por Álora, por su
Parroquia y por su Semana Grande.
A todos los que de una u otra forma me han hecho sentir mi túnica
morada y me han
enseñado lo que significa vestirla. A quienes me enseñaron a
querer a Jesús de las Torres.
Al hombre que me enseñó a querer como quiero a mi Señor de las
Torres, Juan Guerrero
Durán, Juanito.
A mi familia.
A mis hermanos Juan y José Carlos.
A la más pura mirada de Esperanza.
A Ana Mari +
-«Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a
Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella
no se hizo nada de
todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz
de los hombres. La luz brilla en las
tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino
como testigo, para
dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino el
testigo de la luz.
-La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y
el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los
que la recibieron, a los que creen
en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la
voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y
habitó entre nosotros. Y
nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre
como Hijo único, lleno de gracia y
de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo
dije: El que viene
después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo».
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido
gracia sobre
gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia
y la verdad nos han llegado
por Jesucristo.
- Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo
único, que es Dios y está
en el seno del Padre»
Juan, capitulo 1.1-18.
Con la Venia de SU DIVINA MAJESTAD; presente siempre en el
Sagrario.
-Reverendo Juan de Jesús Báez, Cura Párroco De Nuestra Señora de
la Encarnación.
-Señor don José Sánchez Moreno, Alcalde de Álora y señores
concejales de la
Corporación Municipal.
-Hermana Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de la Virgen
del Amor y San
Juan Evangelista.
-Hermanos Mayores de las Hermandades y Cofradías de Pasión y
Gloria de nuestro
pueblo.
-Pregoneros de la Semana Santa de Álora que me precedisteis en
este ambón.
-Autoridades civiles, cofrades, vecinos, familia, amigos todos.
-AGRADECIMIENTOCinco
de octubre de 2018, la tarde está dejando paso a la noche cuando
en mi teléfono
recibo un mensaje. Marigracia me dice que quiere verme, que baje a
la carpintería, que está
allí y tiene que decirme algo ¿qué traerán entre manos? Me salgo
de la conversación en la que
estaba. Mi mente se pone a dar vueltas y la curiosidad puede más
que yo y me voy. Las
preguntas no paran de asaltarme en todo el trayecto por la calle
Atrás.
Llego. Trasiego de montaje, preparativos y nervios. Mañana toda la
hermandad está
manos a la obra, que hay que abrir la tasca en las sopas. ¡Ya
está! Quiere que mañana le eche
una mano…
- Antonio ven, que Paco te va a decir una cosa…
Entramos en el despacho, Marigracia se calla, solo mira
expectante, con cara de ilusión. A
Lucía y Javier se les escapan unas sonrisitas… Algo pasa. Paco
toma la palabra, no recuerdo lo
que dijo, pero son varios minutos de exposición que terminan con
una frase: «Antonio,
queremos que seas pregonero».
Reacción de Antonio: silencio.
Al momento mi cabeza comienza a negar. Me parecía que me había
caído encima cada una
de las piedras de este portentoso templo en el que hoy estamos.
¿Qué digo? ¿Qué hago? No tengo edad ni bagaje suficiente para
pregonar mi Semana
Santa. ¿Y si no estoy a la altura de los que me precedieron? ¿Y si
no estoy a la altura de este
encargo? ¿Y si la cobardía me hace aceptar un encargo demasiado
grande para mí? Cientos
son los miedos y dudas que me asaltan, pero las palabras de mi
amigo José Carlos me calman:
«Antoñito, ¿Qué no eres capaz? Anda anda… Además, el pregón llega
cuando llega. Adelante,
que yo estoy contigo».
Al escribir estas primeras letras, sólo sabe de este encargo una
persona, que me aconseja
con estas palabras: «Simple. Sinceridad, abre tu corazón y déjate
llevar por tus sentimientos».
Pues bien María, te hago caso. Me pongo a ello, pero a veces es
demasiado difícil ser sincero.
Muchas veces han sido las que me he enfrentado a un papel en
blanco y tras varios minutos,
las palabras comienzan a plasmarse en él, pero esta es, hasta la
fecha y sin lugar a dudas, la
batalla más complicada… ¿Cómo hablar de algo tan grande?
Muchas gracias por tus palabras querido Tomi.
Siempre recordaré la noche en la que presentaste el cartel y la
revista de nuestra
Hermandad en una de aquellas memorables cenas en las columnas. Tu
discurso, divertido al
principio pero riguroso y sentido conforme avanzaba la alocución,
se quedó clavado en mi
memoria. Con el paso de los años, aquella presentación junto a
otros discursos de destacados
oradores de nuestro pueblo, fueron sentado las bases de mi manera
de hablar en público.
Aquella noche en las columnas, compartía mesa con Dolorcita, Lina
y Manolo, aquella
noche, pues, coincidieron tres hermandades, San Juan, Jesús y la
Virgen de Flores y el tiempo
ha querido que hoy vuelvan a coincidir, pero en otras
circunstancias. ¿Quién me iba a decir a
mí, Tomi, que casi quince más tarde ibas a presentarme como
Pregonero de la Semana Santa
de nuestro pueblo? ¿Y quién me iba a decir a mí, que casi quince
años más tarde, ibas a ser tú,
Lina, quien me impondría la medalla de Hermano Mayor de la
Hermandad de la Virgen de
Flores? La de vueltas que da la vida…
Quiero dar también las gracias a mi querida Hermandad de San Juan,
por el privilegio
con que me ha distinguido esta tarde noche. Pregonar la Semana
Santa de su pueblo es uno
de los orgullos más grandes que un cofrade puede atesorar en su
corazón. Esta noche habéis
hecho que mi terno de honores cofrades se complete. Gracias
Marigracia y gracias Paco, por
pensar en mí y por vuestra comprensión sin límites demostrada en
aquella, ya lejana tarde de
octubre, en la que me encerrasteis en el despacho de la
carpintería del Cipo y no me dejasteis
salir hasta que no dije sí.
INTRODUCCIÓN
Trigésimo tercer Pregón de la Semana Santa de Álora. Treinta y
tres, la edad de Cristo.
Año, 2019, año en el que además de cumplirse veinte años de la
primera vez que subí al trono
del Señor, un servidor cumplirá, si Dios quiere, treinta y tres
años. ¿Casualidad? ¿Destino?
¡Sólo Dios lo sabe!
Soy un joven cofrade con el espíritu de un niño, que se llena de
la misma ilusión ante lo
que va a venir, cada vez que gira la llave de la hornacina del
Señor de las Torres. Un cofrade
que desde muy pequeño ya mostró interés por todo lo que suponía
ese mundo que era la
Semana Santa y que me hizo con el paso de los años, forjar buenas
amistades con cofrades de
este pueblo, sin importar nunca la túnica que vistieran.
Alguien, que desde muy chico, se enamoró de la Semana de Pasión.
Lo primero que
viene a mi mente cuando pienso en Semana Santa son los recuerdos
de un niño nazareno, un
niño que vibraba de ilusión cada mañana de domingo de ramos cuando
esperaba con ansia, y
estrenando ropita, por miedo a aquello de quedarse sin manos, la
aparición por la curva de la
Balita de la icónica imagen de los plumeros blancos en los cascos
de la banda del Real Cuerpo
de Bomberos de Málaga, que por aquellos años acompañaba la
procesión de la Pollinica, y que
marcó un imborrable recuerdo en los corazones de toda una
generación. Recuerdos de
campos cubiertos de azahar, como si se tratara de una sábana
blanca tendida sobre un árbol,
que impregnaba el ambiente del olor más característico de la
primavera en esta orilla del
Guadalhorce.
Estas fechas son para mí, el recuerdo de horas de conversación
telefónica con mi
amigo José, que siempre empezaban con un: «Qué poquito quéa»”
seguidas de una exaltación
de la luz de la tarde de primavera y en la que hablábamos de
planes para los días previos, de
qué achacar en el colegio para saltarnos literalmente la semana
anterior a las vacaciones y de
cuando íbamos a limpiar la cruz del Señor… Con los años, los
planes fueron creciendo y
empezamos a coger el tren cada Viernes de Dolores para marcarnos
nuestro particular
recorrido por cofradías malagueñas en las que fuimos conociendo
estancias y secretos gracias
a, creo yo, la gracia y ternura que provocaban dos muchachos de
Álora que tanto sabían de la
Hermandad a la que entraban. Y esta ternura nos otorgó grandes
privilegios para un niño,
como por ejemplo girar los arbotantes de la Paloma, conocer de
arriba abajo la casa
hermandad de la Esperanza o subirnos al trono ya casi preparado de
la Virgen de los Dolores
de la Expiración.
Estas charlas telefónicas fueron tal vez, el preludio de una gran
aventura que
emprendimos de la mano de nuestro amigo David, cuando a través de
las ondas de Radio
Álora, llevamos la semana santa a muchos hogares perotes con
nuestro programa: «Álora de
Pasión». Tardes de entrevistas con representantes de todas las
hermandades y tertulias sobre
los más variados temas: los oficios y artesanías relacionadas con
la semana de Pasión, cortejos
y enseres procesionales. Y uno de los temas más potentes: la
música en la Semana Santa. En
un programa hecho por músicos…ya se sabe.
La semana santa de mi ayer son recuerdos de una túnica colgada de
la baranda de la
casa con su medalla y cordones al cuello, papeles de estraza y
plancha para quitar ese
interminable río de cera que bajaba por la trasera de la túnica y
que cubría hasta las mangas.
Una cosa realmente inexplicable…y decenas de guantes, entre los
que claro está, era imposible
encontrar una pareja en condiciones, porque uno estaba manchao’,
otro tenía uno de los
dedos quemados por una vela, el otro empezaba a deshilacharse…
cosas de niño al fin y al
cabo.
Recuerdo también el cetro que con esmero me hizo Antonio Lobato
por encargo de mi
tía Babi, con una barra cromada. Tenía hasta sus tres macollitas y
como remate, una medalla
de la Hermandad. ¡Con lo simple que era, y a mí me parecía que me
lo había hecho el mejor de
los orfebres! Y con él en la mano es como recuerdo mis primeras
procesiones acompañando al
Señor en su bajada por la calle Ancha, junto a mis tías, con
quienes también asistía muy de
niño a las reuniones en el salón de actos de la casa de la cultura
o en el bar de Bernabé. Allí me
sentía no sé si un privilegiado, o alguien importante…no sé
explicarlo bien ni a día de hoy.
Imaginen un niño de seis o siete años en la reunión en la que se
preparaba hasta el último
detalle de la procesión del Señor, lo que más me gustaba del
mundo.
La semana santa es rememorar nervios y carreras por la casa en los
días previos al
Jueves Santo. El color de la mañana cuando bajaba la escalera y,
hoy aquí lo confieso, la tila
que mi abuela compraba en el estanco de Pablito y me dejaba
preparada en una olla en la
cocina y a la que yo iba de vez en cuando y me echaba un vasito
para ver si así, «se me
aplacaban los nervios».
Vienen a mi mente también los recuerdos de tronos hechos con cajas
de cartón y
adornados con yerbabonita que cada sábado me traía de la Vega. Mis
tronos paseaban un
cartel de semana santa por la imprenta de Lería, y a veces, hasta
ampliaba el recorrido
llegando a la botica. ¡Ay! la imprenta…esa tienda en la que crecí,
jugué y en la que ojeaba
apasionado las revistas de Dolores y Jesús. Allí también
maquinaban mis tíos cómo gastarme
una broma, cada día, dicho sea de paso, más elaborada.
Como la que un día, siendo aún muy niño. Me llamaron con gran
ceremoniosidad al
último cuarto de la trastienda, me hicieron sentarme en una caja
de folios marca Navigator y
empezaron a comentarme que había salido una oferta… ¡grandiosa!:
-¡Disneyland París! ¡Una semana! ¡Baratísimo!
-Qué ilusión más grande dije yo
-Pero pasa una cosa
-¿Qué?
-Que es en Semana Santa
Mi respuesta no pudo ser más clara
-Po irse ustedes, que yo me quedo aquí…
Gran parte de mi vida está entre los muros de aquella tienda, que
presidían cuatro
cuadros: uno enmarcaba una añeja estampa de la Virgen de Flores,
la que siempre presidió esa
casa; el segundo, como no podía ser de otra manera, la imagen de
la Virgen de los Dolores, la
devoción de mis abuelos y mis tíos Juan y Rafael. El tercer cuadro
era uno del Señor de las
Torres con una placa dedicada de la Hermandad. Recuerdo
perfectamente, como si fuera ayer,
el día en que Paco Lucas (padre) se lo entregó a mi abuela en una
cena en las Columnas y la
emoción con la que ella volvió a la mesa.
Y el cuarto cuadro llegó por desgracia demasiado pronto y era el
que recordaba a mi
abuelo Sebastián. Aparecía sosteniendo un periódico sentado en una
butaca blanca en La
Vega, donde tanto jugué con él. Mi abuelo fue el alma de aquella
tienda que no era sólo un
negocio, sino que se convirtió también en centro de tertulias de
toda clase y que yo, como
buen aprendiz, empecé a explotar como tal, con conversaciones de
niños al principio, que
fueron cogiendo cuerpo y solidez cuando el tema favorito quedó
claro: la Semana Santa.
Al principio éramos tres los tertulianos: José Carlos, el que a
ustedes se dirige y un libro
encuadernado en duras pastas de cartón. Su portada contenía una
ilustración que era la
fotografía desenfocada de un cirial ante un trono y en el que
rezaba como título: Pasión del
Sur. Aquel libro que regalaba por entregas el diario malagueño se
convirtió en una especie de
enciclopedia, que nos aprendimos de punta a cabo. Luego se sumó a
la tertulia el cuarto
ponente, Juan, y de las palabras, pasamos a los hechos, porque ya
teníamos edad de empezar
a actuar. Y porque, dicho sea de paso, Juan es más de hechos que
de palabras. Dejamos en la
estantería aquel libro. Seguíamos por tanto siendo tres. Bueno,
mejor dicho, seguimos siendo
tres. ¡Y qué peligro de tres!
Pero el niño fue creciendo y poco a poco se fue interesando más
por este mundo, ya
no se conformaba con ver pasar las procesiones desde el balcón,
porque veía como todo su
entorno tenía algún compromiso con alguna hermandad. Mi abuela y
tíos eran parte de la
junta de gobierno de Dolores, mis tías Babi y Conchi, de la del
Señor, María Vila cosía capirotes
como si no hubiera un mañana, Joaquín se esmeraba en captar el
mejor momento de cada
procesión para dejar como legado un envidiable archivo gráfico y
tito Papu además de llevar el
trono del Señor, maquinaba en su mente algo muy grande que hoy es
una realidad que se
palpa y saborea cada Domingo de Ramos, cuando el Señor de la
Columna sale a la calle.
Viendo este percal, Antoñito quería más y de mero espectador de
procesiones pasó a
pasear por las naves de la iglesia viendo cómo se montaban los
tronos, cómo se colocaban las
flores o cómo se le daban los últimos retoques a la vestimenta de
la Virgen o de San Juan, que
por aquellos años procesionaba solo. Pero fue una mañana de jueves
santo la que más me
caló. Después de haber visto los tronos de la iglesia con mi tío
Rafael, subimos a las torres,
donde daban los últimos retoques a los tronos del Señor y del
Cristo de los Estudiantes. Allí
estaba un hombre mayor, que yo había visto el día antes cuando
subí con mi prima Ana,
acompañando a su abuelo Salvador para vestir al Señor. Este hombre
que andaba subido en un
trono se dirigió a mí en tono afable pidiéndome que subiera a
ayudarle a atar unos cordones
que pendían bajo la túnica bordada del Señor. Ese hombre no era
otro que Juanito.
Llegué a mi casa loquito de contento por lo que había hecho y se
lo conté a mi abuela,
ella me explicó quién era ese hombre y a lo que se dedicaba. Pasé
el resto de semana muy
contento por haberme acercado tanto al Señor y he aquí que al poco
tiempo se formó uno de
los recuerdos más importantes y agradables de cuantos atesoro de
mi niñez y juventud,
porque a aquel momento se debe todo lo que soy hoy como cofrade.
Una fresca mañana de
abril o mayo del noventa y ocho, mientras estaba sentado con mi
abuela en la plaza un
domingo, pasó por la acera aquel hombre que me había invitado a
subir al trono. Al verlo, mi
abuela me animó a ir a saludarlo, lo que hice tímidamente. Juan
pronto me reconoció y tras
preguntarme qué tal estaba me dijo:
-El año que viene no vayas a hacer planes para la Semana Santa,
que te quiero ver por las
Torres, eh.
-Allí estaré, le dije.
Y desde entonces no nos hemos vuelto a separar. Sólo él sabrá las
veces que ha
pegado con una moneda de veinte duros en la cerradura de chapa de
la antigua puerta de
cristal de la papelería para que yo bajara y así enfilar juntos la
calle del Carril para subir a las
Torres. Eso sí, con parada obligada en El Mocho para tomarnos un
sombrita bien caliente.
La escena de los dos juntos llamaba la atención de todos los que
al paso nos salían.
-¿Quién es este niño Juan?
-Es Antoñito, el nieto de Francisca la de la imprenta, que se ha
venío a echarme una mano.
Y de esta respuesta he de contar, a modo de anécdota, que es de
donde viene el que se me
conozca en toda Álora por mi segundo apellido. Antoñito el de la
imprenta de Lería, Antoñito
el de Lería, y al cabo de los años…Antoñito Lería.
Historias aparte, Juan me enseñó que lo más importante en todo lo
que uno haga, es la
humildad. Me enseñó a querer al Señor como lo quiero y a hablar
con Él y con la Virgen de las
Ánimas y la de Flores con un respetuoso tú a tú. A querer y
respetar a todas las Sagradas
Imágenes a las que Álora rinde devoción. De Juan conocí la vida de
nuestra Parroquia y donde
estaba cada cosa en este templo. Me enseñó cómo debe vestirse un
altar, o guardarse la
Custodia y que el primer ramo de flores que se coge en la iglesia
es siempre para el Santísimo y
que hagamos lo que hagamos en este templo o en cualquier otro,
siempre hay que darle un
repasito al Sagrario para que luzca como lo que merece. Y es que…
solo allí está el Señor.
Me habló y me habla de antiguos albaceas y de hermanos mayores
cuyos nombres
merecen ser escritos en oro. De historias de Antonio Aurora,
Manolo Morales, Pepe el Perdío y
Paco Lucas, de coches llenos de claveles y de improvisados
tinglaos. Me habló de históricos
cofrades de nuestro pueblo que lucharon en tiempos difíciles para
que todas las cofradías que
hoy conocemos llegaran a ser lo que son.
Juan me repite que soy un Jesuita con mucho mérito, porque me he
criado entre
dolorosos.
Entre otras muchas vivencias junto a Juan, recuerdo una estrecha
habitación que
contenía una enorme arca en la que se guardaban túnicas y
estandartes y todo el ajuar del
Señor y que abríamos cada semana santa. Él sacaba prendas y yo las
iba cogiendo. Hoy hemos
cambiado los papeles… y el cuarto.
-Antoñito, que no se te olvide na’, yo te voy a esperar aquí,
tráete la túnica buena y
una cinta pa’ los cordones.
Pero la más importante, Juanito me enseña cada día a ser y a
sentir lo que él es y lo
que se ha convertido en la mayor de mis ilusiones: ser Albacea de
Jesús.
Todos estos recuerdos en el tiempo y en mi ser han sido los que
han forjado mi
carácter y el trabajo que desempeño dentro de la semana santa: el
de Albacea. Figura a la que
admiro y quiero, sea de la hermandad que sea. Porque es la que he
vivido casi toda mi vida.
Una figura de otras hermandades con la que comparto impresiones,
ideas, trucos y
mañas sobre un trono, un bordado o una Sagrada Imagen. Una imagen
que reivindico y
ensalzo en cada conversación que puedo y un modo de ver la Semana
Santa muy diferente al
resto de los que en ella participan, tanto desde dentro como desde
fuera de una cofradía.
Y es desde este sentir tan particular, desde el que voy a ensalzar
la Semana Santa de
Álora. Quiero hablarles esta noche desde el interior de un trono,
desde lo más íntimo. Desde el
antes, el durante y el después de cualquier salida Procesional, en
la que el albacea ve a su
Cristo o a su Virgen desde la calle, por supuesto, pero llegado el
momento se cuela bajo el
trono para comprobar que todo está ajustado y en sus sitio, que ni
un solo tornillo se ha
aflojado y que todo se mantiene firme.
La nuestra no es una Semana Santa al uso. Es una semana santa de
tronos, sí, pero
vistos desde dentro, de complicados laberintos de tornillos y
tuercas que sólo nosotros
conocemos y que ajustan todo lo que arriba conforma el más bello
de los altares andantes
para nuestras Sagradas Imágenes. La nuestra es una semana santa
diferente, de llave inglesa
en mano, tenacillas y alambre, cuchillo y trapo, esponjas y toscos
cubos de flores que, al rato
de llegar, se convierten en los más bellos arreglos florales para
nuestros tronos.
Pero esa semana en concreto…«LA SEMANA» es un tiempo de
planificar, trasnochar,
improvisar talleres de cualquier oficio en el sitio menos
esperado, como por ejemplo el de
soldadura en el llano de las Torres, para el que hay que esperar a
que toda la calle Ancha esté
durmiendo con intención de que llegue corriente suficiente para
hacer funcionar la máquina.
Un tiempo de casi olvidar a la familia para entregarse en cuerpo y
alma cada uno a su titular.
Una semana de esfuerzo y amor que tiene su recompensa cuando la
procesión sale a la calle y
miles de ojos se clavan en la Sagrada Imagen, con miradas de
esperanza, de fe o de
agradecimiento por un favor otorgado.
Precisamente fue en el desempeño de mis funciones, cuando el
sábado de Gloria
pasado, en el Baptisterio hice una foto al Señor en la que se veía
en el fondo a San Juan y a la
Virgen del Amor. Jesús, su Madre y su discípulo amado, los tres
juntos. Una foto que nunca
podría haber imaginado, sería premonitoria de esta noche.
PREGÓN
La primavera ya se ha instalado, con toda su magnificencia, en
nuestro rinconcito del
mundo, en el valle al que siglo tras siglo ha ido dando su
particular forma un río al que los
árabes llamaron «del silencio». Es primavera en el Valle del
Guadalhorce y el campo se ha
alfombrado de un verde de mil tonos. La flor del naranjo perfuma
ya con su característico
aroma campos y calles y los días que se hacen por momentos más
cálidos, se vuelven reacios a
dar paso a la noche.
Parece que nuestro pequeño rincón del mundo compartiera con
nosotros la alegría
que nace en nuestros corazones. Y es que se acercan los días en
los que Cristo, por nuestra
Redención, muere en la Cruz, para resucitar al tercer día. Se
acerca el momento de recordar el
inmenso amor de Dios.
Y con este ambiente alegre de un pueblo que ha vestido sus
fachadas de cal para
recibir las procesiones y se ha perfumado de azahar, el silencioso
río Guadalhorce se dispone a
ser testigo un año más de la semana más grande del calendario
cristiano y perote, de nuestra
secular semana santa.
Una tradición que nos ha sido dada por nuestros antepasados y que
en nuestra
condición de cofrades debemos salvaguardar y mejorar en la medida
que podamos, pero que
ante todo debemos respetar en su forma. Cada pueblo hace las cosas
según su forma de ser. El
carácter de sus gentes imprime su sello en sus tradiciones y
Álora, a través de los años ha
conformado una Semana Santa muy especial, con una de las
tradiciones más arraigadas de la
provincia. En resumidas cuentas: la Semana Santa perota. ¡Hagamos
pues, defensa de nuestras
tradiciones y nuestro modo de vivir la semana de Pasión!
Es viernes de Dolores y los días más anhelados del año están a
punto de dar comienzo.
Ya se nota en el ambiente. Los Albaceas, acompañados por la
cantera cofrade, sus
colaboradores, llevan meses trabajando. Han estado montando
tronos, limpiando enseres y
preparando hasta el más mínimo detalle, ya mismo está aquí el
domingo de Ramos y no se
puede quedar ningún cabo suelto.
La noche se está abriendo paso y decenas de perotes cruzan la
Fuente Arriba para
darse cita en nuestra Parroquia. Allí, se oye, y se oirá durante
toda la semana, como constante
melodía de fondo el tenue canto de las campanas de los tronos que
los niños golpean con las
palmas de sus manos quién sabe si con el sueño de algún día
poderlas golpear con el mazo u
obedecer su orden y meter el hombro en el varal.
Hay tronos montados en las naves del templo, las Sagradas Imágenes
ya se han
entronizado y esperan que el montaje culmine con el exorno floral
para ser procesionadas por
nuestro pueblo. Pero hay un trono vacío, un palio que espera
ansioso cobijar bajo él a la reina
del Cielo.
En el templo impera la oscuridad. Poco más que las velas que arden
sobre dos ciriales
alumbran la cara de la Madre de Dios. Su Imagen está adornada
únicamente por un centro de
flores blancas. Tres golpes secos de una mano contra el varal de
madera truenan en el interior
de la iglesia abarrotada de fieles. Entre una nube de fragante
incienso y tras el cortejo
presidido por la Cruz Guía de la Hermandad, el trono se levanta y
una canción desgarradora
inunda el aire.
«Si las dulces palabras del Ángel,
inundaron de gozo tu alma.
De un profeta la fúnebre calma,
te llenó de amargura y dolor».
La Virgen de los Dolores ataviada a la usanza de la Cuaresma
avanza por la nave del
Evangelio. Dieciocho portadores cargan un trono sobrio, de madera,
con sabor a otros
tiempos. El pueblo acompaña a la señora en su caminar mientras se
oye el cántico de los siete
dolores. En el silencio tras cada uno de ellos, el Ave María. Poco
a poco se van desgranando los
siete dolores que como siete puñales atraviesan el corazón de
María Santísima. Convirtiéndose
así en un preludio de lo que acontecerá la próxima semana.
Al llegar al trono nadie queda entre los bancos de la iglesia.
Todo el mundo ha seguido
a la Virgen, todos quieren dar consuelo a la Señora en su caminar.
«Ha llegado tierna Madre»
se oye cantar minutos antes de que la sagrada imagen de la Virgen
quede presidiendo su altar
de plata. En él quedará la que es reina de cielos y tierra
convertida en una Madre afligida que
espera el encuentro con su amado Hijo.
Es el traslado claustral de la Virgen de los Dolores. Una de esas
procesiones singulares
que Álora, pese a su desaparición, ha guardado en su memoria, en
su corazón y la Cofradía de
Dolores, ha sabido recuperar a finales de los noventa para
convertirla en cita ineludible para
todos los cofrades.
No termina, sin embargo aquí, la jornada. Álora es tierra de
cante, y como tal, sabe
hacer honor a este arte incluso en estas fechas. La oración hecha
canción por excelencia, la
Saeta, será exaltada en la asociación cultural Alora la Bien
Cercada en un acto que por su
solera y tradición ya es también cita obligada entre cofrades y no
cofrades en nuestra semana
de Pasión.
SÁBADO DE PASIÓN
La del sábado de Pasión, es una jornada de intenso trabajo para
tres de nuestras
hermandades. Todos corren de aquí para allá en una extraña
sinfonía de desórdenes que
termina siendo un orden perfecto. Herramientas que se pierden y
aparecen, sacos de romero
que alfombraran los tronos y flores que al llegar, convierten en
jardines los rincones del
templo a la espera de ser colocadas en los tronos. Cabezas de
varales, arcos de campanas y
juegos de tornillos que sólo algunos conocen de memoria, que se
unen a grandes piezas de
tela que se disponen entre los bancos y servirán entre otras cosas
para cubrir las mesas de los
tronos.
Allá en la capilla del Calvario, todo queda ya también casi listo.
Los hermanos se afanan
en colocar el maravilloso olivo bajo el que Jesús rezará dentro de
pocas horas. La palmera del
trono de la Pollinica está también acabada. Y en el trono del
Señor de la Columna un hermano
está terminando de ajustar los faroles.
Entre tanto, en la capilla del Sagrario, un pequeño grupo empieza
a dar forma al
monumento. Una mesa ovalada representará la Última Cena y rojas
cortinas realzarán el altar
de la reserva. Pero todo a su tiempo, el Jueves pronto ha de
llegar.
Mañana es Domingo de Ramos y nada puede fallar.
DOMINGO DE RAMOS
POLLINICA
El sol brilla en un cielo de intenso azul que contrasta con las
blancas casas de Álora, es
la mañana de las palmas y olivos. Los niños corretean nerviosos
junto a sus padres, saben que
la primera procesión de la Semana Santa está muy cercana ya. Los
que ya dejamos atrás la
niñez vivimos esa mañana con una ilusión especial, con un nervio
contenido que pronto se
hace recuerdo de pretéritas mañanas en la que estrenando ropa
salíamos a la calle de la mano
de nuestros padres o abuelos deseando ver los tronos.
Ese recuerdo se hace más fuerte cuando pasamos la puerta de la
iglesia y vemos sobre
su trono a Jesús a su entrada en Jerusalén. La viva imagen de la
sencillez. El Hijo de Dios, el rey
de reyes montado en un humilde pollino. Junto a Él su Madre, la
Virgen del Amparo y
Auxiliadora, una advocación tan relacionada con la juventud. Una
juventud que es germen de
nuevos cofrades. Siempre se conoció en Álora a esta hermandad como
«la procesión de los
niños».
Tras la misa de palmas y olivos en el templo se palpan los nervios
y el murmullo se
hace contínuo a la espera de que las puertas de la nave central se
abran de par en par y suene
la primera campana de la Semana Santa. De repente se empieza a oír
a lo lejos el ronco
sonido de los tambores. ¡La banda viene llegando!
Jesús entra triunfante en la Jerusalén Iluritana, recorre sus
calles y plazas entre la
alegría del gentío que porta ramitas de olivo y cruces hechas de
palmas en la solapa. Jóvenes
vestidos con blancas túnicas escoltan y portan el trono. La banda
toca la primera marcha, la
que inaugura la Semana de Pasión.
Jesús entra triunfante en la ciudad que en unos días le verá
morir. El hijo de Dios,
quien podía haber entrado con la mayor de las glorias, lo hizo a
lomos de un humilde pollino y
así nos lo recuerdan los hermanos de la hermandad de la Pollinica.
En el trono, junto a Jesús,
su Madre, la Virgen del Amparo, quien aun sabiendo lo que cerca
está, esboza una leve sonrisa
en su rostro. Quién sabe si en un intento de consolar a su Hijo.
Tras haber recorrido las calles de Álora derramando su Bendición,
Jesús a su entrada
en Jerusalén y la Virgen del amparo vuelven a la Parroquia,
sabiendo que han despertado en
todos cuantos los han visto pasar, sus más bellos recuerdos de la
niñez.
COLUMNA
La alegría que se ha vivido por la mañana da paso a la serenidad
de la tarde. Pasados
pocos minutos de las cinco, las puertas de la nave del Evangelio
de nuestra Parroquia se abren
para dejar salir a uno de los más perfecto cortejos procesionales
de cuantos salen a la calle en
Álora. La seriedad va impregnando poco a poco el recorrido de un
respetuoso y ordenado
silencio, quebrado solo por las campanillas de los más pequeños de
la fila. La calle Benito
Suárez se va tiñendo de morado y blanco.
Mientras tanto, en el interior del templo sucede algo que muy
pocos tienen el
privilegio de ver. Los rayos de luz que entran por las ventanas
cortan el aire teñido de un
traslúcido humo blanco de incienso. El cuerpo de acólitos que
durante la procesión asistirán el
altar, el trono del Señor de la Columna, aguarda bajo el dintel de
la puerta y en el silencio que
reina en ese momento se oye la voz del mayordomo. Al toque de la
campana, el trono se
levanta.
Tras el primer paso, empieza el batir de la caja. En el más bello
de los homenajes que
hacen los jóvenes que conforman la sección a la memoria de los que
ya no nos acompañan
corporalmente, comienza. Desgarran el aire las notas de La muerte
no es el final. Esta marcha
acompañará los pasos del Señor por la nave central de la Parroquia
y oyéndola, todos los
presentes nos hacemos partícipes de esa oración cantada, «con la
esperanza en que Tú ya les
has devuelto a la Vida, ya les has llevado a la luz».
Y sale a la calle el «Héroe». El Hombre justo martirizado,
golpeado por cuarenta
latigazos, que con boca entreabierta y gesto fruncido se resigna,
atado a una columna,
despojado de su ropa y a punto de ser coronado de espinas. Entre
marchas de corte fúnebre
avanza el cortejo por las calles para realizar una espectacular
bajada por la calle Santana, en
busca ya del camino de vuelta hasta la Parroquia.
Serán de nuevo las puertas de la nave del Evangelio las que vean
avanzar hacia ellas la
yerta imagen de Jesús flagelado. El patio de los Naranjos se
convierte por unos momentos en
el pretorio del palacio de Pilatos, mientas que las campanadas de
la marcha Héroe, tañidas en
el mismo trono cortan el aire. Ya la noche ha caído y entre el
recuerdo de sus primeras salidas
procesionales, aquellas que se producían en la tarde noche del
sábado de pasión y que
consistían en un austero Vía+Crucis por calles adyacentes a la
Parroquia, el Señor de la
Columna se recoge, inmerso en un respetuoso silencio roto sólo por
los aplausos.
HUERTO
Mientras todo esto sucede, la joven y elegante cofradía del
Huerto, se encuentra ya en
la calle. Llegaba el reloj a la media tarde cuando Jesús orando en
el huerto, majestuoso en su
dorado trono salía de su capilla del Calvario. Nazarenos de
blancas túnicas y rojos capirotes
escoltaban su bendita imagen.
Para la vista es un deleite, contemplar la imagen arrodillada de
Jesús bajo el olivo, con
el ángel confortador que sostiene el cáliz y la cruz cuando, desde
la pronunciada cuesta, se
está llegando a la capilla. El Hijo del hombre, que pidió a Dios
que apartase de Él ese cáliz, pero
que se hiciese la voluntad de Dios y no la suya propia. Su
contemplación sirve para tomar el
aliento que nos ayuda a culminar el camino hasta la Ermita.
El Señor del Huerto bajará la calle principal de su barrio entre
el cariño de unos vecinos
que hacen de Él su guía, su estandarte, su compañía durante todo
el año. Testigo de excepción
del cariño de su gente será su Madre, Nuestra Señora de la Paz,
que preside en estos días el
altar Mayor de la capilla. El tiempo quiso que después de haber
permanecido juntos en el taller
de Álvarez Duarte durante su hechura, ahora, casi treinta años más
tarde, permanezcan juntos
en la capilla para siempre.
Los vivas pronto empezarán a llover desde los balcones de la
calle, al igual que los
pétalos de flores. Y a su llegada a la Vera Cruz, toda Álora lo
está esperando para ser testigo de
una de las más bellas estampas de nuestra semana grande. Esa curva
imposible entre el
Camino Nuevo y el Callejón. Los largos varales se van abriendo
paso-no sé cómo- entre el
gentío que aplaude. Como banda sonora, el himno Nacional. El Señor
del Huerto deja por unas
horas su barrio, para pasear por Álora.
No menos espectacular será la vuelta a su casa. La pronunciada
cuesta hará que los
hombres de trono redoblen esfuerzos en subir a un paso más rápido
de lo normal, tomando
aliento encararán la última pendiente, la que lleva de nuevo al
Señor junto a María, la reina de
la Paz.
LUNES SANTO
Amanece el Lunes Santo. No es día de procesiones en nuestro
pueblo, pero es un día
intenso para mí y mis compañeros de gremio. Desde hoy en adelante
se sucederán sin tregua
preparativos de cara al próximo Jueves Santo. Se termina de sacar
brillo a los tronos y enseres,
las velas aguardan en las cajas su reparto entre los nazarenos.
La escalera parece ser un elemento más de los tronos, pues ya no
se separará más de
ellos hasta que no haya llegado el momento de la procesión.
Incontables serán desde hoy las
veces que haya que subir y bajar del trono. Y es que empieza el
ajetreo típico de estos días, el
no parar, esas idas y venidas que de niño llamaron mi atención y
que cuando entré a formar
parte de ellas, se convirtieron para mí, en una forma de vivir.
Pero de entre todos los preparativos, para mí, hay uno muy
especial. El que espero
durante todo el año y que es uno de mis mayores orgullos: subir a
la capilla de las Torres, junto
a Juanito y esperar ansiosos la llegada de Paco Lucas con la ropa
del Señor. Carmen y Pilar
traerán cada una un ángel, y Leandrito… ¡ay! El ciclón de
Leandrito, lo querrá traer todo. Pero
este año en ese coche faltará un gran jesuita que nos ha dejado
hace pocos meses. Este año
Salvador estará con nosotros, pero desde algún lugar del cielo,
guiándonos, a Juan y a mí para
que le pongamos los cordones a Jesús lo mejor posible.
Cada enser irá quedando colocado en su lugar, cada elemento de los
tronos afianzado
en su correcta posición, cada paño perfectamente planchado quedará
prendido de su soporte
cubriendo la mesa del trono. Y bajo los tronos, los albaceas se
encargarán de que no falte ni un
detalle. Todo va quedando poco a poco preparado para la salida
procesional, tal y como
sucedía la pasada semana en las hermandades del Domingo de Ramos.
MARTES SANTO -TRASLADOMartes
Santo. Al caer la tarde, el Santísimo Cristo Crucificado de las
Estudiantes espera
en estos mismos escalones la llegada de sus hermanos para el
traslado hasta el castillo de las
Torres.
Los hermanos ataviados de traje oscuro portan sobre sus hombros la
Cruz del Cristo de
los Estudiantes. Una singularidad especial imprime a la salida por
el panteón el silencio y el
respeto reinantes, mientras la imagen de Cristo Crucificado avanza
entre luces de antorchas.
La torre campanario es fiel testigo de esta salida y como banda
sonora, las notas del
Gaudeamus Igitur interpretadas por la capilla musical de la
familia Gutiérrez, los Silleritos.
Familia que conjuga esta noche de Martes Santo sus dos grandes
pasiones: el Cristo de los
Estudiantes y la Música.
Bordeando la Plaza Baja, el cortejo tomará la calle del Carril,
que este año presenta un
maravilloso aspecto tras su remozado. Las estaciones del
Vía+Crucis que se han incluido en su
pavimento servirán de guía en el rezo de las oraciones, para
pronto llegar a uno de los
momentos más pintorescos de este recorrido, el momento en el que
el Cristo Crucificado
avanza entre la oscuridad de la calle por el entorno más cercano a
las centenarias murallas de
la fortaleza.
Tras estos bellos momentos, viviremos la llegada a la capilla de
las Torres, donde
quedará entronizado a la espera del gran día.
MIÉRCOLES SANTO -VIA+CRUCISEl
miércoles santo es un día reservado al recogimiento y a la
preparación espiritual de
cara a los días que están por venir. Los hermanos de la Hermandad
del huerto procesionan a
hombros al Cristo crucificado de la iglesia de la Vera Cruz.
Es la noche del Vía Crucis, la noche en la que acompañamos a Jesús
en su amargo
camino hasta el Gólgota. Esa noche somos testigos de la
injusticia, de una condena a muerte,
de un duro camino con una cruz a cuestas y de tres caídas a
tierra. Esa noche estamos
presentes cuando Jesús es despojado de sus vestiduras y clavado en
la Cruz. Y lo vemos morir
por nuestra causa.
Pero en este vía crucis somos testigos también del encuentro de
Jesús con su Madre, y
somos Verónica que limpia su rostro, y Cirineo que ayuda al Señor
a llevar su Cruz y somos
además las mujeres de Jerusalén que Jesús consoló en el camino de
la Cruz.
Esta noche tomamos conciencia al descender a Jesús de la Cruz y
colocarlo en el
sepulcro, que ese hombre Justo, el Hijo de Dios, murió por nuestra
causa, pero también
tomamos conciencia de que por esa muerte, fuimos redimidos.
Tomamos hoy conciencia de las dos caras del ser humano, el mundo
es testigo de las
más cruentas maldades del hombre: injusticias, malos tratos,
vejaciones, omisión de
ayuda…pero también descubrimos que hay cirineos en el mundo que
ayudan a cargar a cada
cual con su cruz y hacen su camino más fácil. Y descubrimos de la
mano de Jesús, que hay que
vivir el perdón.
JUEVES SANTO
BANDAS
Después de una mañana con toques festivos y aroma familiar, con
perotes que viven
por otras tierras de nuestra España…y fuera de ella, que se
reencuentran tras un año entero.
Una mañana de visitas a la iglesia y la capilla de las torres, de
incesante trabajo y ajetreo entre
la iglesia, el panteón y la calle Atrás. Cuando pasa esa mañana de
tertulias callejeras y
preparativos en las casas, el reloj se va acercando a las cinco de
la tarde. La Fuente Arriba se va
colmando con el gentío que llega por todas las calles que allí
convergen.
Los nervios a flor de piel, tanto que cualquier sonido, por suave
que sea, se disfraza en
nuestros oídos del canto de roncos tambores.
-Parece que este año vienen ciento cincuenta Paracas…
-¡Uy que va, a mi me han dicho que han contado doscientos!
Es la comidilla que se oye en cada rincón de la plaza.
Álora espera la llegada de las bandas. La música, ese gran
elemento de la semana
santa, tan necesario como bello, que algunas veces pasamos por
alto, pero que nunca debería
ser así. Sus oraciones, lanzadas al viento en forma de bellas
melodías, nos hacen emocionarnos
en cada marcha. Una música que se asocia para siempre a cada
imagen y que van directas de
la retina y el oído, al corazón de cada espectador.
Cuanta importancia y tradición tiene para los perotes la música en
general y la música
cofrade en particular. Cuatro son las formaciones musicales en
activo en nuestro pueblo. Y no
es sólo artística su labor, sino que fomentan entre sus
componentes los valores de la amistad,
el compañerismo y la cultura. Respetemos pues su trabajo, no solo
en Semana Santa, sino en
cada una de sus actuaciones, ya sean bandas locales o foráneas. Su
trabajo, es nuestro deleite.
¡Y ahora sí! Los ecos que trae el viento son los de los tambores,
cada vez más fuerte. Y
aparece por la curva la Balita el guion de la Brigada
Paracaidista. La imagen se repite un año
más y el público estalla en aplausos cuando oye de nuevo el
Bolero. Tras ellos, el Hacho,
Dolores, Jesús, y la Banda Municipal, entrarán a la plaza y
tocarán sus mejores marchas.
OFICIOS
Es Jueves Santo de la Cena del Señor, el día del Amor Fraterno. La
parroquia ha
cambiado los cuaresmales ornamentos morados por los blancos
eucarísticos. El Sagrario
permanece vacío y con su puerta abierta en el Altar de la Reserva.
En la noche del día que
relumbra más que el sol, Jesucristo instituyó la Eucaristía. Tras
la hora Santa, finaliza la
Cuaresma, comienza el Triduo Pascual. Cuando finalice la Liturgia
de hoy, Dios vivo y verdadero
quedará reservado en el Monumento. Y es por ello por lo que el
Sagrario debe ser, hoy y
siempre, eje y centro de nuestra vida, como cofrades y como
cristianos.
PROCESIÓN
SEÑOR DE LAS TORRES Y CRUCIFICADO DE LOS ESTUDIANTES
Es media tarde y al girar por la última curva de la calle Ancha,
allí se ven, en la
explanada del castillo ya esperan el Señor de las Torres y el
Cristo de los Estudiantes que
empiece su procesión. Los últimos metros de la cuesta parecen
kilómetros para aquellos que
ansían encontrarse cara a cara con el Señor. No obstante, cuando
se corona la calle, la
recompensa es grande. Al igual que durante toda la mañana por el
pueblo, aquí se suceden los
reencuentros de amigos y familiares pero sobre todo, se vuelve a
producir un año más el
reencuentro con Ellos.
El Nazareno de Álora y el Cristo de los Estudiantes, imponentes,
mayestáticos al pie de
esa fortaleza y reinando sobre la espectacularestampa que conforma
el valle del Guadalhorce
visto desde el cerro de las Torres. Y es en los momentos en los
que los últimos rayos de sol del
atardecer van tiñendo el cielo de abril de un color rojizo, cuando
da comienzo la primera
procesión del Jueves Santo.
El Señor de las Torres inicia su lento caminar por su calle, que
luce como ningún día del
año porque el principal de sus vecinos va a pasar por ella,
recogiendo las oraciones de sus hijos
y derramando sus bendiciones sobre ellos. La calle Ancha se
convierte en la mayor de las
avenidas de Álora, porque el Señor de las Torres va al encuentro
de su pueblo. En la plaza baja
cientos y cientos de almas llenan cada rincón, las miradas están
clavadas en la esquina
derecha, pero no todas. Algunas buscan unos metros más arriba una
escena de singular
belleza: la aparición del trono por la curva para encarar el
último tramo de la calle.
Y es al llegar a la plaza cuando el pueblo estalla en júbilo.
Aplausos y vivas para recibir
al Señor y acompañarlo en todo su paso por ella hasta entrar en la
calle Benito Suarez. No
menos bella es la estampa que a continuación se produce. Siguiendo
los pasos del Señor, entra
en la plaza Baja el Cristo Crucificado de los estudiantes. Testigo
de excepción de estos
momentos son María Santísima del Amor y san Juan Evangelista, que
ya se encuentran bajo el
arco de la iglesia.
La procesión continúa su recorrido. El Señor de las Torres y el
Cristo de los Estudiantes
pasearán por el pueblo y tras la hermosa bajada por la calle
Santana, llegamos a uno de los
momentos más íntimos de esta procesión. Al entrar en la calle
Atrás se crea un paréntesis.
Entramos en unos momentos en los que parece que cada una de las
personas que acompañan
al Señor de las Torres se queda completamente sola con Él. En
estos momentos todo
desaparece. No hay cortejo, no hay música, no hay Hermandad. Tan
solo está Él, con el peso
del leño cargado y cada uno de sus hijos. Y con ellos, sus
recuerdos.
Y unos metros más abajo, otro año más se volverá a repetir el
encuentro, Señor de las
Torres y Cristo Crucificado cara a cara. Y ellos nos recordarán
con el simple contemplar de sus
imágenes, que el camino de la vida puede ser duro cuando cargamos
con nuestra cruz, pero
cuando llegue el momento final, Cristo, Crucificado y Resucitado,
nos acogerá en un inmenso
abrazo que nunca terminará. Porque Tú, eres la esperanza, el cielo
que se alcanza y en Tí,
estará nuestra salvación.
AMOR Y SAN JUAN
Del Discípulo amado en compaña va la Virgen del Amor. Siempre
juntos desde que
estando al pie de la Cruz, el mismo Jesús la convirtiera en su
Madre. San Juan con gesto triste
pero sereno va guiando el camino de la Virgen. El camino de la
Esclava del Señor hacia el
mayor de los dolores: la muerte injusta de un hijo.
Pero san Juan conforta a María, la recibe en su casa como debemos
hacer todos los
cristianos, recibir a María en nuestra casa y en nuestro corazón,
porque sólo así, nacerá en
nosotros su Amor.
Y es Ella, la Virgen del Amor la que me acercó a esta humilde y
casi familiar cofradía.
Bajo su serena mirada conocí a unas personas sencillas y de gran
corazón, que conforman una
gran Hermandad, en el sentido más absoluto de esta bella palabra.
Una Hermandad que, de su
humildad, saca su fortaleza para procesionar año tras año con el
más perfecto de los pasos a
sus Sagrados Titulares. Todo el trabajo realizado, todo el
esfuerzo hecho, todo el afán puesto y
toda la ilusión por continuar, nace del Amor que emana de la
Santísima Virgen.
Y llega su gran día, esta noche de Jueves Santo, la Cofradía de
San Juan sale a la calle.
Las túnicas verdes hacen piña junto a un trono en el que, con
admiración, vemos en lo que se
han transformado aquellos donativos que Antonio el Largo llevaba
en su taleguita verde y en
la que a la voz de pa` los claveles, se acercaba a todo el que se
encontraba: un espectacular
jardín hecho con las más bellas flores que adornan el paso del
Discípulo amado y de la Madre
del Amor.
A los sones de la marcha Amor y san Juan, la procesión avanza por
las calles en busca
de una de las más espectaculares: la calle la Parra. En ella, el
trono subirá en volandas en un
esmerado esfuerzo bajo la atenta mirada del público allí
concentrado, ansioso de vivir ese
momento.
Continuarán su recorrido hasta llegar a la plaza Santa Ana, donde,
después de un
pequeño descanso, veremos una de las más hermosas estampas de la
noche. La viva imagen
del cariño hacia una hermandad: el momento en el que bajo los
varales de su trono, podrán
verse no solo las túnicas verdes, sino que se habrán acercado
nazarenos de Dolores y del Cristo
de los Estudiantes para meter el hombro. Y alguno habrá de Jesús,
¡que hasta toque la
campana!
Entre el cariño de su pueblo, la Hermandad continuará su caminar
por la Fuente Arriba
y la calle Atrás para llegar hasta la Parroquia, donde pondrá fin
como cada año a su procesión,
sin embargo este año, hay un matiz. Este año el trono caminará
exultante, sus portadores irán
más orgullosos de lo normal, porque este año los hermanos de San
Juan presentarán al pueblo
el fruto de su trabajo, el fruto de la pasión por su hermandad.
Este año se presentará ante
Álora la nueva imagen de María Santísima del Amor.
DOLORES
¿Quién es esa Mujer que angustiada
vacilante y llorosa camina?
¿Quién es esa Mujer tan Divina?
¿Quién es esa Mujer Celestial?
Esa triste mujer es la Virgen de los Dolores. La Señora de Álora,
que esta noche
consuela sus penas ayudada por sus hijos. Los hermanos de su
hermandad y el pueblo entero,
que esta noche le dan, como dice la letra de su Himno: «amor,
cariño y paz», para que su
Imagen se ilumine.
Y en su trono, majestuosa, bajo palio y vestida de reina, Nuestra
Madre y Señora sale a
la calle al encuentro con su gente. Un año más, Álora la espera
para rezarle y compartir con
Ella su dolor. Tras la complicadísima salida del templo, la
procesión inicia su caminar. Por
delante un recorrido de estrechas y empinadas calles que le
confieren a esta procesión una
singularidad especial.
Al recorrer la angosta calle Zapata, los hombres de trono encaran
la complicada calle la
Parra. De un solo tirón y al ritmo de una sonora marcha, el trono
parece volar calle arriba.
Desde la mediación de la calle, la mirada de la Virgen parece
cruzarse con la de aquel eterno
nazareno negro, cuyo recuerdo, infunde aliento a los portadores
para continuar la subida de la
calle hasta su casa Hermandad.
Uno de los recuerdos que la Virgen tare a mi mente en estos días
es que, siendo aún
un niño, subía al dormitorio de mi abuela a por un rosario de
cuentas blancas que limpiaba con
esmero y guardaba en una caja de madera junto a un colgante en
forma de lágrima con una
piedra verde y un broche con una pequeña amatista. Solía ser una
tarde de Miércoles Santo,
cuando esperábamos la visita de Diego, que venía a por las cositas
de la Virgen para ponérselas
en el pecherín esa noche.
Y de nuevo en la procesión, a su paso por el Ayuntamiento, la
Virgen recibirá, como lo
han hecho antes las otras cuatro sagradas Imágenes, la oración
hecha canción más sentida:
una saeta. Durante este momento tan solo el golpeteo de los
rosarios contra las barras del
palio será el acompañamiento y ritmo de esta sentida canción.
A su vuelta a la iglesia, la Virgen de los Dolores será la
encargada de poner punto final
a la procesión del Jueves Santo. Y digo procesión, en singular,
porque así la entiendo yo: como
una única procesión en la que participan tres cofradías. Esto es
HERMANDAD: una noche en la
que acentuamos más que nunca nuestros piques y en la que a la vez,
los dejamos aparcados
para ser hermanos, sin importarnos que la túnica sea verde, azul,
negra o morá.
VIERNES SANTO
HACHO
Aparecen en el cielo los primeros albores de la mañana. Los rayos
del sol tiñen las
piedras del monte Hacho de un intenso color dorado. Pareciera que
la atalaya que domina
Álora quisiera convertirse en la más ornada de las peanas que
soporte en el mundo la CRUZ,
para que desde esta tarde, cuando se apaguen las velas, sea
adorada por la cristiandad.
Amanece el Viernes Santo de la Pasión del Señor.
DESPEDÍA
Un pellizco en el estómago hace que por muy tarde que nos hayamos
acostado
nuestros ojos se abran antes incluso de que la música empiece a
sonar. Carreras dentro de las
casas al oír el rumor de los tambores. Todos corren al balcón, los
Paracas están entrando por
la curva de la Balita. Y pocos minutos después llegará la Legión.
El Novio de la Muerte sonará
en la plaza recordando a nuestro pueblo que la Despedía va a
comenzar. La Infantería española
que bajo la protección de la Inmaculada Concepción de la Virgen
María vela por nuestra
seguridad y nuestra libertad, se da cita hoy en Álora para dar
escoltar a Jesús y a Dolores en su
caminar por las calles del pueblo y pedir también a Ellos su
protección.
Cuando se cruza el dintel de la puerta de la iglesia ya se pueden
palpar los nervios y la
ilusión. Los albaceas dan los últimos repasos a las flores en los
dos tronos. La noche antes, con
la oscuridad y el cansancio pasan desapercibidos los huecos y las
imperfecciones. Pero ya sí,
todo está listo, la procesión puede empezar, no sin antes recordar
con una oración a los que
en su día fueron portadores de los tronos y hoy verán la Despedía
desde la mejor de la
tribunas.
Son las diez de la mañana y el sonido de la campana corta el aire,
el trono del Señor
toma la calle. Comienza una procesión jubilosa y popular que es
sello de nuestra idiosincrasia
perota, una procesión tumultuosa y que en su desorden, es la mejor
de las procesiones porque
es la nuestra, la que Álora ha sabido hacer ese día.
Poco a poco avanza por la calle Atrás, para llegar entre vítores a
la plaza de la Fuente
Arriba, las calles en un incesante goteo se van llenado de público
que asiste expectante. Entre
tanto, de vuelta en la plaza Baja, la Virgen de los Dolores recibe
a su salida la oración de los
legionarios, y con marcialidad y desgarradora fuerza, suena el
Novio de la Muerte.
El sol y la fresca brisa de la mañana acarician los rostros de los
cofrades, negros y
moraos. Que a nadie se le haga raro hoy ver túnicas del otro color
en uno u otro trono. Los
nazarenos morados quieren llevar a la Madre del Señor de las
Torres y los hijos de Dolores
quieren aliviar el peso de la Cruz del Hijo de Dios.
El gentío va cubriendo cada rincón de las calles, tanto que no hay
un milímetro de
suelo a la vista. La emoción aflora cuando los portadores de la
Despedía se acercan a los tronos
para tantearlos. Esos ocho hombres que a las dos de la tarde
clavarán sus rodillas en el suelo
cargados con el peso de los tronos, pegan sus hombros al varal
para ir haciendo el cuerpo. Y si
emotivo es ese momento, más aún lo es cuando estos nazarenos se
acercan al otro trono para
probarlos y hacer su ofrenda floral a las Sagradas Imágenes. ¿Cabe
más hermandad en estos
gestos? Yo diría que poca.
Los tronos avanzan por el itinerario previsto, pero el horario
nunca es el acordado. Los
vistazos a los relojes se suceden, pero apuesto en que, en ninguno
de ellos, se llega a ver la
hora que marcan…Los nervios se van apoderando de los cuerpos.
Ante el Ayuntamiento el Señor y la Virgen reciben el canto
emocionado de las saetas,
que desde el balcón de la casa de todos los perotes salen de las
gargantas de grandes maestros
de la copla, que se hacen aún más grande por el amor y el
sentimiento que en sus saetas
derrochan. Y es al llegar a sus casas hermandades cuando las
Sagradas Imágenes reciben la
ofrenda, el respeto y la oración de las tropas Paracaidistas y
Legionarias que un año más, fieles
a la tradición, acompañan a estas en su procesión.
Y continúa la procesión. El Señor entra en la plaza Baja. El trono
se va abriendo camino,
nadie sabe cómo, entre ese mar de almas que esperan la gloriosa
ceremonia, hasta llegar a la
calle Atrás. Dolores, entre tanto, va llegando a la esquina de la
calle Bermejo. Las tropas que
acompañan ocupan sus lugares en la plaza, y, mientras, los
albaceas dan los últimos repasos a
los tronos. Se afianzan los tornillos, se repasan las cuñas que
fuerzan los varales contra las
estructuras de los tronos y se quitan las campanas. Desde este
momento las órdenes
emanarán sólo de gestos y gargantas.
Mientras todo esto está pasando fuera, en la plaza, en dos lugares
distintos hay
dieciséis hombres que se preparan. Fajas, túnicas ceñidas a la
cintura como solo ellos saben.
Oraciones previas, abrazos y golpecitos en hombros y mejillas. Los
dieciséis puntales que
sostendrán los tronos saben que sobre sus hombros, no solo recaerá
en breve el peso de los
tronos, sino el de la tradición y el orgullo de un pueblo.
A la señal convenida del Mayordomo, los tronos entran en la plaza.
Novio de la Muerte
y Bolero. Bolero y Novio de la Muerte, ambos tronos bailan a los
mismos sones bordeando la
centenaria plaza y al subir arriba, se produce el ansiado momento.
Jesús y Dolores frente a
frente, cara a cara, va a comenzar la mal nombrada Despedía. Mal
llamada porque a mi
entender, no es una despedía, sino que es un reencuentro. El feliz
reencuentro de una madre
con su hijo.
Con precisos gestos hechos con sus manos, el maestro de ceremonia
irá dando las
órdenes necesarias para que este centenario rito se produzca un
año más. Tres hincás, de las
rodillas, tres genuflexiones dónde el tiempo se detiene. Tres
manifestaciones de una fe que
sólo los hombres que permanecen bajo los varales entienden y que
no seré yo quien ose
describirla. La plaza entera vibra en un extraño y ruidoso
silencio. Respiración casi contenida y
un suspiro exhalado al unísono en cada levantá.
El rito se ha completado. Los hombres de trono vuelven a sus
puestos. La Virgen
avanza hacia Jesús, y ambos tronos van abandonando la plaza en
busca de la embocadura de la
calle Ancha. Comienza aquí la que, para mí, es la verdadera
despedía. El adiós de la Madre a su
Hijo que subirá el monte en busca del Martirio. Ella sabe que no
lo volverá a ver, que ha
llegado el momento en que se cumpla la fatal Profecía. Por eso
llora, por eso no quiere dejarlo
marchar e inspira en los corazones de quienes la portan, que
levanten sus brazos y tiendan sus
manos a quienes llevan a hombros a su Hijo, para que con sus manos
entrelazadas retrasen
unos segundos más la marcha hacia el Gólgota del Hijo de Dios.
Pero lo tiene que dejar marchar. A hombros de paracaidistas, el
Señor sube la calle
Ancha, que parece que se estrecha para no dejarlo ir, a paso
ligero, mientras su Madre entre
lágrimas lo ve marchar desde la plaza. Plaza que aún ha de bordear
la Señora para cruzar la
puerta principal de la Parroquia, culminando así, su procesión. Y
al llegar a las Torres, tras los
gritos y la oración Paracaidistas, las rodillas volverán a caer a
tierra tres veces con la oración
del Padrenuestro en memoria de los caídos de Álora, de la
Hermandad y de la Brigada
Paracaidista.
Suena el himno nacional culminando con él, la salida procesional
del Señor de las
Torres. Llega así, para este albacea, su momento más esperado, el
más íntimo de todos, el de
librar a Jesús de esta corona de espinas y del peso de su cruz, en
el transcurso de una muda
conversación.
OFICIOS
Tras lo vivido durante la mañana, todo queda en silencio, ha
llegado la hora Nona, la
hora en la que Cristo expiró. El cielo quedó en tinieblas y el
velo del templo se rasgó. Las velas
se han apagado, las campanas han enmudecido y la Parroquia, que
ayer lucía ornamentos del
más puro color blanco, hoy permanece sobria, fría, y el rojo
litúrgico de las vestiduras del
sacerdote nos recordará la Preciosa Sangre derramada de Jesús. La
piedra de mármol del Altar,
en la más absoluta desnudez, soportará tras los oficios el Árbol
de la Cruz, donde estuvo
clavada la Salvación del mundo.
PIEDAD
La penumbra y el Silencio toman las calles del pueblo. Tres secos
golpes llenan el aire
de la Vera Cruz, que ya se encuentra repleta de gente. Las puertas
se abren y el cortejo va
tomando la calle, el trono se levanta y las notas de « EL
SILENCIO» empiezan a inundar el aire.
Las andas salen a la calle, ya casi ha caído la noche y la tenue
luz de las velas ilumina la
más triste y dramática escena de cuantas hemos visto hasta ahora.
«Le descienden del Árbol sagrado, y en tus brazos lo ponen,
Señora». Unos brazos y
un regazo que un día fueron la cuna de un Niño y hoy, por el
pecado del hombre, se han
convertido en el catafalco de su Hijo. La Vida ha muerto para
darnos la vida.
La hermandad, con paso firme y elegante se dirige hacia la
Parroquia, va a efectuar
uno de los actos más acertados de los últimos años, Nuestra Señora
de la Piedad realiza
Estación de Penitencia en la Encarnación. Son unos momentos dignos
de ser vividos los que se
suceden durante esta Estación de Penitencia. El recogimiento, la
música, las oraciones y la
visión de la Señora cruzando estas imponentes naves, hacen de
estos momentos unos de los
más imponentes de la semana de Pasión.
Tras finalizar ésta, llega el momento en el que se verá una de las
más bellas estampas
de la noche, la Señora del Silencio abandona la Parroquia por la
puerta del Evangelio,
atravesando el patio de los naranjos, perfumado con el fresco
aroma del azahar, para encarar
la calle Bermejo en el regreso a su templo. Como testigo de
excepción, verá su discurrir por esa
calle el campanario, hoy mudo, de nuestra Parroquia.
En su camino de vuelta el cortejo recorrerá calles completamente
oscuras, que realzan,
aún más si cabe, la belleza de las procesiones de esta noche. A su
llegada a la Vera Cruz, esta
Hermandad volverá a hacer justicia al nombre por el que se la
conoce, y con el mayor de los
respetos, en el más absoluto silencio, Nuestra Señora de la
Piedad, volverá a entrar en su
templo.
SEPULCRO Y ÁNIMAS
Son las diez de la noche cuando la procesión del Santo Sepulcro
inicia su caminar. A la
calle salen los nazarenos que han cambiado su cíngulo dorado por
un fajín morado, el luto se
hace aún más patente. Por una plaza baja muy distinta a la de hace
solo unas horas, por una
plaza oscura y silente pasa ahora el Santo Entierro de Cristo.
Del Sepulcro la losa te oculta… El Señor ha muerto y los hermanos
de Jesús van a darle
sepultura. El más grande de los hombres yace sobre una mortaja de
hilo, presto para ser
ungido con la mirra con la que el día de su nacimiento, unos reyes
adoraron. Y así es
procesionado por Álora, en un sobrio catafalco alumbrado por
cuatro cirios, precedido por la
Reliquia de la Santa Cruz.
Tras el Señor, su Madre. Nuestra Señora de las Ánimas, acompañada
por cientos y
cientos de devotos que en su camino desde las Torres, forman un
verdadero río de almas que
alumbran su camino por la calle Ancha. Una calle Ancha que se ha
transformado por completo.
Si ayer recibía con aplausos a Jesús, esta noche ilumina sus
ventanas con lamparillas en señal
de duelo y de respeto por el dolor de la más ilustre de sus
Vecinas.
El silencio impera en la noche oscura. Noche que solo ilumina la
luz de una luna llena
que tiñe de blanco las nubes de abril y que nos transporta a
aquella noche de hace dos mil
años en Jerusalén. Una noche en la que dolor de la Virgen de las
Ánimas junto con el de Juan,
María Magdalena o Nicodemo se mezclaban con el miedo que provoca
la incertidumbre de no
saber lo que va a ocurrir.
Aquella misma luna es hoy testigo del hermoso encuentro de Nuestra
Señora de las
Ánimas con su hijo muerto cuando en su caminar hacia la iglesia de
la Vera Cruz, la Señor
encuentra a su Hijo en la calle Erillas, para luego continuar su
camino hasta su capilla. Un
camino sembrado de promesas, de puñados de velas blancas, ojos
cubiertos y pies descalzos.
Un camino de fe.
Llega el momento del último tramo de la procesión. La Señora no
quiere descansar e
infunde aliento a sus hombres de trono para subir la calle de un
solo tirón. La virgen quiere
volver porque las Ánimas la esperan en las Torres. Las almas de
tantos y tantos perotes que
encontraron allí, junto a Ella el descanso en este mundo y el
camino hacia el cielo.
Y el Señor de las Torres, desde su hornacina, aunque para nuestros
ojos está
abrazando su Cruz, para los ojos de su Madre tiene los brazos
abiertos, porque vuelve a
recibirla en su casa. Porque Madre e Hijo, vuelven a estar juntos.
SOLEDAD
Durante toda la noche se han sucedido las visitas a la cabecera de
la nave de la
epístola. Bajo su altar, en un trono de otros tiempos: la Soledad.
Álora asiste al Duelo a sus pies
para acompañarla, para vivir con Ella su dolor, y en tanto que
pueda, aliviar su pena. Sentados
ante la Señora, ella nos invita a orar, a reflexionar sobre la
oración universal que se ha hecho
durante los Oficios, y a recapacitar sobre nuestros pecados. María
es la sabia Madre que nos
aconseja y quiere guiarnos por el camino del bien y del amor, por
el camino que su hijo Jesús
predicaba. Y es sentados ante su doliente imagen cuando infunde en
nuestro corazón todo
ello.
Cristo ha muerto y tras su santo descendimiento de la Cruz, ha
sido sepultado. «Sola
quedo Hijo mío y por tanto, sola espero morir de dolor». Son las
doce de la noche del Viernes
Santo y Nuestra Señora de la Soledad sale a la calle. Atrás han
quedado el labrado trono, el
glorioso palio y los ricos bordados. Atrás han quedado velas,
joyas y flores. Sobre el último
trono de horquillas que queda en Álora va la Virgen de la Soledad,
vestida completamente de
negro, tocada únicamente con una mantilla negra, la cual, muchas
veces siendo niño saqué de
su cajón y preparé en una caja para que Diego Trujillo viniera a
casa a recogerla.
Impera la más absoluta sobriedad. Sólo dos ángeles acompañan a la
Virgen en su trono
portando un rosario y un pañuelo. «Ha llegado Tierna Madre, el día
del Sacrificio» cantan en
la iglesia acompañando el caminar de la Virgen hacia la puerta de
la Iglesia. Asistir a esta
procesión es casi transportarse a otros tiempos. Calles oscuras,
el sonido de las horquillas
contra el suelo, golpes de martillo sobre un sobrio varal de
madera y como único sonido, el del
ronco tambor que marca el lento caminar. Esta noche no hay banda.
El rezo del Rosrio es la
única partitura que, al unísono, resuena en las calles.
En el caminar del cortejo, la Virgen pasará por aquel añejo
recorrido de calles
estrechas y paredes encaladas, que hacen aún más austera la
procesión. En el entorno de la
calle Padilla sobrecoge mirar a la Virgen de frente. Parece que en
su cara hay todavía más
dolor. El dolor de una Madre abatida por la pérdida de un hijo, el
de la Esclava del Señor que
siendo partícipe de la Redención, no puede comprender en estos
momentos el porqué de la
muerte de Jesús.
Rojas velitas en los balcones de las casas que han permanecido
encendidas toda la
noche y así seguirán hasta que el fuego las consuma, parecen
querer ser partícipes de este
desfile alumbrando el camino de vuelta a la Parroquia. Y de nuevo,
frente a su altar, cuando el
sobrio trono de madera se pose en su lugar, los hermanos de la
Soledad, habrán puesto el
broche de oro a la noche del Viernes Santo. El pueblo de Álora
quedará entonces esperando
que se cumpla la profecía y ver de nuevo Vivo a Jesús.
SÁBADO SANTO
En la mañana en la que ya no hay procesiones, en la mañana de
cansancio del Sábado
Santo, los albaceas sacan fuerzas de no se sabe bien dónde para
continuar su labor. Hay que
desmontar los tronos, envolver cada enser, doblar cada prenda
bordada de las que las
Sagradas Imágenes lucían hace solo unos días, guardar cada cosa en
su lugar. Hay que hacer
orden en cada capilla, en cada almacén, en cada casa hermandad.
Hay que tratar de conservar,
a fin de cuentas, un patrimonio que muchos antes que nosotros se
esmeraron en conservar. Y
del que nosotros somos meros custodios.
Esa labor, se hace con un ánimo cambiado. Lo que hace días era
algarabía, hoy es
tristeza. Lo que hace días era ilusión, hoy es recuerdo y lo que
hace días era multitud, hoy es
una silenciosa cuasi soledad.
Este día es propicio para la reflexión. Reflexión sobre lo vivido,
sobre los momentos,
sobre los adornos de flores y las vestimentas de la Virgen. Pero
sobre todo, es día de reflexión
sobre lo que hemos conmemorado. Cristo ha muerto por perdonar
nuestros pecados y
debemos fijarnos en su figura.
Hemos contemplado cómo el Rey de reyes entraba aclamado en una
ciudad a lomos
de un pollino, como al retirarse a orar, sus amigos caían en sueño
perdiendo su cuidado. En
estos días Jesús fue flagelado en una columna, fue humillado,
abofeteado y coronado de
espinas. Tuvo que cargar con la pesada cruz en la que luego
moriría. La cruz de nuestro
pecado. Y pese a todo ello, Él murió perdonando a quienes todo
aquello le hacían. Murió
prometiendo el paraíso a quién en Él creyó. Y yo pienso: ¿de qué
ha servido ese sufrimiento, si
nosotros no somos capaces de perdonar? ¿O de tan siquiera pedir
perdón?
Y viviendo junto a Él ese Calvario, su Madre, la Virgen María. La
divina mujer en la que
los Cristianos debemos encontrar refugio en nuestro dolor, en
nuestra desesperación, porque
solo Ella es el consuelo, solo Ella, la única verdad.
-VIGILIA PASCUALY
llegó la Noche Santa. Como proclama el solemne Pregón Pascual:
«Esta es la noche,
en la que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende
victorioso del Abismo». Esta noche
culmina el misterio de la Salvación.
La oscuridad de la Parroquia, iluminada solo por la tenue luz de
las velitas que han
tomado su Luz del Cirio Pascual, va dando paso a la de la
Resurrección. Desde esta noche ya
no habrá más tinieblas porque ¡Cristo ha resucitado! Desde esta
noche de Pascua ya no habrá
más tinieblas porque ha vuelto a la vida quien es Dios de Dios y
Luz de Luz.
Flores y ornamentos blancos dan más fuerza si cabe a la luz de
este cirio que hoy se
ilumina con fuego sagrado y que es para nosotros, pilar donde
apoyar nuestra vida y a la vez,
faro seguro que nos guiará e iluminará hasta el último día
terrenal.
Las campanas rompen su silencio en el rezo del Gloria. El
Santísimo Cristo Resucitado,
desde su trono preside la celebración con la que culmina el Triduo
Pascual y mañana domingo
será trasladado en una gloriosa y colorista procesión hasta la
iglesia de la Vera Cruz, donde
permanecerá durante todo el tiempo de Pascua.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
A su llegada a la iglesia, con el rezo del Te Deum se cierra la
Semana Santa pero no
termina la labor del albacea. En apenas una semana estará en la
calle la Madre de Dios,
Nuestra Señora de la Cabeza. La estación se prepara para recibir
con el corazón a la Señora. De
nuevo, preparativos, flores y amor, mucho amor.
Y es el Amor de los Amores Quien tomará las calles de Álora el
sexagésimo día de
Pascua. El día que relumbra más que el sol, porque Jesús
Sacramentado sale a la calle. De
nuevo se verán juntos al albacea y al niño que lo acompaña,
corriendo de un sitio a otro. En
sus manos las espigas segadas de las faldas del monte Hacho, el
que hace poco más de un mes
era Gólgota y que hoy encumbra glorioso el símbolo de los
Cristianos. Y el racimo de uvas
nuevas de parra que simbolizarán el pan y el vino y que han de
adornar el altar en el que
descansará en su caminar el Único verdadero Señor, centro y motor
de la vida del Cristiano. Y
la Bendición que se derramará desde la Custodia volverá a
fortalecer nuestra vida y nuestras
ganas de seguir al servicio de Jesús, para Mayor Gloria de Dios.
FINAL
Esta es nuestra Semana Grande, la de los cristianos, la del pueblo
de Álora, la que
vemos, palpamos y disfrutamos, pero este humilde albacea,
revestido hoy de pregonero, ha
hecho su propia Semana Santa a base de vivencias y sentimientos, y
para él, todo lo que se
vive en estos días se resume en unas cortas horas, las previas a
la procesión de su Señor de las
Torres.
Se lo voy a contar, imaginen por un momento que me acompañan.
*(Comienza a sonar la marcha «Nazareno de las Torres»)
Tras preparar mi túnica y el manojo de las llaves, vestido con
camisa blanca y los
zapatos del Jueves Santo, me voy a las Torres, mientras todos
descansan. Tengo que estar con
Él, esperando para abrir la puerta a cada visita. Pero antes, al
final de la calle Atrás, la parada
es obligada: San Juan y la Virgen del amor, maravillosamente
arreglados en su trono.
Recuerdos de grandes momentos, grandes personas y corazones aún
mayores, y
conversaciones con ella. Una rosa se asoma tímida en el borde del
trono, al verla, sonrío.
¡Y mi Virgen de los Dolores! Un poquito de mi corazón es doloroso,
no podía ser de
otra manera. Contemplo sus lágrimas y las mías asoman a mis ojos.
Bajo su manto, el más
bello homenaje a los que ya no están. Los nombres de mujeres y
hombres que durante su vida
le dieron su amor.
Subo la calle Ancha saludando a los vecinos que terminan de
engalanar sus fachadas y
llego a la capilla de las Torres donde me esperan Ellos tres.
Prendo un poco de incienso y paseo
con él ante la Virgen de las Ánimas, el Señor y el Cristo de los
Estudiantes. Empieza aquí «mi
Semana Santa».
En esos momentos de intimidad en la capilla, la Sagrada Imagen de
Jesús me trasmite
quietud, serenidad, alegría. Me hace revivir la ilusión del niño
que con trece años subió por
primera vez a ese trono dorado y del que nunca querrá bajar. Son
estos momentos de sosiego
en los que uno abre el corazón, da gracias por el regalo que día a
día me hace, al ver un nuevo
sol y pido. Pido por mis amigos, por mi familia, por los que
quiero, nunca por mí.
Comienza el goteo de visitas que quieren pasar un ratito ante las
imágenes.
Fotografías, piropos, recuerdos de quienes antes que yo, estaban
esa tarde en la capilla
desempeñando mi labor. Una de las visitas, ¡la más esperada! Mi
madre, que llega con mi
hermana y David, muchas veces también llega mi Blanca con ellos.
Me traen un dulce, que
también hay que comer «mira que luego la noche es muy larga». …Y
es que no hay na’ como
una madre.
A eso de las cinco el aire me trae el eco de tambores que resuenan
en la Fuente Arriba.
Las bandas están entrando y de un momento a otro recibo la
llamada, mi hermana pone el
móvil en alto para que escuche el Bolero, ¡los Paracas ya están
aquí! Pronto empezará a llegar
el personal.
Y hablo de nuevo con Él:
Parece que estamos llegando al final de mi Semana Santa, Padre. La
paz que reinaba
hace unos instantes, en la que solo estábamos Tú y yo, se torna
ahora un pequeño caos.
Portadores que llegan nerviosos, que se revisten con su túnica y
me piden que anude
sus cordones. «¡Qué honor Antonio, las manos que han atado los
Cordones del Señor han
atado ahora los míos…!» Me dicen. Lo que no saben es que más honor
me hacen ellos a mí.
Nazarenos ilusionados que buscan su estandarte, su bocina o su
maza. Ayudo a los
más grandes a revestirse con las albas y las dalmáticas. Cogen su
cirial y salen al patio, donde
van formando el cortejo.
Otro nazareno da vueltas como loco buscando la canasta de las
almohadillas
–Niño, ¿no os tengo dicho que están debajo de la mesa?
-La mía la tendrás guarda’ ¿no?
-Si hombre, la más gordita te la guardé esta mañana, ahora te la
doy…
Juanillo Zurrapa está contando portadores como loco. Nada más que
le sale la cuenta
manda bajar el trono al suelo, ahora te miro a los ojos y te pido
lo de siempre, «Padre, que no
pase nada, que todo vaya bien en estos días». Mientras, Juanito
aprovecha para estirar en
condiciones la túnica, ¡que tenía una arruga mu’ fea!
Entro en la capilla y no veo nada por la nube que se ha formado.
La niña del incienso
acaba de avivar el carbón y Javi ha echado la primera cucharada de
grano de la fragante resina,
el aroma llega al cielo y una sonrisa cercana alegra nuestros
corazones.
Ya está todo listo, solo falta encender las velas de tus faroles.
Y con cada una de ellas
un agradecimiento.
I - Gracias Padre por mi familia, que es lo más grande que se
puede tener en la vida. Amor
sobre todo y sin peros, eso es la familia.
II- Gracias por mis amigos, mi otra familia, la que yo elegí. Los
que están desde siempre, los
que han llegado y hasta por los que se fueron. Gracias por el
apoyo que suponen en los malos
momentos, Gracias por su entrega y porque nuestros corazones se
hayan unido para siempre
gritando un ¡VIVA!
III- Y gracias por los que gozan hoy de tu Abrazo Eterno, el
ejemplo que me dieron me hace
hoy sacar fuerzas para culminar mis proyectos como persona y para
trabajar incansable por y
para la Semana Santa de mi pueblo.
-
IV- Gracias Señor por mi querida Hermandad, con la que también he
crecido en lo físico y en lo
espiritual. Te pido que los nuevos hermanos que van llegando se
sigan entusiasmando e
ilusionando como en su día lo hicimos los que hoy estamos aquí,
porque en ellos está el futuro.
V- Gracias por todas las Cofradías de Álora, de las que tanto he
aprendido y tan buenos amigos
y hermanos me han dado. No comprendería mi Semana Santa si solo
una de ellas faltara.
VI- Gracias por las vivencias en mi hermandad de la Virgen de
Flores y por la que, desde hoy, es
mía también, aunque siempre lo ha sido, la de San Juan.
-
VII- Gracias Padre por enseñarnos a amar como Tú nos amaste.
VIII- Gracias por enseñarnos a perdonar como Tú perdonaste a
quienes injustamente te
quitaban la vida.
IX- Y gracias Señor, porque en aquella cena Pascual, te quedaste
para siempre con nosotros en
el Sagrario.
-
X – Gracias SEÑOR DE LAS TORRES por tus Palabras desde la Cruz.
Cuando viendo a tu Madre y
a tu discípulo amado dijiste: «ahí tienes a tu Madre».
XI- Y en SAN JUAN me veo reflejado, porque antes de morir le
entregaste a tu Madre y en él,
nos la entregaste a nosotros. La Madre de Dios es desde entonces
Madre nuestra. MADRE DEL
AMOR que Cristo nos da.
XII- Y gracias infinitas Padre, porque en este bendito pueblo, en
Álora, a nuestra madre del
Cielo la llamaremos siempre ¡¡FLORES!!
Ahora sí, todo está ya listo, la banda termina de formar, parece
que el cornetín de un
momento a otro hará la llamada del himno. Entre tanto, en estos
últimos momentos te pido
como siempre que oigas a quien te pide, consueles a quien te
llore, sonrías a quien te dé
gracias y mires con misericordia a todos cuantos en este mundo te
miramos y vemos en Ti, el
camino hacia Dios, Nuestro Padre.
Y pienso en mí. ¿Por qué yo entre tantos, Padre? ¡Yo, que tan poco
mérito hice para
tan alta recompensa! Desde muy pequeño me convertiste en la
persona más orgullosa del
mundo porque me dejaste acercarme a Tí, y hoy, cuando te veo
preparado y con todo un
pueblo esperándote; desde la puerta de las Torres, convertido en
aquel niño y junto a mi
amigo Juan, solo puedo decirte, una vez más, y que sea por todos
los años que Tú quieras,:
¡GRACIAS SEÑOR, POR ESTE PRIVILEGIO QUE ME HAS DADO!
-SUENA UN TOQUE DE ATENCIÓN DE CAMPANAYa
suena la campana, la procesión está a punto de empezar, el pueblo
busca su sitio en
el varal para meter el hombro en esta Semana Santa. Sí, en la
Semana Santa, porque esta
campana no anuncia que ha de levantarse tu trono, ¡no! Esta
campana llena el aire con su
sonido de algo más que una simple llamada, como heraldo de una
gran noticia, la campana
anuncia al mundo un mensaje que es tan alto como el timbre de su
sonido y tan sólido como
bronce de su cuerpo y es que:
¡¡CRISTO ESTÁ VIVO, Y ÁLORA REVIVIRÁ LA MÁS BELLA HISTORIA DE
AMOR FRATERNO: SU PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN, EN LA
SEMANA SANTA QUE EMPIEZA!!
-SUENAN LOS TRES TOQUES RESTANTES DE LLAMADA DE UN TRONOMálaga,
29 de Marzo de 2019
Antonio Morillas Lería
PRESENTACIÓN DEL CARTEL 2018
Presentación Cartel Oficial Semana Santa Álora
Reverendo Señor Cura Párroco, Alcalde del pueblo de Álora,
Autoridades, Hermana Mayor, Hermanos Mayores de todas las
cofradías de Pasión y Gloria, cofrades BUENAS NOCHES.
Qué suerte la mía, poder venir aquí a hablarte,
que suerte la mía poder estar aquí frente a ti… que suerte la mía…
Quien me diría a mí, que mi profesor de Educación Física, Carlos
Dimas, hace ya… algunos años, un día como hoy, me presentaría, y
además daría paso a esta conversación que vamos a mantener tú y yo
durante un rato, compartiendola con todos los presentes a los que
agradezco su presencia.
Yo, la nieta mayor de Antonio y Lola, tú bien me conoces, no hace
falta explicarte mucho. Tú, mi apoyo en tantos momentos, hoy,
vengo aquí a agradecerte tanto y quiero recordar junto a ti todos
los momentos que hemos vivido desde que tan sólo era una niña.
¿Por qué empezar? Quizás por este último año,
donde tú, junto a mi padre del brazo, me llevasteis al altar,
vestida de blanco, como mi saya favorita de María, a la que no
abandonas nunca y siempre tienes a tu lado…
Fíjate, hace ya, más de diez años, conseguimos que
se uniera a nuestra cofradía y parroquia, en la que nos
dimos el sí quiero el pasado septiembre, un pizarreño,
el cual vivía la Semana Santa desde fuera de una forma
distinta y a día de hoy es uno más de nuestra pequeña,
pero a la vez gran familia.
¿Cuántas veces he estado aquí vistiéndoos,
sentada
en las escaleras? Días de bullicio, prisas e
incertidumbre, pues la semana grande se acercaba…
Hablándote de la semana grande, aquí me detendré
un poco y te recordaré aquel primer año que no te
acompañé, aquel año, que con mi saxofón al cuello,
entraba a tu templo, y justo, en ese preciso instante, se
encendieron las luces de tu trono, ¡y quién me dice a mí
que eso, es coincidencia!, yo sin mi túnica, tú por la calle
Benito Suárez, y yo, en Plaza baja, aunque reconozco,
que a la vez me sentía orgullosa, orgullosa de ir tras el
manto y palio de Dolores.
No han sido pocas las veces que mi abuelo me ha
visto con algún amigo en Semana Santa y me ha dicho la
frase de: ¿Y este, que haces con este? ¿No irá a venir a la
casa con esa túnica, no? Allí todos los de “Dolores, los del
señor… da igual el color” tienen la entrada prohibida…
Pero tú sabes que me reía cuando mi abuelo decía eso,
bien sabías lo que pensaba, en la casa del largo la plaza,
no hay corazón que no sienta alguna imagen de pasión
de nuestro pueblo.
Y ahora me pregunto ¿será por esto, por lo que tras
de ti tantos años ha ido tu banda tocándote, donde
muchos de los componentes, pertenecían a otra
cofradía?
Aún me queda una duda, ¿eras tú, cuando de
pequeña se ensayaba esa peculiar marcha con las gaitas
en mi casa hasta altas horas de la noche, quien me
ayudaba a conciliar el sueño? ¿eras tú quien daba
fuerzas a mi padre para luchar por la banda, cuando
todo parecía estar en contra?
En mi casa ha habido de todo, trinchas, manoplas,
ropa, cornetas, banderas… pero, ¿Cuántas túnicas de
diferentes cofradías ha habido?
Bueno, quizá no tantas, porque llegaba el domingo
de ramos y tenía mi túnica blanca con sus botones
celestes, y justo, al entrar “la pollinica” por la puerta de
nuestra iglesia, estaba mi madre preparada y
rápidamente cambiaba los botones celestes por rojo, y
ya “tenía mi túnica para subir al calvario”, que… no ha
sido sólo de pequeña cuando he acompañado al señor
del huerto, imagen por la cual siento una especial
devoción…
¿Te acuerdas de los lunes, martes y miércoles, días
intensos, de un lado para otro donde antes los
miércoles, hasta altas horas de la madrugada estábamos
ultimado detalles, y llegaba el jueves casi sin darnos
cuenta?
Y aquí, ya siendo Jueves Santo, primera y
obligada
visita, Calle Ancha, tengo que subir temprano, porque
después, no tendré tiempo. “Lería, que feo está………....
Pa` reventá, me contestaba él”, y así, entre bromas,
echábamos un rato, hasta que tocaba bajar de nuevo,
para seguir ultimando detalles.
Después del encuentro de bandas y ya con nuestras
túnicas preparadas, se ven tus varales asomar por la
puerta, pero, espero que me disculpes, porque mi
mirada se clava en El Nazareno y Estudiantes entrando
a la Plaza Baja, que elegancia desprenden….
Ahora ya es tu momento, no tengo ojos para mirar
a otro lado, los nervios y tensión de los hombres de
trono se palpan en el ambiente, es el momento de salir y
verte pasear por las calles de tu pueblo, con ese paso
lento y elegante que te caracteriza.
Terminaba el jueves, después de verte subir Calle
La Parra o bajar Calle Santa Ana, entre otras muchas
escenas, pero yo, personalmente, me quedo con esas y
que no quedase ningún clavel en tu trono, llegábamos a
casa de mis abuelos, allí ya teníamos las camas
preparadas, porque de pequeñas siempre dormíamos
todos juntos.
El viernes no era menos tranquilo, tú bien
sabes
que Lola preparaba comida para casi todo el pueblo… el
despertador sonaba bien temprano, y no un
despertador normal, si no Brigada y Legión entrando a
La Plaza, y nosotras en pijama a los balcones, mientras
mi abuela, siempre preocupada, nos decía ¡taparos, que
os echan fotos y estáis en pijama!
A partir de ahí la casa era un no parar, el olor a
potaje y los platos de ensaladilla rusa, inundaban la casa
entera, hasta que ¡corre, corre! Que viene por la calle
Benito Suarez, y ahí todos al balcón.
Una vez acabada ‘la despedía’, tocaba volver a casa,
parada en Vera Cruz, y ver esas caras de nervios que en
nosotros ya habían pasado, La Piedad estaba lista para
salir, aunque he de confesar que no vi la imagen de La
Piedad en la calle hasta hace unos años, pues
procesiones en Pizarra con la banda, y después con la
municipal acompañando a las Ánimas me lo impedían…
Sin ser las siete de la tarde, ya preparada una vez
más y, Calle Ancha arriba, aunque a veces, la
interminable cola de penitentes me impedía ver la
salida, yo tengo la necesidad de acompañarla.
Hoy, aquí a tu lado, te pido por todos, por mi familia,
por mis amigos y por todos aquellos que luchan cada
año para que Álora tenga una Semana Santa tal y como
la tiene, porque esa semana tan sólo es el reflejo de un
año de trabajo constante, ayuda a los más necesitados,
reuniones de convivencia e ilusión.
Podría seguir con mil historias más, aquí junto a
vosotros en el baptisterio, pero tan sólo voy a
describiros esta maravillosa fotografía que nos
recuerda que la semana grande está al llegar.
Aquí, y justo en el mismo lugar del que os he estado
hablando, os encontráis, los rayos del sol entran por la
ventana, y que casualidad, casi se reflejan en esa saya,
que tú y yo sabemos muy bien por qué es mi favorita, tu
mirada clavada en ella, serenidad, amor… vuestra casa
y… las puertas como siempre, abiertas a quien quiera
entrar.
Mateo García ha realizado para nuestra cofradía
un
trabajo magistral en el que no sólo refleja vuestras
imágenes, ¡qué bien os conoce ya…!, no es la primera vez
que tiene un encuentro con vosotros y su cámara! es por
ello, por lo que, además, ha sabido plasmar vuestra casa,
la luz de esperanza e ilusión que nos dan fuerzas cada
año para seguir.
En nombre de la Cofradía, hoy tengo yo el honor de
ser que quien le de las gracias por haber realizado esta
magnífica obra, sin más, solicito la presencia del Señor
Alcalde y Mateo García, autor de dicho trabajo para
desvelar el motivo por el que nos encontramos aquí
MUCHAS GRACIAS.
PRESENTACIÓN DEL CARTEL 2017
11 de Marzo de 2017, Iglesia de la
Encarnación de Álora.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los
otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace
su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo
lo que oí de mi Padre.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
(Juan, Capitulo 15 versículos 12-17 El mandamiento del amor)
Señor Cura Párroco y director espiritual de la
Iglesia de Álora, Excmo. Señor Alcalde del Ayuntamiento Álora,
Hermana Mayor y miembros de la junta de Gobierno de nuestra
COFRADÍA MARÍA SANTÍSIMA DEL AMOR Y SAN JUAN EVANGELISTA de Álora,
Hermanos Mayores de las Diferentes Cofradías de Pasión y Gloria de
Álora, hermanos cofrades, amigas y amigos todos, buenas noches.
Una tarde de este invierno estando en casa de mi
madre me llama mi amigo Paco Martos y me propone que presente el
cartel anunciador de la salida procesional este año. ¿Yo? En toda
esa conversación, destaca por encima del resto el consejo de mi
amigo Paco: “Carlos Dimas, tú no te preocupes, se tu mismo”. Tras
unos segundos, solo unos segundos de dudas digo, -¿y por qué no?
Vamos Carlos, tu eres capaz”. Allí estaba yo dispuesto a subirme a
este atril vistiendo mis mejores galas, con mi pin y mi medalla y
contarles mi particular visión de la semana santa y mis vivencias
en esta cofradía como hombre de trono.
Sin embargo, es conforme pasan los días,
investigo, leo y leo, analizo pregones de aquí y de allá, relatos
de Semana Santa que hacen poner los pelos de escarpia al más
incrédulo. Y es entonces en el momento que repaso las
presentaciones de años anteriores cuando invade un pánico
terrible. Preso de mis propias limitaciones, se me derrumban todas
las ideas, no dejo de ver la pantalla de mi ordenador palabras que
no tienen sentido, ¿Qué voy a decir yo? ¿Yo? ¿Qué voy a presentar
yo? No me merezco el honor de anunciar el cartel de este año.
Nunca me consideré un gran hermano de la semana santa. No he
estado siempre pegado al ambiente cofrade. No nací en el seno de
una familia arraigada a una hermandad concreta. De hecho en estas
fechas, mis padres disponían de poco tiempo pues más ocupación le
requería su profesión. Sin embargo pudieron transmitir el amor y
la devoción por la Semana Santa, por Álora, por sus gentes, sus
costumbres. Amor por sus tradiciones, hermandades y cofradías, por
la manera de vivir y sentir con el máximo respeto a los sagrados
titulares con salida procesional de nuestra semana mayor; por la
manera de vivir y sentir la pasión, muerte y resurrección de
Jesús.
Mi padre, por tener una visión especial y que
tras un objetivo podía captar en una imagen, en un momento, no
sólo la figura de una persona, no solo el retrato, sino un rostro
que refleja toda una serie de sentimientos que engloban el Amor
por la Semana Santa, amor y sentimientos que aflora y que relucen
en esa imagen como un áurea. No sólo captaba el gesto puntual,
sino todo el trabajo, el esfuerzo y la dedicación previa, el antes
y después de una semana, que llenará de vivencias y que formarán
parte de la historia personal de la Semana Santa de cada uno. Mi
padre, a quien agradezco eternamente el haberme inculcado esos
valores de pasión, respeto y devoción, y que si estuviese aquí,
estaría sentado ahí en un lateral, con sus piernas cruzadas, sus
brazos también cruzados y apoyados dulcemente sobre sus rodillas,
con una sonrisa pícara, que no acierto adivinar si transmite
ilusión, orgullo y devoción e incluso timidez por haberlo
nombrado. Seguramente estarás ahí sentado.
No, yo no pasé horas interminables cortando
telas para confeccionar túnicas; no, mis manos no se endurecieron
entre gubias y formones para dar vida a la madera y tallar el más
bello trono, tampoco se me picaron con el cemento tratando de
arreglar la casa hermandad, yo no perdía la vista año tras año
colocando minuciosamente clavel a clavel, rosa a rosa para formar
un dócil manto de flores; no se me mancharon mis manos puliendo el
metal y limpiando enseres, colocando almohadillas, repartiendo
túnicas, cirios, incluso tampoco se me cansaron las manos cortando
el pan preparando bocadillos que aparecen como un manjar tras una
larga noche de penitencia. No me dolía la cabeza ni me oprimía el
pecho cuadrando números, buscando desesperadamente el momento de
decir con resignación “bueno, vamos justos pero saldremos de
estas”. No, yo no merezco este privilegio, este honor. Son esos
cofrades, esos hermanos y hermanas, las personas que lo merecen,
esas son las verdaderas manos que deben sujetar hoy este atril y
susurrarnos con su humilde voz de donde aflora esa pasión, esa fe,
ese AMOR que le da fuerza para seguir luchando, trabajando para
poder procesionar con orgullo a nuestros sagrados titulares por
las calles de nuestro pueblo. Esas deberían ser las manos que
luego destaparán y revelaran el secreto de nuestro cartel
anunciador.
Pánico. Un pánico terrible que me hizo incluso
pensar en renunciar a semejante honor. Y sin embargo aquí estoy.
Como no puedo estar aquí. Como no mostrar un poco de esfuerzo y
sacrificio. Como decir que no a Juan el Amado y nuestra madre,
Virgen Santísima del Amor. Os contare mi historia.
Desde temprana edad paseaba por las calles de
nuestro pueblo y podía sentir el fervor por nuestra semana santa.
No llegaba a los cuatro años cuando ya vi mi primera despedida. No
creo que hoy dejase a mi hijo pequeño vivirla solo. Como dije, mis
padres no podían acompañarme. Eran otros tiempos.
Viví las semanas Santas de infancia, acompañando a mis amigos que
si estaban arraigados en una u otra cofradía, tratando de ayudar
en tareas. Las vivía en interminables filas de cirios, con una
bola de cera en la mano, gritando vivas, y acompañando a más
procesiones que el “camas”. Después, innumerables años de
juventud, portando el Cristo de los estudiantes, compartiendo
varales con mis hermanos y mis amigos. Arrimando el hombro junto a
Fernando, Gregorio, Alfonsito, Antoñito Parra, de quien aún
conservo una corbata que me prestó un año y que ya no puedo
devolver.
Éramos jóvenes, con nuestro pelo engominado, y
nuestros trajes, que rara vez coincidían el color de los
pantalones con el de la chaqueta, pero que nos hacía sentirnos
importantes, que éramos parte de la Semana Santa de Álora. Nos
hacía parecernos a esos hombres y mujeres, a esos cofrades, de los
que he hablado antes, que veíamos desde pequeño, año tras año, día
tras día, trabajando y ultimando detalles, y que la mayoría aún
siguen haciéndolo.
Cada año, tras la entrada en la Plaza Baja de la
despedía y al comenzar a abandonar esta por la calle zapata,
miraba siempre a la derecha, por encima de los varales cubiertos
de guantes blancos, y entre las cabezas de los demás portadores,
haciendo un esfuerzo para girar el cuello de manera contorsionada
y poder observar la salida de San Juan, Entonces procesionaba
solo. Aparecía en la plaza entre un replicar enérgico de tambores
que transmitía la fuerza e ilusión de esta cofradía. Algo especial
me atraía ya. Y tras años estudiando fuera, abandoné el ambiente
cofrade, convirtiéndome en un semana santero más.
(melodía "naufrago") Fue entonces, en 2006
cuando me encomendé a San Juan Bautista y a la Virgen del Amor.
Tras una larga y ardua racha de problemas, dificultades personales
y familiares, "naufrago" de mi destino, en un momento de
debilidad, duditativo de fe. Le miré mientras procesionaba por la
fuente arriba camino de la calle atrás. Yo, con el corazón a medio
escribir no me sentía con fuerzas de aguantarle la mirada, quería
decirle tantas cosas, y le pedí, no para mi, le pedí para alguien.
Pedí desde lo más profundo de mi corazón, rezé mis plegarias allí
mismo, en mitad del gentío y el bullicio de la calle, pedí su
ayuda. Y escuchó mis plegarias, y le ayudó, Y yo cumpliría la
promesa. Y fue entonces cuando decidí aportar un pequeño granito
de arena. Arrimaré el hombro y portaré en procesión a los sagrados
titulares. Como no cumplir mí promesa.
Siguiente primavera, cálida tarde noche del
jueves santo, con mi túnica verde, prestada por la cofradía, hecha
con las manos sencillas de mujeres humildes y de gran devoción,
destacados botones de terciopelo rojo, y rojo brillante cíngulo
con borlas de largos flecos, el cual no sabía ni cuantas vueltas
dar, ni como anudar, me dirigía caminando hacia nuestro templo
sagrado, hacia la plaza baja, hacia nuestra la iglesia de la
Encarnación. Por el camino, en la calle la parra otra estampa: el
sol dorado acariciando las fachadas del castillo por última vez
ese día. Y tras llegar a la iglesia, hervidero de sentimientos y
fervor, unos minutos observando en silencio cada detalle del
trono, cada detalle de las imágenes de La virgen María Santísima
del Amor y como no de San Juan Evangelista. A pesar del bullicio
parece que me encuentro solo ante ellos. Y cuando entro en el
baptisterio para coger la faraona, un escalofrío corto e intenso
me invadió, había vivido eso antes. En un instante viajé unos
treinta y tantos años en el tiempo, cuando un domingo por la
mañana, siendo niño, en un bautizo acompañando a mi padre, me
adentré giré la cabeza, y al fondo, tras una cortina de luz tenue
y cálida, se percibía una silueta. Era la imagen de San Juan.
Miedo al principio, y sin atreverme a mirarle fijamente, me
acerque con paso lento, esperando un empujón de valentía y de
confianza. Tan cerca ya que podía observar todos los contornos de
su delicado rostro. Su belleza natural que transmite una pureza y
te dice “acercate sin miedo”. Yo soy Juan, el discípulo el Amado.
Traté de aproximar mis dedos de niño y tocar los suyos, pero no me
atreví. Es el primer recuerdo consciente que tengo de esta imagen,
y ya me di cuenta que algo especial habría entre nosotros.
Entonces, un sonido agudo, del vibrante contacto del mazo con la
campana me trajo de nuevo al presente. (marcha "Cristo del Amor")
Es el momento. Mis manos se aferran al varal,
que será mi cruz y mi compañero en esta noche de procesión. Y al
igual que el resto de los hombres de trono, me encomiendo a las
órdenes del capataz que sostiene el mazo con firmeza y seguridad y
que a golpe de campana nos guiará el camino, que nos aconsejará
antes de girar cada esquina, antes de salvar cada obstáculo.
¡Vamos señores! ¡to a una!! …esta noche lo vamos a llevar como
sabemos hacerlo, despacito, suave, como se merece! Con alegría,
con cariño, con AMOR, con mucho amor que al final del camino habrá
unos brazos abierto esperando.
Tras una salida meticulosa, seria y ordenada. En
la calle, paso lento, ritmo suave, mecida larga interminable, en
cada una de ellas no veo el momento de volver a sentir el peso en
los dos pies. Esto es diferente a todo lo que había sentido antes.
Minutos más tarde, varias estaciones después, con mi rostro, ya
sudado en silencio bajo la faraona, y con las rodillas temblando
al sentir en la esquina del trono todo el peso de éste en esa
curva imposible entre Benito Suárez, Algarrobo y Zapata. A través
de los pequeños orificios puedo observar, los brazos en alto y los
puños cerrados del portador justo a mi lado, también el último del
varal, y entre sus brazos, al fondo, en la pared, la sombra de dos
siluetas claramente reconocibles y una cruz, y se le hincha el
pecho y escucho como grita ¡Viva San Juan! ¡Viva la Virgen del
Amor! Porque entre esos “vivas” y eso piropos se va bordando el
manto de fe, que le envuelve y le protege, y le servirá de escudo
para absorber los más duros golpes que puede dar la vida. Y me
aferro con más fuerza al varal, y por los guantes se me resbalan
las manos, tratando de agarrar el pulido metal, intento trincar la
almohadilla del anterior todo lo que haga falta para subir esa
rampa interminable, con todo mi ímpetu, con todo mi Amor. Como un
cierto Simón de Cirene, que al volver del campo, le cargaron la
cruz, para la llevase detrás de Jesús. Y sacó fuerzas de donde no
las hay para aliviar el peso de la cruz. He aquí mi penitencia.
Pueden ser más o menos bellas mis palabras, pero
nunca podrán en su totalidad describir tal cúmulo de sentimientos
que afloraron de los más adentro de mi persona. Promesa,
sacrificio, tal como el no estar en esos momentos con los seres
que más quiero, mi mujer y mis hijos. Ese sentimiento me lleva,
pese a no disponer de tiempo para aportar más dedicación a la
cofradía, a repetir a año tras año como hombre de trono, y a estar
esta noche aquí con ustedes.
(marcha "Amor y San Juan")
Con este regalo sonando de fondo, “Amor y San Juan”, marcha
compuesta por nuestro amigo David Gutiérrez llega el momento de
desvelar el secreto, el XXI Cartel anunciador de la salida
procesional de MARIA SANTISIMA DEL AMOR Y SAN JUAN EVANGELISTA.
El autor del cartel, amigo perote, hermano de la
semana santa, quien ha realizado ya numerosos carteles
anunciadores de diferentes cofradías de pasión y gloria de Álora.
El artista, Pedro Pablo Vergara, incansable tras un objetivo, da
rienda suelta al arte y la pasión que corren por sus venas. Nos
desvela en una instantánea, natural, sin efectos ni retoques,
complejamente sencilla. Destacando los sagrados titulares de
nuestra cofradía: La Cruz arbórea, San Juan y María Santísima del
Amor. Desde una perspectiva tal que al mirarlo parece que nos
encontramos junto a ellos, a los pies de la cruz, en el lugar que
se dice de la calavera, en el momento en que Jesús al ver á la
madre, y al discípulo que Él amaba, que estaba presente, dice á su
madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dice al discípulo: He ahí tu
madre.
La imagen se detiene en el templo. Todo está en
Calma. Todo sufrimiento ha acabado ya. San Juan, con cara serena
consuela a la madre dolorida por la pérdida del hijo, el alivio
tras el sufrimiento y la humillación. Esperando con Amor la
resurrección de Cristo. Amor, no lo hay tan grande como el de una
madre que perdona la muerte de un hijo.
Como comencé esta noche: Este es mi mandamiento: Ámense los unos a
los otros, como yo los he amado. Vivimos en un mundo de tristeza,
dolor, injusticias. Enfermedad, sufrimiento y pérdidas. No hace
una semana cuando se nos fue el padre de nuestro hermano cofrade
Quique. O unos días cuando nos dejó Ángela la hermana de Pepa. Un
mundo marcado por las desigualdades, por las dificultades
económicas, por la lucha de los padres de familia que tratan de
llegar a fin de mes, que lo único que ansían es poder ofrecer una
oportunidad a sus hijos para vivir una vida digna y plena. ¿Cómo
combatir ese dolor?
Con Amor, como el Amor del que se entregó y dio
la vida en sacrificio. Como el amor de una madre por sus hijos
pequeños, a quienes protege y sostiene. Un amor que entrega todo
lo que es y todo lo que tiene sin pedir nada a cambio, porque su
única misión es amar y hacer feliz al ser amando. Vivamos amando.
Intentemos amar en nuestra vida de cada día, en cada una de
nuestras acciones,
Que no tengamos que arrepentirnos de las cosas bellas que pudimos
decir y nunca dijimos. Que no tengamos que arrepentirnos de las
cosas bellas que pudimos hacer y nunca hicimos. Como nos dijo
Jesús y a través de San Juan:
“Lo que yo les mando es que se amen los unos a
los otros”.
Muchas Gracias.
Muchas gracias por ofrecerme la oportunidad de
contaros mi historia.
Muchas gracias a todos por escucharme.
Gracias también a ti Paloma, por tu palabras.
Solo me queda solicitarle al autor, Pedro Pablo Vergara me
acompañe al altar para desvelar el cartel anunciador para quien os
pido un fuerte aplauso.
Gracias
-
Presentación cartel anunciador de la
salida procesional de María santísima del Amor y San juan
Evangelista, 2015

Antonio Morillas Lería, Álora, a 21 de febrero de 2015
-Parroquia de la Encarnación-
“Junto a la cruz de Jesús, estaba su
madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María
Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a
quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde
aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.” Jn
19, 25-27.
Señores Párroco y Vicario parroquial,
Hermana mayor y junta de gobierno de la Cofradía de María
Santísima del Amor y San Juan Evangelista,
Hermanos mayores, hermanos y amigos,
En primer lugar quiero agradecer las cariñosas
palabras con las que me has introducido, amigo Salvador, hace unos
días, mientras hablábamos por teléfono, hacía memoria de tu
fabulosa presentación, desde este mismo atril, del cartel que
anunció la salida procesional del pasado año, dejaste el listón
muy alto amigo, y yo esta noche, si bien no lo supero, que de
seguro no lo haré, quisiera al menos, llegar a su altura.
En segundo lugar a vosotras, Ana Belén y
Marigracia, por darme el honor de ser el presentador del cartel de
vuestra hermandad, privilegio que se equipara con la enorme
responsabilidad que asumí aquel 4 de octubre en el que recibí
vuestra petición. Marigracia me llamo con el mismo genio y brío
con que me llama el jueves santo para saber donde ando o por dónde
viene el Señor…como pa` decirle que no. Bromas aparte, quiero
aprovechar la ocasión para desearte a ti y a tu junta de gobierno,
la mejor de las suertes para la andadura que hoy comenzáis en la
que me consta, seguiréis trabajando igual de duro por y para
vuestra Cofradía.
Dicho esto, llega la hora de comenzar con mi
cometido de esta noche. Las marchas de semana santa se suceden en
ambiente de mi habitación, oigo Amor y San Juan en un intento de
transportarme a la tarde noche del Jueves Santo de mi pueblo. No
tardo mucho, ya que el fragmento del Evangelio de Juan que
encabeza mis palabras, me ha llevado a la capilla de las Torres.
Estoy solo con mi Señor de las Torres y el Cristo de los
estudiantes repasando, en un folio doblado en cuatro veces, la
oración que contiene esas mismas palabras.
Este pasaje era hoy de obligada lectura, ya que
además de ser el momento que representan los titulares de la
cofradía, tiene para mí una carga sentimental y es que me lleva al
momento en el que vestido con mi túnica morada da comienzo la
procesión la procesión que acompaño, pero de la que me “escaqueo”
por unos momentos para, desde el centro mismo la plaza baja, ver
salir los tronos de San Juan y de Dolores. Gesto este, que no
comprenden muchos, ¿cómo siendo del Señor estás aquí viendo esta
procesión?- Si, soy del Señor, pero a la vez soy un poquito de
todas las demás, es mi respuesta, porque me apasiona la semana
santa de mi pueblo, y presumo de tener buena relación con todas
las cofradías de Álora.
Precisamente esta buena relación es la que me
trae esta noche a estar dirigiéndome a ustedes. Sé que voy a caer
en el tópico de contarles mis vivencias, pero es que en esta
situación se hace inevitable, ruego pues que me perdonen por ello.
Desde muy pequeñito he sido un entusiasta de la
Semana Santa, aunque disfrutaba viendo todas las procesiones, el
jueves era mi día favorito, ¿cómo no lo iba a ser? Era el día que
salía el Señor, el mío! “el mejó de tos” que decían, y dicen los
chiquillos cada uno refiriéndose a su titular, lo que me trae a la
mente acaloradas discusiones con mi amiga Ana Belén, en las que
ensalzábamos sin parar las virtudes, cada una mejor que la
anterior, ella de San Juan y yo del Señor de las Torres…
Como les decía, cada jueves santo esperaba
ansioso el paso de los cuatro tronos por el balcón de la casa de
mi abuela. Esa mañana había estado visitando las torres y la
iglesia de la Encarnación, viendo ilusionado como daban los
últimos retoques a las flores del Señor, a las ropas de San Juan,
que entonces procesionaba solo, y a las velas del trono de
Dolores. La iglesia era un hervidero, personas de aquí para allá
que ultimaban nerviosos los detalles para que todo estuviera a
punto. Conforme pasaban los años y volvía a mi visita a la iglesia
iba recordando caras, voces, gestos… Hoy todas esas caras tienen
nombre y apellidos para mí, y no solo eso, sino que he entablado
amistad con muchas de estas personas.
Hoy yo soy una de esas personas que corren como
loco preparando cosillas durante esa mañana y que algunos niños
miran con la misma admiración con la que miraba yo a esos hombres
y mujeres, deseando convertirme un día en uno de ellos. Pues bien,
cumplí mi sueño, y de la mano de Juanito, de mi maestro, hoy soy
uno de los albaceas de Jesús.
Y como albacea, tengo que estar en las torres
tempranito, sobre la una y media o las dos, no sea que pierda mi
sitio en la primera fila… Cuando salgo de casa a esa hora, con la
túnica en una bolsa y en otra la merienda, -que la tarde se hace
muy larga-, siempre procuro regalarme un ratito de paz en esta
maravillosa iglesia parroquial de Álora, con esa iluminación
natural y tan, tan especial que le confiere la luz del medio día
de la primavera. En este ratito estoy solo, el silencio lo
envuelve todo y aprovecho la situación para sentarme unos minutos
ante el trono de mi Virgen de los Dolores para contemplarla y
rezarle. Entro entre los varales bajo su manto y ayudado con la
luz de la pantalla del móvil, busco la plaquita con el nombre de
mi abuelo. Después hago lo mismo ante en trono de San Juan y la
Virgen del Amor. Me vienen a la cabeza muchos momentos, cortando
túnicas en la mesa de Lola, limpiando algunos cetros en el patio,
haciendo bocadillos para la banda, y otros muchos.
Pero hay uno muy especial que atesoro con
especial cariño, el de aquel 8 de septiembre en el que unos
minutos antes de la procesión de la Virgen de Flores, mi amiga Ana
me regaló su medalla de San Juan, la que desde entonces cuelga del
cabecero de mi cama y que en ese momento, delante de san Juan
sostengo entre mis manos porque además, me acompaña cada jueves
Santo.
Cuando finalizo mi visita, me marcho a las
torres, donde me espera Juanito para darme el relevo en esa larga
espera en solitario hasta la hora de la procesión.
La procesión, ese momento que ansían todos los
cofrades, y que es el fruto y el premio a un duro trabajo para que
la cofradía luzca espléndida en la calle…Punto y final de un año
de labor y a la vez, pistoletazo de salida para uno nuevo. De
todos es sabido, que los buenos cofrades incluso antes de
encerrase, como nosotros decimos, ya están pensando en las mejoras
del año que viene…
No me voy a desviar más, ni les voy a aburrir
con mas vivencias, nuevamente les pido me perdonen.
Francisco Sánchez ha sido el autor de la
fotografía que este año anunciará la salida en procesión de san
Juan y la Virgen del Amor. El cartel recoge un momento de la
procesión, el trono brilla en la noche del jueves santo perote,
pero como una imagen vale más que mil palabras, les invito a
contemplar la obra
-(Se destapa el cartel)-
Debo hablarles del momento que yo veo, y como espectador de a pie,
en este momento veo una singular belleza estética, un trono que
brilla cual ascua de oro en su discurrir por las calles, el
momento en el que el discípulo amado recibe en su casa a la madre
de Dios, a nuestra madre la virgen del Amor, ¡que bella
advocación! pero desde el punto de vista del albacea que soy,
detrás de esta estampa veo muchas manos. Manos si! No se extrañen,
cuando se las enumere todas, ustedes también las verán:
en primer lugar, las manos prestas para ayudar de un buen puñado
de chiquillos y chiquillas que se esmeran en hacer lo mejor que
pueden el trabajo que se les ha encomendado, manos dispuestas de
un hombre que no para de ultimar detalles, manos que con el sabor
de los años que han removido cielo y tierra para poder “comprar
los claveles”, manos de músicos que hace años hacían sonar el
tambor, girar la llave de la corneta y agarrar fuerte el banderín,
manos de artista que con sus dibujos y pinturas daban vida a los
carteles que precedieron a este, manos de artistas de la madera
que a golpe de gubia han tallado el trono, manos que se aferran al
varal en la noche de la procesión.
Manos de una mujer que con cariño ha preparado
la ropa de las imágenes y las ha dispuesto en una cama a la espera
de que vengan a por ella, manos de una bordadora que dibujó con
hilo de oro una saya blanca para su virgen, y las de un hombre que
con primor y esmero ha vestido a las imágenes, manos de otro
artista, que de nuevo han pinchado las flores en la más original
disposición, manos de hombres que han entronizado al más joven de
los apóstoles, manos de muchos hombres y mujeres que se ofrecen
para ultimar cualquier detalle y hacer hasta el último trabajo,
como el ramo que hay a los pies del trono, los petalillos de
flores que quedan por barrer y la bombilla que queda por cambiar
porque está fundida. Y como no, las manos que sostienen el mazo y
que a golpe de campana dirigen a este grupo de buenas personas.
Esto es lo que yo veo detrás de este cartel,
manos todas, que en definitiva luchan y trabajan por y para su
cofradía, para su segunda familia, manos que desde el año pasado
no paran de moverse y que me consta no dejarán de hacerlo. Manos y
corazones que esperan ansiosos oir la campana que mandará levantar
el trono, fruto y recompensa del duro trabajo. Toque de campana
que a su vez anuncia el inicio de un nuevo año, pero todo esto
alentado con ese respirar tranquilo, ese soplo de aire fresco que
nos anima a todos los cofrades a seguir haciendo el trabajo que
nos gusta hacer, ¡ese soplo no es otro que ver nuestra procesión
en la calle!
Muchas gracias, he dicho.
Parroquia de la Encarnación,
Álora. 21 de febrero de 2015
-
PRESENTACION
CARTEL 2014
Gracias Miguel
A todos los presentes, y a los ausentes.
Reverendo Párroco, Excmo Señor Alcalde, Autoridades, Hermana
Mayor, Hermanas y Hermanos Mayores de las distintas cofradías de
Pasión y Gloria, ¿Hermanos todos?....buenas
noches.
Hoy estoy aquí ante ustedes no porque la
cofradía de Amor y San Juan me propusiese presentar el cartel de
su salida procesional de Semana Santa, sino porque fui yo quien
me ofrecí a hacerlo, de tal manera que aceptaron gustosamente.
Casi siempre te lo piden y uno acepta,… o no, este era mi caso,
pues su Hermana Mayor, Marigracia, ya me lo propuso anteriormente
en repetidas ocasiones y yo siempre me negaba. No me veía
capacitado para asumir tal responsabilidad, y ahora quizás
tampoco.
Pero ya no hay vuelta atrás; ahora quizás lo
haga como el que se lanza al abismo sin saber lo que le espera, o
sabiéndolo, porque el batacazo es seguro, cuando lo haces por
desesperación.
Qué decir de mí. ¿Cómo lo diría?; qué decir de
mis experiencias personales, de mis comienzos en el seno de San
Juan…Ah! San Juan…el discípulo amado.
Amado primeramente por su creador, el imaginero
granadino Nicolás Prados López, que seguro, en aquellos años
cuarenta, en alguna ocasión, se le escaparía un golpe de gubia en
aquella madera de pino, doliéndole tanto como si se lo hubiese
dado él mismo, y que, una vez terminado, lo admiraría durante
horas, regocijándose de cada perfil, de cada bucle de su cabello,
de cada punto sacado de su rostro por el compás o la plomada ,
de su policromía,… de su mirada cristalina llena de esperanza, y
sobre todo pensando en la enorme responsabilidad que es para un
artista, crear, no solo una obra de arte, sino que ese rostro
esculpido con sus manos sea el reflejo de la fe de miles de
personas ;
Amado por su cofradía, por su gente, que, en el
credo de unos labios rítmicos y mudos, y sumergidos en un estado
de concentración y fe, acuden a su poder elevado, aferrándose a
él como el moribundo a su último gramo de aire.
Y amado por aquella persona que un día depositó
bajo su túnica un pequeño objeto metálico impregnado de esperanza.
¡ Ayy San Juan ...cuántas veces habrás
discutido con tu jefe lo incomprensible que es la vida, acatando
luego que ésta sigue y no hay más.
Permítanme que con estas pocas palabras
conmemore el 40 aniversario de su salida procesional cómo faro y
refugio que ha sido y es en la tempestad.
Si vuelvo a mí, a mis comienzos, he de ser
sincero; porque mi corazón no palpitaba al pasar un trono, porque
mi boca no sellaba sus labios ante unos pies descalzos, porque mis
oídos no escuchaban ningún llanto de corneta, porque mis ojos no
veían lo que otros.
Yo no nací entre varales, ni entre túnicas
colgadas en su perchero, ni entre filas interminables de cirios
andantes, ni de sonidos lejanos de una marcha donde tu corazón
palpita a paso lento; igual ahora ni tan siquiera estaría aquí.
Fue por una persona que empecé a tapar mi rostro
de rojo y verde, aunque esta noche más que cubrir quisiera
descubrir y compartir esta… expiación de mí conciencia.
Expiación sí, porque hoy mi intención no es la
de recordar mis buenos momentos, como se suele hacer en estos
casos, sino examinarme ante un jurado que espero me apruebe. Son
tantas experiencias vividas y algunas que te hacen morir que
necesitaría más tiempo del disponible y cada una de ellas es
merecedora de su recuerdo, de expresarlas y, porque no, de
ponerlas en su sitio, pero no puedo: soy yo quien debe ponerse
antes en su sitio, valga la redundancia. No quisiera que mi
Hermana Mayor se sintiese defraudada, ni que esta cofradía pusiera
alguna vez la mano en el fuego por mí, no lo merezco. Por eso no
hablaré de mí.
Precisamente muchas manos han escrito la
historia de esta cofradía, manos que, con mucho esfuerzo, han
pulido metales y limpiado cera, pero a gusto, hablando con los
pequeños que se acercaban al baptisterio para elegir qué banderín
o qué enseres coger para sentir lo que yo no sentía con su edad;
-Jaramillooo ¡¡
- Quee Antonio¡¡
- hay que pedir zablazos, hay que subir el
trono, hay que ayudarle a Miguel, vete con el Paloma a por la
túnicas y las almohadillas, hay que bajar los enseres del
almacenillo.
-vaaaale…pero yo no subo arriba, yo sujeto la
escalera.
Manos que han tallado la madera dándole vida,
verdaderos maestros que dejaban su trabajo de carpintero para
dedicarse a su cofradía, capaces de realizar el más bello trono
para cualquier imagen de su pueblo; incluso mis manos llegaron a
probar el contacto entre gubia y madera guiadas por su experiencia
pero, negadas para este bello arte, prefería observarles como
muchos que allí en su taller, en la Plaza Baja, se reunían para
deleitarse en una grata mañana mirando, que no viendo, como
Sebastián… Sebas y Quique, adoptando la postura correcta, y con
aquella afilada herramienta, acometían la madera de cedro o caoba,
aunque más bien no es acometer la palabra exacta sino acariciar, y
sólo paraban para cambiar la cinta de aquel radiocassette lleno de
polvo y serrín que aún así dejaba salir aquellas marchas de alguna
banda de cornetas y tambores que servían de reclamo para todos los
allí presentes y que sonaba siempre por estas fechas:
-Quique, dale la vuelta a la cinta…dásela
tú...le contestaba él.
Manos que han levantado un trono crujiendo sus
huesos, y el alma, por saber y sentir que a veces debía soportar
el del ausente, aquel que con su hombro puede aligerar tan pesada
carga. La fe mueve montañas y a veces, aunque no se tenga, también
puede mover un trono y llevarlo como un barco en la mar calmada o
contra viento y marea, empujado por su valiente y firme capitana,
capaz de cruzar cualquier tormenta y conducido por su segundo de a
bordo , bajo el timón de la experiencia y la confianza que da su
túnica verde aterciopelada a golpe de campana, soportado por
hombros de hombres y mujeres que no achican y resguardados todos
por el que siempre está el último, eso dice él, aunque para esta
hermandad siempre será el primero.
- Bueno, aquí to a una¡¡…esta noche lo vamos a
llevar despacito y sin correr, yo estoy detrás y no quiero una
sola voz : Vámonos Paco
- Marigracia, no te preocupes, todo saldrá bien
- sí, Si Dios quiere.
Manos que han trenzado la aneja del rio con
perfecta simetría; con un vocabulario en el que nunca faltaba la
palabra Hermano; allí sentado en una silla, también de aneja,
donde la pesada puerta central de entrada a la iglesia permanecía
entreabierta, dejando pasar los cálidos rayos de sol como si Dios
bajara a verle para supervisar su trabajo, y alguno más que estaba
para todo, es decir, para todo.
Manos que han mimado cada clavel, cada rosa,
cada ontulio del trono como se mima a un recién nacido,
disponiendo las más hermosas flores y ramos en una armonía tal que
hasta los ángeles de sus esquinas parecían estar suspendidos en el
paraíso, y que hasta San Juan se agacharía para regalarle un
clavel a su virgen. Sus gafas a medio caer, porque requería toda
la atención de sus ojos como ahora los requiere para su mujer,
Maripepa, que sentada en un banco, en frente del trono,
permanecía admirando como aquel misterio se realzaba cada vez que
pestañeaba, siempre con alguien a su lado, que ese es su don, la
gente, por la que se preocupa y se preocupará, antes que de ella
misma.
Manos que han pedido, como cuando se pide por
desesperación, por su cofradía y que son la quilla de este gran
barco, la columna central, la resonancia en la oscuridad callada.
Arrugadas pero no cansadas. Como dijo Juan guiznavo, si le veis de
frente alguna vez no cambies de acera. Él os pedirá con su bolsa
verde, pero más os dará. Unas manos que se las parte por su
hermandad. ¡¡Que dedo se corta si a todos los quiere de la misma
manera!!.
Eso sí, hay que sacar el trono aunque sea el
primer día de cuaresma.
Manos que han encallado sus dedos por agujas
enhebradas de oro y plata, y que contribuyen desde lo más alto a
este, citando a Withman “poderoso drama”, , bordando un manto de
estrellas que nos resguarda cada noche, y que alzan un trono
cuando arrastra, cuando no hay fuerzas para llegar, que es cuando
más duele.
Manos Que han guardado con celo cada camisa,
cada joya, cada saya bordada en el pasado, pasado que es un eterno
presente, protegiéndola aún más que a su vida misma. Sus ojos
brillan cuando sus dedos recorren el terciopelo o el tisú en un
miércoles santo y animan con una sonrisa nuestros corazones, y
nuestro estómago …con tortillas de masa , sea la hora que sea.
-todo preparado, ¿verdad Lola.
Otras crearon una gran banda de cornetas y
tambores…y gaitas, entre el frio y la lluvia, resonando con aire
militar al principio pero sabiendo de sus posibilidades, llegaron
a interpretar y marcar un nuevo estilo jamás escuchado en Álora
por una agrupación local; esperada y aplaudida por un público
entregado, que es así como se tienen que volcar las gentes después
de tanto ensayar y repetir las mismas notas al amparo de ese manto
bordado de estrellas. Pero ya no se oyen sus llantos ; ya no es el
mismo sentimiento.
Y aquellas manos que desde fuera están siempre
para todo lo necesario: para dar luz a los rostros de San Juan y
su Virgen, para preparar ramos a los pies de nuestros titulares,
para dejar caer como cascadas hermosos versos que anudan la
garganta, para cantar en agonía las más bellas saetas.
Cada una de ellas ha escrito un verso y he
aquí el resultado de tan hermoso poema.
Hay otras que dejaron de escribir, de empujar,
de ofrecerse, por la búsqueda quizás de algo en que creer, como
san Manuel Bueno , o de preguntas sin respuestas, o por no haber
estado a la altura de lo que se esperaba de él, perdido en una fe
que si se busca puede llegara a encontrarse. Pero ahora me siento
capaz de todo; ahora estas manos piden disculpas, cómo lo deberían
de hacer otras, a esta cofradía, a sus hermanos, a su Hermana
Mayor, aquella que aligera la carga, que lleva la cruz de guía y
que nunca da nada por perdido. A todos ellos mi más sincera
enhorabuena por hacer tanto con tan poco.
Pero las manos más importantes esta noche son
las de Ignacio Carrasco, artista autodidacta, que ha
pintado el cartel de nuestra salida procesional reflejando una
sobriedad e intensidad propia de una llamada de atención a
nuestros sentidos y donde sus pinceles han sido una prolongación
de sus sentimientos, mezclando colores en su paleta, rojos y
amarillos, para crear esa luminosidad que, desde lo alto del
cuadro abraza el más conocido emblema de nuestro pueblo, como un
amanecer que comienza, en el que un sol de alpaca dorada, una
aureola de ráfagas de luz de verdes, ocres y amarillos se eleva
sobre la cabeza de nuestro San Juan y nos invade de paz y
armonía, anunciando lo inevitable.
Y cae la tarde.
Y los azules dan paso a la noche, a la oscuridad
que lo envuelve todo, donde Ignacio ha creado una escena de tal
profundidad desdibujada que parece que se oiga el toque de campana
a lo lejos, el sonido renqueante de los bastones que portan las
mantillas, de los faroles de nazarenos cuya llama parece tan
nerviosa como el que os habla, y en primer plano la cruz guía ,
nítida, bien terminada, que hace aún más profunda la procesión a
sus espaldas y tallada por sus pinceles con ocres y tierras de
sombra, astillada y vieja pero amada por el inconfundible nazareno
que la porta; porque el artista ha sabido pintarlo tan
magistralmente que aunque con el rostro cubierto y apenas visto,
su anatomía lo dice todo.
Dos ángeles encarnados a cada lado equilibran
este triángulo perfecto donde el vértice más alto, San Juan, lo
ilumina todo y todo queda enmarcado en el símbolo supremo del
sudario de este misterio, de este conjunto de tal belleza que
hasta las pupilas de quién lo observa se agrandan para absorber
toda la fuerza que desprende, como el que está entre la gente, en
la bulla, como se suele decir, alzando la cabeza para decir “ ahí
viene San Juan”.
Gracias a todos por haberme escuchado, buenas
noches.
PREGÓN
2013
Lunes Santo por la noche, principio de los
ochenta. Dos adolescentes en la Plaza Baja están acostados en una
habitación de la casa que estaba construyendo Antonio el “Largo”.
Están acostados en una zona que se encuentra preparada por ellos
para estudiar, pasar algunos ratos de ocio y dormir en Semana
Santa.
Con las luces apagadas oyen la retransmisión de
la Semana Santa de Málaga en la desaparecida “Radio Torcal”. Están
destrozados. Durante todo el día han estado inmersos en los
preparativos del Jueves Santo para su Hermandad. A pesar de ello,
si alguien les hubiese propuesto llevarlos a Málaga a ver las
procesiones hubieran saltado de la cama, como empujados por un
resorte.
Como esto no era posible, tenían que contentarse
con oírlo en la radio; las voces de aquellos periodistas eran
suficientes para alimentar la imaginación de los dos jóvenes hasta
el extremo de que cuando se escuchaba la campana del capataz para
que los Hombres de Trono metieran el hombro, inconscientemente
movían su cuerpo, como si fueran uno de ellos. Oían con tanta
pasión aquellas retransmisiones, que la primera vez que pudieron
ir a Málaga por la noche, nadie tuvo que explicarles nada. Ellos
lo habían visto en la radio. Esos dos adolescentes se encuentran
hoy aquí: uno de ellos es mi amigo Sebastián Calderón, el hijo de
Antonio el “Largo” y el otro soy yo, el humilde pregonero de la
Semana Santa de Álora de 2013, Miguel Ruiz, el hijo de D. Miguel
el “Maestro” Buenas noches, reverendo Párroco, Excelentísimo Señor
Alcalde, Autoridades, Hermanos Mayores de las Hermandades de
Pasión y de Gloria de Álora, y perotes que me honráis con vuestra
presencia en este Templo.
Estimado Lucas, muchísimas gracias por tus
palabras. Aunque nuestra relación personal se reduce a media hora
de conversación telefónica, pronto tuve muy claro que me gustaría
la presentación que harías de mí, aun sin conocerla, porque, en
esa media hora de conversación, descubrí que teníamos tres cosas
en común, hasta el día de hoy: ser perotes, ser cofrades y
dedicarnos al que, para mí y me atrevería a decir para ti, es el
trabajo más apasionante del mundo: la docencia. Además, a partir
de hoy, tendremos una cuarta cosa en común: tener el honor de
haber sido pregoneros de la Semana Santa de Álora. Con estas
premisas tenía claro que la presentación iba a estar a la altura
de las circunstancias, veremos si Dios me concede ser capaz de
hacer lo mismo con el Pregón. Es de justicia, antes de seguir,
felicitar a la Banda Municipal de Música de Álora por las tres
fantásticas marchas procesionales que nos han ofrecido como
preámbulo de este acto. Además, debo agradecer a la directora que
me haya permitido escoger estas piezas. Una de ellas no podía ser
otra que “Amor y San Juan”, compuesta por David Gutiérrez y
dedicada a los titulares de nuestra hermandad; las otras dos son
“Alma de la Trinidad” y “La Madrugá”. La primera compuesta por
Eloy García para María Santísima de la Trinidad de Málaga y la
segunda, por Abel Moreno, una marcha fúnebre conocida en todo el
mundo y dedicada a la Madrugá sevillana. Las escogí porque son
marchas que en cualquier lugar en el que suenen solo hay que
cerrar los ojos e imaginarnos a nuestra Dolorosa sea cual sea el
lugar en la que esta se venere. También debo agradecer y felicitar
a D. Antonio Chamizo por su intervención en el preámbulo de este
pregón. D. Antonio siempre estuvo vinculado a nuestra Hermandad
desde sus comienzos. Verlo y oírlo me ha hecho recordar su
habilidad para moldear y usar las palabras de la misma forma que
siempre moldeó y usó la madera. Y por último, aunque no por ello
menos importante, agradecer al pequeño Juan José Gómez esta
oración, en forma de saeta, con la que nos ha deleitado y
emocionado a todos, así como desearle desde aquí una carrera llena
de éxitos profesionales en esa carrera tan difícil y sacrificada
por la que ha optado.
Cuando en noviembre de 2011 mi amigo Paco Martos
me propuso ser el pregonero de la Semana Santa de Álora no lo dudé
ni un solo instante. Después, cuando lo pensé fríamente, me
empezaron a entrar los miedos porque, aunque me hacía mucha
ilusión, no puedo negar que llevo muchos años desconectado del
ambiente cofrade perote. Tras darle muchas vueltas llegué a la
conclusión de que quería y debía serlo para poder devolverle a mi
pueblo una pequeña parte de lo que él me había dado a mí y llegué
a la conclusión de que mi pregón se iba a centrar en la Semana
Santa de hace treinta años, una Semana Santa muy distinta a esta,
pero era mi Semana Santa y pese a mi juventud, en aquellos
tiempos, el repleto baúl de mis vivencias cofrades bastaría para
tan ardua tarea. Otro hándicap que jugaba en mi contra es que la
última vez que la Hermandad de Amor y San Juan organizó el pregón
en la localidad en el 2007 la pregonera fue mi hermana y todos
sabemos que dejó el listón muy alto, como suele ser habitual cada
vez que tiene que hacer uso de la palabra en público.
Una vez disipados mis miedos me propuse
trasladar al papel mis recuerdos e introduje la mano en el baúl de
mis vivencias cofrades. Lo primero que vino a mi mente fue mi
Plaza Baja cuando empezaba la cuaresma, ese bullir de gente por
los alrededores de los almacenes de las diferentes hermandades,
ese tráfico de coches subiendo a las Torres. Y nosotros vivíamos
allí. En esos días nos sentíamos unos privilegiados por vivir
donde vivíamos, mucho más de lo que nos sentíamos ya
habitualmente. La mayor parte de mis recuerdos cofrades están
ubicados allí y tienen como escenario mi Plaza Baja. No puede ser
de otra forma cuando los primeros 20 años de tu vida al asomarte a
la ventana de tu casa lo primero que ves es el campanario y la
fachada de este impresionante templo donde nos encontramos, donde
me bautizaron mis Padres, donde hice mi Primera Comunión y donde
recibí el Sagrado Sacramento del Matrimonio.
Y en ese bullir de la cuaresma en mi Plaza evoco
mi primer recuerdo cofrade. Se remonta tanto en el tiempo que no
sé exactamente qué edad tenía, pero lo que si tengo claro es el
olor, huele a alcanfor, así olían la túnica de nazareno negra, el
antifaz y el fajín blanco cuando los Hermanos de la Virgen de los
Dolores los sacaban del baúl en el que permanecían guardados de un
año a otro. Mi primera participación activa como cofrade en
nuestro pueblo fue acompañar como penitente a la Virgen de los
Dolores y a la Soledad y para ello había que ir el día y la hora
señalados a recoger la túnica, el antifaz y el fajín. Después de
un largo rato esperando turno tocaba entrar al almacén situado en
lo que antes era el “Panteón” de esta Parroquia en la que nos
encontramos. Nada más entrar al almacén, al fondo a la derecha
estaba la escalera que subía a la parte superior de éste. Justo
antes de empezar a subir la escalera, a mano izquierda en el
suelo, se encontraba el pequeño trono de la Soledad. Arriba
estaban los baúles de donde procedían las túnicas con olor al
alcanfor que utilizaban para que no se estropearan de un año a
otro. Tras hacer entrega de una pequeña cantidad en concepto de
“fianza”, tocaba salir corriendo para casa a darle la lata a mi
madre para que me arreglara el dobladillo y las mangas, aunque
quedara casi un mes para el Jueves Santo. Ya siendo adolescente,
ansiaba la llegada del día en que nos daban las vacaciones de
Semana Santa, porque a partir de ese momento todo nuestro tiempo y
nuestra energía, que era mucha con esa edad, podían dedicarse
exclusivamente a aquello que nos une a todos los aquí presentes
hoy. Esto hacía que el Viernes de Dolores fuera uno de los días
más felices del año para mí. El Sábado de Pasión planificábamos
las tareas pendientes y nos dábamos una vuelta para ver los
preparativos de las Hermandades del Domingo de Ramos.
No teníamos la suerte de que hubiera ninguna
procesión ese día, como en la actualidad el Cristo de la Columna,
ese Cristo que forma parte de mis recuerdos situado en su altar al
lado de la puerta de la sacristía, que siempre fue testigo de
tantas y tantas vivencias de esos años en esta Iglesia. Ese Cristo
del que tantas veces me pregunté por qué no salía en procesión.
Ahora sí sale a las calles de Álora, acompañado y portado por
Hermanos del Señor de las Torres organizados como Vocalía de la
Hermandad, ataviados con sus túnicas moradas y sus faraonas y
antifaces blancos, a anunciar que empieza la semana más importante
para los cristianos perotes. “Señor, tú atado a esa columna, tú
que sabes lo que es verte cautivo y sin libertad, ayuda a todos
los hombres y mujeres que no pueden ejercer su derecho a ser
libres a que puedan llegar a serlo algún día” Proseguí ordenando
mis vivencias y, de pronto, me encontré en la mañana de un Domingo
de Ramos de mi juventud, como no, en mi Plaza Baja. Recuerdo mucha
luz, mucha algarabía, niños vestidos de blanco y celeste con sus
palmas en la mano, los primeros sones de cornetas y tambores en la
calle de la Semana Santa de aquella época y de repente aparecía
por la puerta de la iglesia la Pollinica. Sonaba la Marcha Real y,
una vez realizada la complicada maniobra de bajada de los
escalones, se ponía la mesa y arrancaba de nuevo después del
inconfundible toque de la campana del trono, llevado
magistralmente por los futbolistas del equipo local de aquella
época, al son de la marcha Alma de Dios. Así empezaba todo en la
Semana Santa de Álora, de la misma forma en la que empezó todo en
Jerusalén hace más de 2000 años: con la entrada triunfal del
Mesías. Pasados unos años se incorporó a la Hermandad de la
Pollinica la imagen de Nuestra Señora del Amparo. Si las mañanas
de los Domingos de Ramos ya eran luminosas, a partir de ese
momento se transformaron en radiantes con la belleza de la
Santísima Virgen de manto azul como el color del cielo desde el
que vela por nosotros. Esta era una de esas hermandades “jóvenes”
en aquellos tiempos y en mi recuerdo se encuentra Antonio Reina,
como una de esas personas que ha hecho que en la Semana Santa de
Álora aumente la nómina de Hermandades, que éstas crezcan y
progresen con el tiempo y esto se consigue de la única forma en
que se hacen realidad los grandes proyectos en esta vida: con
ilusión y con mucho, mucho trabajo. “Señor, tú que siendo Rey de
Reyes hiciste tu entrada en Jerusalén en un simple asno, haz que
la humildad sea la seña de identidad de nuestra vida” Una vez que
se encerraba la cofradía a eso del mediodía tocaba darse una
vuelta para tomar algo en cualquiera de los bares de aquellos
tiempos de mi Plaza: el bar de Jazmines, el de Pládenas o el del
Mocho y luego a descansar a casa para prepararnos para la noche.
En este lapsus de descanso recuerdo que, a media tarde, se oían
los sones de la banda de cornetas y tambores que iba a acompañar a
Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto esa noche, que pasaba por
mi Plaza acompañada por Hermanos de esta Hermandad portando una
corona de flores camino del cementerio, para honrar a los que ya
no se encontraban con nosotros. Toda la luminosidad de la mañana
desaparecía y al hacerse de noche comenzaba la Estación de
Penitencia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Orando en el
Huerto. Aún recuerdo cuando esta Hermandad salía de la Iglesia de
la Veracruz y en su recorrido pasaba por mi Plaza donde hacían una
parada de descanso y tomaban un refrigerio.
Más adelante, una vez construida la Ermita del
Calvario, empezó a salir desde allí y cambió su recorrido. Pero,
fuera cual fuera este, en mi recuerdo siempre tengo la imagen de
una Hermandad en la calle que trasmitía seriedad, de unos
nazarenos perfectamente formados, de dos filas de mujeres
ataviadas con algo tan nuestro como es la mantilla y la imagen de
unos Hombres de Trono de una media de edad superior a la de las
demás Hermandades. Silencio, orden, como he dicho antes y me
reitero ahora: seriedad. “Señor, tú junto a tu madre María
Santísima de la Paz que aguarda en la Ermita del Calvario tu
regreso haced que alcancemos la paz en todos los confines de este
mundo en el que vivimos” Seguía avanzando la semana y llegaban el
Lunes, el Martes y el Miércoles Santo. Estos días no había salidas
procesionales en nuestro pueblo y podría parecer que no guardo
recuerdos vinculados a ellos, más bien todo lo contrario. Estos
días eran apasionantes por la cantidad de actividades que teníamos
que realizar porque, como todo el mundo sabe, éramos muy pocos en
la Hermandad y, por lo tanto, todos hacíamos de todo. Pero lo más
importante es que disfrutábamos con lo que hacíamos porque entre
nosotros había Hermandad. De los muchos recuerdos y vivencias de
estos días voy a nombrar sólo algunos por aplicar a este pregón
aquello de que “lo bueno si breve dos veces bueno”; pero son
tantos que cuesta decidirse. Para empezar me gustaría nombrar otra
vez a mi amigo Sebas y más que nombrar dirigirme a él: ¿Cuántas
miradas al cielo nos hubiéramos evitado si hubiéramos dispuesto de
tantos medios técnicos como existen hoy para predecir el tiempo?
Esa era una de nuestras principales preocupaciones: ¿lloverá el
Jueves? Sólo disponíamos de la predicción que se hacía en el
Telediario de la única cadena de televisión existente en aquella
época y de lo que siempre nos habían dicho los mayores de mi
Plaza: “para que llueva las nubes tienen que venir por el Hacho”.
Así que, la única solución era ver el Telediario cada vez que se
emitía y mirar mucho al cielo, pero siempre en dirección al Hacho.
Ojalá hubiéramos dispuesto de internet con
tantísimas páginas especializadas que hacen predicciones hora a
hora y que hacen que los cofrades de todos los lugares seamos
también expertos en meteorología. Pero sin tener los mismos medios
sí teníamos el mismo miedo: la lluvia. En segundo lugar ¿Cómo
pasar este pregón sin nombrar algo tan propio de nuestra Hermandad
como el haber tenido el honor de ir con D. Antonio Calderón a
“pegar sablazos”? Podría contar multitud de anécdotas de estos
“paseos” por el pueblo con D. Antonio, a veces solos los dos y
otras veces con D. Alfonso Almodóvar y con D. Juan Martos, pero no
es necesario que yo diga nada más sobre este “clásico” de nuestra
Hermandad porque ya lo hizo su nieta, que también es mi sobrina,
Ana, el año pasado cuando con solo diecisiete años tuvo la
valentía de presentar el cartel de la Hermandad del año 2012 y lo
hizo tan bien que, solo por mi edad, yo podría decir más sobre
este clásico pero no mejor. Y por fin llegaba el Jueves Santo, nos
amanecía muy temprano, había que poner los claveles en las cañas
con alambres; recoger el pan para los bocadillos y el contenido de
estos; trasladar las flores arregladas a la iglesia con el romero,
el lentisco y las morcillas de anea; preparar los bocadillos;
esperar que llegara Miguel Infante para poner las flores en el
trono; estar pendiente de que no le faltara nada; seguir pegando
“sablazos” porque siempre hacía falta dinero; llevar los
bocadillos hechos y los refrescos al sitio donde los repartíamos a
mitad de recorrido; darle un último toque con la muñequilla al
trono para que tuviera un poco de brillo; poner las baterías y
probar las luces; subir para ver cómo arreglaban al Señor de las
Torres y al Cristo de los Estudiantes; limpiar toda la zona
cercana al Trono una vez que acababa Miguel; repasar los enseres
de los nazarenos; ver lo maravillosa que estaba la Virgen de los
Dolores; poner las almohadillas en los varales; poner los faldones
a la mesa; poner la campana en el trono y sacarle brillo;
recrearse delante de nuestro trono para ver como cada año a Miguel
Infante se le podía ocurrir algo que hacía que luciera distinto y
mejor que el anterior; subir a la Cancula a por la banda y, por
último, estar preparados con la túnica puesta a la caída de la
tarde. Y caía la tarde y esto significaba que el Nazareno salía de
las Torres, daba igual a qué hora se hubiera fijado oficialmente
la salida: Él salía a la caída de la tarde porque no podía llegar
a mi Plaza antes de que anocheciera. Y entonces es cuando se
producía uno de esos momentos mágicos y únicos de nuestra Semana
Santa, y que forman parte de nuestras señas de identidad. Sí,
amigos, me refiero a la bajada del Señor de las Torres por la
Calle Ancha y su llegada a mi Plaza a los sones de la Brigada
Paracaidista.
Verlo como parece andar por encima del gentío
que se agolpa a su alrededor para sentirlo lo más cerca posible,
dispuestos a ser el cirineo para aliviarle del peso de la cruz.
¿Quién soy yo para intentar mejorar lo que ya se ha dicho y se ha
escrito de este momento? Nadie, no soy nadie y lo único que puedo
hacer es recurrir de nuevo a mis recuerdos y contarles mi pequeño
truco para poder vivir este momento sin desatender las
obligaciones con mi cofradía en la que tenía que estar todo
preparado para salir. En esos momentos ya habíamos repartido a
nuestros nazarenos los enseres para la salida procesional y, con
semblante muy serio les decíamos que no se fueran a la plaza para
ver la bajada del Señor porque se podían romper estos en el
bullicio y después era muy difícil localizarlos a todos para
formar las filas en la calle Benito Suárez. Les recomendábamos que
se quedaran en la iglesia o fuera de esta pero cerca de la puerta.
Cuando todos estaban convencidos y seguían
nuestras instrucciones, siempre me iba a la ventana del
baptisterio por la que se veía la bajada del Señor de manera
espectacular y sin arriesgarme a que se vinieran todos a la bulla
conmigo. Este año habrá un hombre menos arrimando el hombro,
aunque el Nazareno andará igual de bien que siempre, porque de una
buena semilla siempre sale buen fruto y su hijo lo arrimará por
los dos y cada vez que lo levante a pulso pensará que cuanto más
lo levante, mejor lo podrá ver su padre, Pepe Segura, desde esa
baranda que hay en el cielo, como dice mi maestro y amigo Pepe
Morales, para que los perotes que están allí se asomen en Semana
Santa. “Señor, tú que soportaste el peso de la Cruz para redimir
nuestros pecados alivia a todos los enfermos del peso de la suya.”
Lentamente el Señor de las Torres pasaba desde la Calle Ancha a la
Calle Benito Suárez. Cuando ya no se podía ver desde mi Plaza y
las pulsaciones del corazón de todos los allí presentes empezaban
a normalizarse, aparecía el Cristo de los Estudiantes. Una
sobrecogedora imagen de Jesús muerto sobre la Cruz flanqueada por
cuatro hachones y portada por jóvenes estudiantes. Esta imagen de
Jesús muerto en la Cruz invita a la oración silenciosa, el ruido y
el bullicio desaparecen cuando lo tienes en frente y te sientes
solo con Él. “Señor, ayuda a todos nuestros estudiantes y a todos
nuestros jóvenes a que no tengan que dejar su país, para labrarse
un futuro profesional, y alejarse de sus seres queridos como lo
tuvieron que hacer en otros tiempos otras generaciones de
españoles” El crucificado entraba en la Calle Benito Suárez y nos
tocaba a nosotros: tanto trabajo, tanta pasión, tanta ilusión y
otro año más íbamos a salir a la calle. Me van a permitir que me
extienda un poco más a la hora de hablar de mi Hermandad, de los
míos. Voy a empezar contándoles un secreto: los mayores recordarán
que la imagen de San Juan antiguamente se encontraba en la Ermita
de Flores e incluso durante algunos años, en los comienzos de
nuestra Cofradía, traíamos la imagen para la Semana Santa y
después la llevábamos. Bueno pues mi secreto no es otro que en mi
infancia me daba miedo la imagen de San Juan, hasta el extremo de
que cuando iba a ver a la Virgen de Flores pasaba de largo sin
mirar a la derecha, al altar en el que se encontraba él. ¡Qué
impredecibles son los designios del Señor! ¿Quién iba a decir que
pocos años después este miedo se transformaría en devoción y que
yo formaría parte de la Cofradía en la que él sería el Sagrado
Titular? También quiero y debo hablar en este Pregón de nuestros
Hombres de Trono, en aquellos tiempos, liderados por José Heredia
“Josele”, con los que tuve el honor de compartir muchos momentos e
incluso un año hacer todo el recorrido compartiendo varales con
ellos. Me gustaría homenajear desde aquí a todos los que hemos
tenido el privilegio de llevar con nuestros hombros nuestra Fe por
las calles de Álora o de cualquier otro sitio. Me gustaría
homenajear a todos aquellos que nos hemos puesto debajo de un
varal y hemos levantado el trono la primera vez, al toque de la
campana, como si nos fuera la vida en ello, para después
levantarlo, cada vez, como si nos fuera la vida en ello, y cuando
estamos en el último tirón y las fuerzas empiezan a faltar volver
a levantarlo como si nos fuera la vida en ello. Voy a contar una
anécdota que leí en un periódico y que define lo que significa ser
Hombre de Trono a la perfección: Tras tres meses en Inglaterra una
joven vuelve a Andalucía por Semana Santa. Tendrá que esperar una
horas en el aeropuerto antes de embarcar, pero se entretiene
viendo vídeos. Un hombre se sienta a su lado y observa de reojo la
pantalla.
La silueta de una virgen se perfila entre
columnas de plata y se acerca con un movimiento lento y suave,
como si bailara. La chica se percata de que la observan y gira la
pantalla para facilitar la visión al desconocido, sonríe y le
habla en inglés. “Son vídeos de Semana Santa. Vuelvo a casa por
fin y no puedo esperar para vivirlo... ¿Usted también va de
vacaciones para ver la Semana Santa?” El hombre la mira, sonríe y
le contesta en un perfecto español. “Yo no tengo vacaciones, pero
he pedido tres días libres para volver a mi pueblo. Tengo una
virgen que pasear.” Creo que ha llegado el momento de hablar de la
mantilla. En nuestra hermandad, en aquellos tiempos, acompañaban a
Nuestro Sagrado Titular un grupo considerable de hermanas
ataviadas de esta forma, entre ellas la que hoy es mi mujer y
madre de mis dos hijas, y yo no quiero dejar pasar esta ocasión
sin rendirle un homenaje en forma de piropo a ella y a todas las
mujeres perotas que alguna vez se han vestido de mantilla: Al paso
altanero que da la razón a la mujer morena que camina sin ofender,
mostrando en su andar la belleza de su figura, se encontró con un
hombre mayor. Con elegancia llevaba el hombre su andar cansino. Se
vuelve hacia ella, se quita su gorra y la hace un manojo con su
mano. Con la derecha pega un manotazo a su corazón arrancando una
flor que llevaba prendida en el ojal de su solapa, tirándola al
suelo y diciéndole: - Pisa con tus pies esta flor, porque no tiene
ningún derecho para adornar mi traje, porque en verdad, no huele
mejor que tú y tiene envidia del primor de tu escultura. Y como he
dicho antes, voy a hablar un poco más de los míos, concretamente
de dos. Estoy desatendiendo, casi desde el principio de este
pregón, uno de los consejos que me dio mi hermana: “ten cuidado
con nombrar a personas concretas, porque se puede ofender quien no
nombres”. No le he hecho caso y voy a seguir sin hacérselo y desde
aquí pido perdón a todos aquellos de los que hubiera podido hablar
y no lo haya hecho. No le estoy haciendo caso porque la educación
que recibimos los dos no nos permite desaprovechar una ocasión
como esta para hacer un agradecimiento público a las personas que
han significado mucho en nuestra vida. La primera persona de
nuestra hermandad de la que quiero hablar, aunque ya lo he citado
hoy un par de veces, es de D. Antonio Calderón. Me consta que ha
sido homenajeado en multitud de ocasiones y por muchas que sean
estas, son pocas. Hablo de un hombre imprescindible pero con la
habilidad de dejar que parezcan otros los que lo son. Me voy a
permitir corregirte Ana. Cuando el año pasado en la presentación
del cartel le dijiste a tu abuelo que sin él muchas cosas no
hubieran sido igual en esta hermandad le tendrías que haber dicho
que sin él no hubiera habido hermandad.
A la otra persona de nuestra hermandad a la que
le quiero dedicar un apartado especial es a Dolores Durán; sí, a
Lola, la mujer de Antonio. En la actualidad muchas cofradías de
nuestro pueblo tienen Casas de Hermandad para compartir momentos
de planificación, de trabajo y de ocio. Nosotros hace treinta años
también teníamos un lugar así y este no era otro que la casa de
Lola. Recuerdo la mesa de la cocina de su casa siempre preparada
para reponer fuerzas, para intercambiar impresiones y, sobre todo,
con ella allí dispuesta a escucharnos y a aconsejarnos. No puedo
olvidar que los Jueves Santos, desde bien temprano, estaba allí
con nosotros donde hiciera falta y siempre diciendo lo mismo “con
la de cosas que yo tengo que hacer en mi casa, yo ya me tengo que
ir”. Pero siempre estaba allí. Y salíamos a la calle, por supuesto
a mi Plaza, y como nos decía Antonio una y otra vez “a la hora de
la salida y de la entrada a la Iglesia tenemos que estar todos
cerca porque es el momento más peligroso”. Y allí estábamos y
salíamos a la calle a llevar esa marea roja y verde por las calles
de nuestro pueblo. Rojo de la sangre de nuestro señor derramada
por nosotros y verde esperanza en que la angustia del mundo tiene
una solución: Cristo redentor. Con posterioridad, la Cofradía
incorporó la imagen de María Santísima del Amor y la Cruz, creando
un grupo escultórico de gran belleza y simbolismo cristiano. En un
mismo trono, que se ha convertido en relativamente poco tiempo en
un clásico de la Semana Santa de Álora, encontramos el rojo de la
sangre de nuestro Señor, el verde esperanza, la virgen María bajo
la advocación del Amor que sentía por su hijo como el que Él
siente por toda la humanidad y todo ello presidido por la Cruz
simbolizando y recordándonos el sacrificio de nuestro Señor por
redimir nuestros pecados. Todo ello paseado por las calles de mi
pueblo como solo saben hacer las cosas las gentes de mi Plaza.
“Señor, ayúdanos junto con tu Madre María Santísima del Amor y tu
discípulo San Juan Evangelista a que el Amor al prójimo esté
siempre presente en nuestras vidas” Y cuando estábamos con nuestro
trono cerca de realizar la difícil maniobra de pasar de la Calle
Benito Suárez a la calle Zapata sonaba al fondo otra vez la Marcha
Real; volvía a sonar porque estaba saliendo de esta iglesia la
SEÑORA y me gustaría que el castellano tuviera una forma de que se
distinguiera oralmente cuando las palabras están escritas en
mayúscula, así las tengo escritas en este papel y así las he
escrito porque me refiero a Nuestra Señora de los Dolores que,
aunque en aquellos tiempos aún no estaba Coronada Canónicamente,
para todos los perotes sí estaba coronada de corazón. Yo no podía
estar allí para verla salir, pero la sentía. Durante unos años sin
palio, posteriormente con él. Pero de una forma u otra lo
importante y lo que nunca se te olvida es esa cara, nunca un
rostro tan bello reflejó tanto dolor. Tanta belleza está en
consonancia con la elegancia con la que sus hermanos la visten y
el exorno floral con el que todos los años nos deleitan. Ella
presidiendo este conjunto tan armonioso es la que provoca lágrimas
a su paso recordando a los enfermos y a los que no están y la que
hace que elevemos nuestras plegarias de esa forma tan corta, tan
contundente y tan peculiar que tenemos los andaluces de orar a
nuestras Dolorosas, simplemente con un (todos conmigo, por favor)
¡¡¡GUAPA, GUAPA y GUAPA!!! “Señor, ayúdanos junto con tu Madre la
Virgen de los Dolores para que se acabe el drama del paro en este
país y que en todos los hogares estén cubiertas las necesidades
básicas” Y tras una noche de muchas emociones llevando a nuestros
sagrados titulares por las calles de Álora regresábamos a mi Plaza
e intentábamos descansar un rato porque el despertador del Viernes
Santo sonaba pronto. La melodía de este despertador no era otra
que los sones de la Brigada Paracaidista y de la Legión con sus
inconfundibles 160 pasos por minuto, ¡cómo para quedarse dormido!
Es Viernes Santo por la mañana, estamos en Álora: es el momento de
la Despedía. Sí amigos, sí, la Despedía ¿han intentado alguna vez
explicar sin ayuda de imágenes la Despedía a alguien que no sea
perote? Nadie lo entiende sin verlo, nadie lo entiende sin
vivirlo, pero es nuestra y como tal debemos cuidarla porque un
pueblo que no cuida sus tradiciones en el presente no tiene
futuro.
Al igual que ocurría cuando recordaba los
Domingos de Ramos de mi infancia y juventud también recuerdo mucho
sol y mucha luz. Estoy convencido de que también hubo algunos de
estos días nubosos en esta época, pero estos han desaparecido del
baúl de mis vivencias. Después de ver al Señor de la Torres y a la
Virgen de los Dolores otra vez por las calles del pueblo, con un
exorno floral distinto al de la noche, con los Tronos más ligeros
y portados por otros hombres que, en muchos casos, pasaban la
noche en la iglesia para guardar el sitio en el varal, llegaba el
momento de hacer su entrada en mi Plaza, uno por la Calle Atrás y
el otro por la calle Benito Suárez. Cada trono con su paso
característico hacía año tras año el mismo recorrido hasta que
llegaba ese momento mágico del encuentro en el centro de mi Plaza.
Algunas veces me he preguntado, como científico que soy, cómo es
posible que sólo ocho hombres puedan cargar en sus hombros estos
Tronos y realizar además, las tres genuflexiones los cuatro de los
varales delanteros. Evidentemente no he encontrado respuesta
lógica a esta pregunta, porque no existe. La única repuesta es la
Fe. Y después de ese momento en el que cada uno opinaba que había
ganado uno u otro sin más criterio que lo que dictaba el corazón
de cada cual, el Señor de las Torres avanzaba despacito para
llegar a la Calle Ancha y la Virgen de los Dolores seguía sus
pasos y justo debajo de la ventana de mi casa paraban los dos. Uno
frente al otro, tan cerca que los Hombres de Trono de la primera
línea unían sus manos y a su alrededor los hermanos se fundían en
abrazos unos con otros mientras las lágrimas afloraban en sus ojos
y la Madre frente a su hijo se despedía de él. Empezaba a sonar la
banda de la Brigada Paracaidista a paso ligero y los miembros de
esta Brigada que no formaban parte de la banda cogían el Trono y
empezaban a subir la Calle Ancha con él a paso ligero mientras el
gentío corría hacia las Torres para ver cómo encerraban al Señor.
Pero yo no subí nunca, y sé que me van a perdonar todos los
hermanos del Señor, yo me quedaba con su Madre, yo esperaba a que
la SEÑORA se fuera acercando poco a poco a la iglesia, tan poco a
poco que parecía que todavía tenía la esperanza de que su hijo
volviera a aparecer, pero esto no ocurría y, con toda la
delicadeza que se merece una Madre rota de dolor, sus hermanos la
resguardaban dentro de este templo. Después de tantas emociones
recuerdo que en la tarde del Viernes Santo llegaba para mí otro de
esos momentos especiales. A media tarde, cuando todo se había
serenado y la tranquilidad volvía a mi Plaza, yo me venía aquí y
me estremezco nada más recordar, simplemente, la sensación:
silencio, olor a cera apagada, personas rezando en el Monumento al
Altísimo que se situaba a la derecha de donde tengo la dicha de
estar hoy.
A mí me encantaba pasar este rato de la tarde
aquí y eso me permitió vivir dos de esos recuerdos únicos de las
que llevo hablando toda la noche. El primero era ese momento en el
que los hermanos del Señor quitaban de la Cruz al Cristo de los
Estudiantes y lo trasladaban al Trono del Sepulcro. Ellos estaban
realizando el sueño de todos los andaluces cada primavera como nos
recuerda el poeta “¿Quién me presta una escalera para subir al
madero para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?”. El segundo
era ese momento en el que los hermanos de la Virgen de los Dolores
transformaban a la SEÑORA en la Soledad. Pocas cosas he visto en
mi vida que transmitan tal sensación de respeto y ternura. Seguía
avanzando la tarde, empezaba a anochecer y llegaba el momento de
otra de mis Hermandades:
La Piedad. Tengo el honor de haber formado parte
de ese grupo de jóvenes que, en aquellos tiempos, con más ilusión
que medios salíamos a las calles de Álora. Tan pocos eran los
medios y tantas las ganas y la ilusión que recuerdo que algún año
hicimos hasta un cordón alrededor de la Virgen de los Dolores
cuando se encerraba de la Despedía para que no nos quitaran las
flores. Recuerdo el primer año que intenté llevar ese pesado Trono
que, en aquellos tiempos, no era otro que el antiguo de la Virgen
de los Dolores.
Tuve que salirme de los varales con todo el
dolor de mi corazón porque no daba la talla ni de puntillas, y eso
que lo intenté, pero tuve que conformarme con llevar el Guión ese
año. Pero al final crecí y pude llevar por las calles que me
vieron nacer y hacerme un hombre a la Madre rota de dolor con su
hijo yacente en brazos con el único acompañamiento musical de un
tambor. “Señor, te pedimos al ver la imagen rota de dolor de tu
Madre, por todas las Madres y Padres del mundo para que con
nuestro ejemplo y palabra, eduquemos a nuestros hijos en la Fe y
en la Piedad y apoyados en la fuerza divina, hagamos de nuestras
casas hogares acogedores, serenos, alegres y tengamos valor para
enfrentar todas las dificultades que se puedan presentar en la
educación y formación de nuestros hijos.” Llegaba la hora de la
salida del Santo Entierro. Esta solemne procesión, en otros
tiempos, era la procesión oficial: autoridades civiles y militares
junto con las fuerzas vivas del pueblo, todos de riguroso luto
acompañando a la imagen del crucificado de los Estudiantes que
ahora yacía en el Santo Sepulcro para recordar a todos los perotes
que Dios entregó la vida de su hijo por nosotros. “Señor, te
pedimos por todos los cofrades que no están ya aquí, para que
estén contigo en el cielo que todos soñamos, un cielo en el que
siempre sea la primera luna llena de la primavera, en el que
siempre huela a romero, a flores frescas y a incienso, en el que
el menú siempre esté formado por potaje de cuaresma, bacalao y de
postre torrijas y arroz con leche, en el que siempre se oigan
bellas marchas procesionales interpretadas por el Maestro José
Aguilar y en el que la única preocupación sea qué saya se le pone
hoy a la Virgen o de qué color le ponemos las flores al Trono del
Señor” Entonces llegaba el momento de Nuestra Señora de las Ánimas
que a mí me gusta llamar la Dolorosa de las Torres, entrando a mi
Plaza por el mismo sitio por el que veinticuatro horas antes nos
había estremecido con su llegada su hijo.
Podría recurrir a contar la anécdota de lo
sucedido el primer año que procesionó Nuestra Señora de las
Ánimas, porque obviamente yo estaba allí, pero al igual que las
mañanas de Domingos de Ramos y de Viernes Santos nubosas, esto se
ha borrado de mi memoria. Prefiero recordar la fila de devotos
alumbrando su camino, para que no se sintiera sola, llegando a la
Veracruz mientras ella estaba aún en la calle Ancha. Prefiero
recordar la cantidad de personas descalzas orando en silencio.
Prefiero recordar su cara iluminando, como si tuviese luz propia,
la oscuridad de mi Plaza. “Señor, te pedimos que nos ayudes para
que, junto con tu Madre Nuestra Señora de las Ánimas, seamos
capaces de compartir con los que no tienen, para ser dignos
merecedores de llamarnos hijos tuyos.” Tengo frío, sí amigos, ya
tengo frío, pero no un frío del que se quita al calor de la
lumbre. Tengo frío del que sentía todos los Viernes Santos a las
doce de la noche y es porque voy a hablar de Nuestra Señora de la
Soledad y en estos momentos tengo la misma sensación que tenía
hace treinta años todos los Viernes Santos a esa hora. Mi Plaza
estaba oscura, no se oía nada, a lo sumo, los corazones latiendo y
todos sobrecogidos por la imagen de la SEÑORA, pero ahora bajo la
advocación de la Soledad. Vestida de negro, con un único punto de
luz alumbrando su bello rostro y una sola flor a sus pies, ¿para
qué más? Los Hermanos de la Virgen lo sabían, no era necesario
poner nada más en este Trono, todo lo que se pusiera pasaría
desapercibido ante tanta belleza.
Desde mi más tierna infancia sentí especial
devoción por esta imagen y la acompañé vestido de penitente, con
la misma túnica del Jueves pero con fajín y un capirote negro;
luego de mayor la acompañé muchos años vestido de riguroso luto,
como marcan los cánones, alumbrando su camino y rezando el Santo
Rosario. Pero de todos estos años tengo grabado en mi mente uno de
los primeros, de la época en la que tenía el honor de acompañarla
con mi túnica negra.
Ese Viernes Santo llegué al almacén de la Virgen
situado en el antiguo Panteón. Había menos penitentes que la noche
anterior, probablemente porque los mayores la acompañaban ahora ya
sin túnicas. Siendo menos para repartir enseres, tuve la fortuna
de que me tocara un farol y alguien de la hermandad decidió que
ese año fuera uno de ellos a cada lado del Trono. Hice todo el
recorrido a su lado con el farol alumbrándole el camino a la
SEÑORA.
No lo he podido olvidar nunca, es más lo tengo
tan grabado que aún oigo el crujir de la madera de los varales de
este antiguo Trono cada vez que lo levantaban, el tambor que
marcaba el paso y el sonido sordo del martillo del capataz sobre
la madera del varal. Lo recuerdo y tengo frío. “Señor, te pedimos
por nuestros mayores, para que no vivan nunca la Soledad que tuvo
que sufrir tu Madre y estén siempre atendidos y rodeados por los
suyos hasta el momento en que los llames a tu encuentro”. Volvía
la luz, llegaba el Domingo de Resurrección.
Mi Plaza se llenaba de algarabía de nuevo y de
mucho color; de todos los colores del arcoíris cofrade perote en
aquellos años: blanco y celeste, blanco y rojo, morado, negro y
blanco, verde y rojo. Ese era el color de las túnicas de los
nazarenos de todas las hermandades que acompañaban al Resucitado,
que sacaba en procesión por nuestras calles la hermandad de la
Pollinica, para recordarnos que Él había vuelto como prometió y el
desamparo que sentimos cuando lo vimos el Viernes Santo, yaciendo
en el sepulcro, se transformaba en alegría porque había vuelto.
Yo, como os podéis imaginar con lo “hartible” que soy para esto de
la Semana Santa, también acompañaba al Resucitado: al principio de
penitente con el rojo y el verde; posteriormente, llevando el
Trono e incluso, algún año, como representación institucional de
mi Hermandad. “Señor, te pedimos para que las hermandades sigan
llevando a cabo la labor social que realizan e incluso puedan
ampliarla y hacerla llegar a los más necesitados, sobre todo en
estos momentos tan duros en los que vivimos.” Varios días después
las Hermandades escondían celosamente el secreto que habían
desparramado por las calles y mi Plaza, junto al resto del pueblo,
volvía a la normalidad. Dejábamos de identificar las calles con
sitios imaginarios inspirados por nuestros Sagrados Titulares. El
Calvario dejaba de ser el Huerto de Getsemaní, las Torres ya no
era el Monte Calvario, y, Álora dejaba de ser nuestra Jerusalén
imaginaria y empezaba la larga espera para la próxima Cuaresma.
Una espera que se hacía más liviana porque en el mes de abril
íbamos a la Estación a acompañar a Nuestra Señora de la Cabeza;
después, cuando más apretaba el calor entre julio y agosto, nos
poníamos el mundo por montera durante cuatro días para La Feria; a
continuación, el último domingo de agosto, íbamos muy temprano a
por la Virgen de Flores al Convento y la llevábamos, como no, a mi
Plaza y allí, entre repiques diarios de campanas, novenas y
ofrendas alcanzábamos su día para volver a llevarla por las calles
del pueblo para que nos iluminara con su belleza; al domingo
siguiente, todos de Romería a Flores a llevarla de vuelta a su
Ermita donde vela por todos nosotros; pero no hay verano que no
aguante la llegada del otoño y llegaban las lluvias mientras
recordábamos a los que se fueron para siempre; volvíamos a ver
colgados talonarios con las imágenes que tanto queremos como
presagio de que pronto celebraríamos el nacimiento del hijo de
Dios; nos comíamos las uvas; recibíamos con los brazos abiertos a
los Reyes, celebrando la Epifanía del Señor; recibíamos a Don
Carnal y cuando este nos abandonaba y la primavera vencía al
invierno, mi Plaza volvía a ser la protagonista: estábamos de
nuevo en cuaresma. Para concluir, me gustaría hacer una petición
como las que he hecho a lo largo de este pregón.
Aunque esta debería estar incluida en un Pregón
de Glorias más que de Semana Santa, no debía ni quería terminar
sin hacer una petición a nuestras dos patronas que desde el
Convento de Flores y desde la Estación velan por todos los perotes
allá donde nos encontremos: “Santísima Virgen de Flores y
Santísima Virgen de la Cabeza, os pedimos por todos los cofrades,
para que sean de donde sean, porten a sus Sagrados Titulares con
varales o con trabajaderas, los acompañen con bandas de música,
con bandas de cornetas y tambores, con música de capilla o, solo,
con el silencio, nunca desfallezcan en su empeño de glorificar la
pasión, muerte y resurrección de Jesús de la forma única e
inimitable que aprendieron, cada uno de ellos, desde la cuna”.
En la deidad de ese rostro En la pasión de ese
espejo Sólo halla mi corazón Camino vida y verdad
ASÍ SEA
GRACIAS
PRESENTACION
DEL CARTEL DE AMOR Y SAN JUAN 2012
Sr. Cura párroco, Señor Alcalde del pueblo de
Álora, Hermana Mayor, Hermanos Mayores de las distintas cofradías,
cofrades…buenas noches.
Tito, gracias por tus palabras, has conseguido ponerme nerviosa,
así que si no se me entiende muy bien, ya saben, él ha tenido la
culpa .
Hay tantas formas de vivir la semana santa,
como cofrades, y esta noche os voy a contar la mía.
Para los que no sepáis quien soy, me llamo Ana,
tengo 17 años, soy perota, nieta de Antonio, un hombre que hoy
creo que está más nervioso que yo.
Esta noche junto con todos vosotros estoy cumpliendo uno de mis
mayores sueños, presentar el cartel de mi hermandad.
Los que me conocéis, sabéis los lazos que me unen a esta cofradía,
bueno llamémosle de otra manera, ya que son algo más que lazos, no
puedo decir que tuve un comienzo, se puede decir que nací y me
estoy criando en el seno de esta hermandad, por eso no dudé ni un
segundo en aceptar la petición que me hizo mi tía de presentar hoy
nuestro cartel.
Más que la presentación de un cartel quiero enseñaros a cada uno
de los presentes una forma de ver, sentir y vivir la Semana Santa.
Recuerdo, cuando muy pequeña nos daban en el
colegio los nazarenos para pintarlos, cada uno los pintábamos de
los colores de nuestra cofradía y al colgarlos en la pared ningún
niño sabía distinguir el suyo, menos yo, el mío destacaba entre
todos, ¡verde y rojo!, y por ello yo me sentía muy orgullosa.
Llegaba el jueves santo, que gran recuerdo, cuando mi madre nos
vestía a mi hermana y a mí de la banda, con aquel jersey burdeos,
y más tarde mi padre nos colocaba aquellas manoplas incomodas y
esos guantes ¡que papá, hoy creo que todavía me estarán grandes!
Parece que escucho de ensayar las gaitas en mi casa, el olor a
cuero cuando se cortaban las trinchas y el bullicio que se formaba
en mi cochera, ¡qué gran anuncio para el esperado gran día! Cuanto
lio, pero siempre había algo que se hacía a última hora, que no
por ello salía peor.
Llegaba la hora de subir a la calle Santa Ana para el pasacalles,
¡puf! que larga se hacía la cuesta, cuanto pesaba mi bandera, y
cuantos nervios tenía, pero seguro que no menos que los que tengo
ahora.
Me hice un poco más mayor, comencé mis andaduras con la música,
con tan solo 6 años, cuando ya tenía mi traje de la banda
municipal y mi primer instrumento; ¿quién me iba a decir que yo el
jueves santo no iba a ir con mi cofradía?, eso era imposible, mis
compañeros de la banda que algunos estarán por aquí, saben muy
bien de lo que hablo.
Todavía me tiemblan las piernas desde la primera vez que toque
Amor y San Juan, cada vez que lo hago, encuentro matices nuevos, y
entre esas notas, algún que otro recuerdo, si me lo permitís
quiero dar las gracias a David, por haber compuesto esta
maravillosa marcha de la cual nos sentimos tan orgullosos.
De más grande ya veo y siento la Semana Santa de un modo
diferente, hoy día no lo puedo llamar Semana Santa, ya que para
mí, la Semana Santa no es una semana, son 365 días, y comienza
cuando ya en el trono de mi cofradía no queda ni una sola flor,
ahí, puedo decir, que me queda mucho trabajo por delante, mucho
que limpiar y mucho que trabajar.
Ya entrando en cuaresma, mi móvil no para de
sonar, ¿quién es? lo cojo o no lo cojo, es muy temprano tengo un
sueño: ”ABUELO ANTONIO”, quien se niega a cogerle el teléfono, y
más sabiendo para que es, y solo con ese “Ana estoy en la
fuentarriba, venga que vamos a pegar zablazos” ¿quien le dice que
no? yo la verdad no soy de esas, abuelo, hoy te voy a dar las
gracias por crear dos familias, por crear nuestra familia, por
unir a la familia de Amor y San Juan y por luchar tanto en nuestra
cofradía, ¡abuelo, sin ti muchas cosas no serían posibles!
Jueves Santo, lloverá, no lloverá, Dios quiera que no, cuantos
ojos derramarían ilusión, cuánto trabajo para no poder
disfrutarlo… Aunque teníamos miedo, aunque no parábamos de mirar
el cielo no ha llovido, mis titulares son arrastrados hasta la
puerta, suena el himno nacional y ya están en la calle, parece que
ya podemos respirar tranquilos, tanto trabajo ha dado fruto, las
prisas, carreras y demás han acabado, ahora toca disfrutar, y
coger fuerzas para otro año más, para que otra persona se pueda
encontrar en mi lugar y pueda presentar el cartel procesional del
próximo año…
El de este año se trata de un trabajo de Elías Infante Rodríguez,
un perote que desde muy pequeño ha estado muy unido a nuestra
cofradía, que ha vivido muchas noches del Miércoles Santo en su
madrugada junto a sus padres, Miguel y Mari Pepa, colocando flores
y poniendo los últimos detalles a nuestros titulares para que
estén listos para su salida. Él sabe muy bien nuestra historia, y
mediante un diseño gráfico nos la ha trasmitido, desde un pasado a
un presente, en el cartel que se mostrará a continuación veréis en
una sola imagen 38 años de historia, donde, bajo un manto de
estrellas sale a la calle María Santísima del Amor, su manto
verde, se ilumina en la oscuridad por el Evangelista San Juan, el
cual, procesiona entre los brazos de la Virgen con el antiguo
trono, representando así los comienzos de la cofradía. Debajo de
él se representa también una figura muy importante en nuestra
Semana Santa, como es la de los hombres de trono, y a los lados la
luz que resplandece de las velas que portan los nazarenos, al
fondo, el cartel se compone de figuras planas, donde se ve desde
lo más antiguo, que es el campanario, hasta la nueva verja.
Elías creo que has sabido representar en el cartel la trayectoria
de nuestra cofradía sin olvidar ninguna pieza importante del
desfile procesional, por ello y por todo el cariño que se que
sientes hacia nuestra hermandad, quiero darte las gracias.
Para finalizar mi presentación, daros las gracias a todos por
estar este día tan importante para todos nosotros aquí
acompañándonos, por escuchar mis palabras, y antes de despedirme
me gustaría que me acompañase mi padre para descubrirlo.
¡GRACIAS, buenas noches!
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PRESENTACION
DEL CARTEL DE AMOR Y SAN JUAN 2011
POR JAVIER DIAZ OCAÑA
Buenas noches.
Agradecer tan bellas palabras a mi presentador. Aunque yo no las
merezco. Gracias Salvador.
Soy de los que piensan que las segundas partes nunca fueron
buenas. Se bien de lo que hablo.
Antes de nada, pediros a los aquí presente que me disculpéis si
los nervios me traicionan, porque aunque esta es mi segunda
presentación de un cartel, estoy tanto o más nervioso que la
primera, no se si es porque es en el teatro, o será por ser éste
el cartel que represente la semana santa de Álora 2011.
Espero no olvidarme de nada, por eso lo primero es el protocolo.
Señor párroco y señor vicario parroquial. Señor alcalde, hermana
mayor, hermanos mayores de las distintas cofradías, hermanos
todos.
Otro año más, nos encontramos en plena cuaresma, para dar paso a
nuestra Semana Santa, nuestra semana mayor. Semana en la cual y
aunque apenas nos demos cuenta, expresamos nuestros sentimientos,
los nervios se nos disparan, o por lo menos eso me pasa a mi.
La mayoría de los aquí presentes sabéis cuales son mis vínculos
con esta cofradía. Me hicieron hermano justo después de contraer
matrimonio con la que hoy es nuestra actual Hermana Mayor, Mari
Gracia.
No de ahí, me viene el tener que estar hoy aquí. Para los mal
pensados. No estoy aquí por mi mujer, ni mucho menos. Ella nunca
me lo ha pedido. Si me dejo caer alguna que otra vez, que le
gustaría que lo hiciera. Ahora seguro que esta más nerviosa que
yo.
Igual que el hombre que lleva muchos años diciéndome que le haga
la presentación de un cartel. Siempre he tenido en cuenta las
palabras que me dijiste. Mira que te lo he dicho veces, claro pero
antes, el de tus ANIMAS. Muy bien moro, pero me sigues debiendo
una.
Hoy ha querido el destino que nos quedemos en paz. Pues aquí estoy
Paco, espero no defraudarte.
¿Dónde estas? Seguro que ultimando detalles. Para que todo salga
bien. ESPEREMOS.
Otra primavera mas y como dice el refrán, la sangre altera. Se
vuelve loco el corazón, desata el amor, el sentimiento y la
pasión, sin saber como, ni por que, surge el fervor. Ese que nos
hace gritar. Sentirnos superior a los demás. Sin saber como ni por
que, de ahí puede nacer una nueva amistad.
Amistad la cual nos une a esta cofradía, la nuestra. La de amor y
San Juan. Esa que del verde de sus túnica, siendo o no, parecido,
para mi es verde esperanza, porque es lo último que se pierde. Y
visto lo visto si mi mujer, no se rinde, yo tampoco.
A ella, mi mujer. A su padre, mi suegro Antonio, a mi hermano
Paco, en fin a todos los hermanos de San Juan. Siempre les dije,
que yo no pertenecía a esta guerra. Y ahora me siento orgulloso de
ser un soldado más. Dispuesto a obedecer ordenes. Esa que el jefe
da. El cual solo manda disparar amor. Pues ha logrado convencerme,
que la fe mueve montañas.
Junto a nuestro trabajo y humildad, haremos grande nuestra semana
santa. Notaremos sus perfumes, con los cuales, nos acribillara el
viento, dándonos a respirar, romero y azahar.
Como no sin olvidar, que abril llegará, con sus velas encendías y
penitencia en la calle.
Luz de mi corazón, teniendo o no la razón, ésta, nuestra semana
mayor, es grande. Gracias, a nuestra devoción, esa que nunca se
pierde, esa que aunque no veamos, tenemos…
¿Quien de nosotros, no es devoto?
¿A quien, aquí en el lugar, no le gusta la semana santa?.
Sea cual sea, su forma de vivirla.
Como dije en mi primera presentación, Cada loco, con su tema.
Mi locura, digámoslo así, es la culpable de que yo esté aquí esta
noche. Cuando me comunicaron que yo era el elegido para presentar
este cartel, lo tome a broma, si yo lo hago!. Voy a decir esto, lo
otro, en fin algo fácil. Pero cuando me puse a escribir, supe que
no lo era tanto. Comencé a escribir esta presentación en febrero,
mes de carnavales. ¡El que no me conozca que me compre!
Si escuchaba, no escribía, y viceversa.
Por mucho que pensara y me pusiera la mano en el corazón, no me
salían las palabras.
¿Qué digo?
¿Cómo será el cartel?
Porque tuve que decir que lo hacia.
Y para colmo el oficial, no paraba de darles vueltas a la cabeza.
Así una noche y otra. Hasta que por fin vi el cartel, fue entonces
cuando comprendí la responsabilidad que tenia, no ha sido tarea
fácil.
Tal vez después me sienta orgulloso de haber sido el encargado de
abrir las puertas de esta casa. La de María Santísima del Amor y
San Juan Evangelista.
Iglesia de La Encarnación, en el bautisterio.
Allí están todo el año, el cual solo abandonan en Semana Santa,
aunque como ahora podrán ver que este año lo han hecho un poquito
antes. Para colocarse justo debajo del retablo, donde solo el
corazón de cada uno de nosotros sabrá la conversación que en ese
momento mantienen nuestros titulares.
¿Nos querrán anunciar algo? Me pregunto.
Como se lo anuncia el ángel Gabriel a María.
Es justo el misterio que hay en el centro del retablo.
Subiendo la mirada a la parte alta del cartel, al igual que en el
retablo, La cruz, en ella, Jesús, junto a El nuevamente nuestros
titulares.
Veremos a la derecha el escudo del obispado de esa época.
Y como no queriendo aparecer, lo más importante, el sagrario,
donde la vida es eterna.
De donde ha salido el alma de la mujer que me ha dado fuerza para
hacer esta presentación.
Gracias Ana Mari, sin tu ayuda no lo hubiera hecho.
El cartel que a continuación veremos es una bella fotografía de
Mateo García aunque parezca un montaje no lo es.
Antes de descubrirlo, Mateo, perdóname. Se que no he estado a la
altura de tu obra de arte.
Por que como dice el refrán una imagen vale más que mil palabras.
Muchas gracias.
VIVA SAN JUAN
VIJVA LA VIERGEN DEL AMOR
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PRESENTACIÓN DEL CARTEL DE ÁNIMAS
2011
POR FRANCISCO MARTOS GARCIA
NOCHE del Viernes SANTO, todo vuelve a la calma
tras el gentío, bullicio, jubileo, cornetas y tambores, cánticos y
vivas a los sagrados titulares Dolores Coronada y Nazareno de la
Torres durante el acto TRIUNFAL de la DESPEDÍA. Alora se convierte
en un pueblo tranquilo y sereno como si nada hubiera pasado; luces
apagadas, velas iluminando balcones y ventanas, puertas y
persianas cerradas, silencio en las calles; para vivir momentos de
recogimiento, fervor y sentimientos cofrades, con el máximo
respeto a los sagrados titulares con salida procesional la noche
del Viernes Santo.
Autoridades eclesiásticas. Excelentísimas autoridades. Hermano
mayor y hermanos mayores de las distintas cofradías de pasión y
gloria. Hermanos de las ánimas. Amigos todos.
En primer lugar, agradecer a David estas palabras dedicadas a mi
persona y como no, a los hermanos de las AMINAS, por tenerme
presente entre ellos, así como el atrevimiento de elegir a este
humilde orador que no encuentra palabras para demostrar el honor
que siente por estar esta noche aquí.
Pero bueno, ellos lo han querido así, y así será.
Tras recibir la petición para tal encomienda, en ese momento es
como si el mundo se parara, no supe que decir, y lo único que
salía de mi boca es que me dejaran unos días para intentar
asimilar esta propuesta y pensar si estaría preparado para
afrontar tal reto.
Tras varios días dándoles vuelta a mi cabeza, como decir a Nuestra
Madre que no puedo dedicarle un tiempo de sacrificio y esfuerzo,
porque plasmar en un papel lo que siento por ella no es nada fácil
y si además tengo que contarlo en publico pues aun mas.
Por tanto aquí me tienes Virgen de LAS AMIMAS, despojado y sin
ataduras, espero que al estar tan cerca de mi, pueda salir de esta
complicada y responsable tarea que me has encargado.
Soy Cofrade desde que nací involucrado de pleno en nuestra Semana
Santa, gran parte de mi corazón pertenece a San Juan y como bien
sabéis también hay cabida para otros titulares de nuestra Semana
Mayor.
Estos días próximos serán de alegrías, silencios, penitencia y
oración en el que reviviremos la muerte, pasión y resurrección de
Jesús convirtiéndose nuestras calles en un templo vivo de oración.
Por tanto para que todo vuelva a suceder puntualmente cada año,
como ya se dijo en este atril: ¡Nos hacen falta muchos cofrades y
menos semana santeros!
¡Nos hace falta más compromiso y menos indiferencia!
¡Más juventud y menos incomprensión!
¡Más unión y menos rivalidad!
¡Nos hacen falta menos golpes de pecho y más labor social!
A ser cofrade, no se aprende en ninguna universidad, en ningún
libro, o en ningún foro. No solo significa pertenecer a una
Hermandad y pagar su cuota simbólica para sufragar gastos. No
significa ponerse la medalla, la túnica y salir en procesión
delante de nuestros titulares.
Para mí la palabra Cofrade, significa algo más…
¡Ser cofrade es sentirse “Nazareno durante todo el año”!
¡Ser cofrade es mostrar la cara y denunciar la injusticia!
¡Es ayudar al oprimido!
¡Es sentirse al lado de tantas familias quien estos momentos está
afrontando la situación actual de paro, desempleo, desahucio…
¡Es denunciar la arrogancia y la soberbia!
¡Ser cofrade es mostrarnos en contra de cualquier tipo de
violencia y terrorismo!
¡Ser cofrade es dar la mano al que cae en la droga, la apatía o la
desesperación!
¡Ser cofrade es además ser CRISTIANO con mayúsculas!
VIRGEN DE LAS ÀNIMAS
Fue la primera imagen que me se quedo grabada en mi cerebro,
recuerdo desde pequeño en la puerta de mi casa, en plena
oscuridad, cuando veía de bajar desde la calle ancha una virgen
vestida de negro con cara triste y lagrimas en los ojos, un trono
pequeño con algunas que otras velas al sonido de un tambor ronco
en el aire de la noche.
Esta imagen de Nuestra Madre llena de sufrimiento y dolor por la
muerte de su hijo, siempre ha estado presente en mi vida cofrade,
nunca borraré esta cara de mi memoria.
A medida que pasa el tiempo en mi vida cofrade tengo la
oportunidad de conocer a las personas que hoy en día forman la
vocalía de las Animas, junto a los ya no presentes entre nosotros,
han hecho posible que Nuestra Madre reciba el respeto y el amor
que como Madre se merece, siendo cada vez mas los que nos
acercamos con profundo sentimiento, para que nos ayude a salir de
determinadas circunstancias que se presentan en nuestra vida.
Los hermanos de la Ánimas han sido el enlace perfecto para
incrementar mi amor y devoción hacia ella.
Desde este balcón privilegiado animar a los hermanos de las Aminas
a continuar trabajando con mas ganas que nunca si cabe, en todos y
cada unos de su proyectos y no dejar que todo lo que habéis
luchado y conseguido por Nuestra Madre caiga en abandono, como ya
ocurrió hace unas décadas.
Por tanto desde aquí trasmitiros mi apoyo y ayuda de cuantos
amamos y queremos a Nuestra Virgen de las Animas, seguro que
conseguiremos salir adelante con o sin ayuda de aquellos que no
comparten nuestros deseos de tener a Nuestra Madre allá en la
cúspide, ¡¡¡ no lo entiendo de otra manera!!!..
Como perote hace cuestión de un año pude hacer realidad uno de mis
mayores deseos como cofrade y portador de trono y no era otro que
llevar sobre mis hombros a Nuestra Virgen en la totalidad de su
recorrido y poder compartir con ella el dolor y sufrimiento
recogido en cada unas de nuestras calles y plazas en su paseo
triunfal del Viernes Santo, ya que años atrás, debido a la
similitud de horarios con la cofradía de la Piedad, de la cual soy
cofrade y portador con mas de 16 años continuados no me era
posible, tan solo poder realizarlo en alguna que otra parada a la
vuelta de su recorrido una vez producido el encierro de la Piedad.
En años anteriores fueron fallidos mis intentos por tres años
consecutivos debido a la lluvia, pero ya el año pasado deseaba por
todos los medios que este se hiciera realidad ya que cada vez era
mas la espina clavada en mi corazón por cumplir tal deseo, que
llegado la hora me suponía ansiedad el pensar que un año mas no
podría cumplirlo.
Después de una semana dura de preparativos en mi cofradía de San
Juan, después de un Jueves Santo agotador e incansable y tras
vivir la celebración de la Despedía de forma intensa, llega el
momento de la verdad.
Llega la hora cumbre, que no es otra que ir a encontrarme con
Nuestra Virgen allí en su torre vigía.
Tras subir la empinada cuesta hacia las torres con el nerviosismo
en el cuerpo ante el encuentro esperado y con la acumulación del
cansancio durante la semana todo cambia tras cruzar la verja y
verla allí, hermosa, radiante, majestuosa, preparada para afrontar
su cita anual con su fieles.
Tras acercarme a Ella y poder contemplar desde cerca la belleza de
su rostro, perfectamente engalanada para la ocasión y poder
dedicarles unas palabras de cariño frente a frente sin perder
nuestras miradas.
Tras el toque de campana y una salida milimetrada, Ella se adentra
en un mar de velas que durante todo su recorrido será su escolta
privilegiada y luz de su camino.
Bajada lenta, pausada, silenciosa, con una mecida y paso muy
corto, al compás de un tambor ronco por la empinadas calle del
barranco, teniendo la luna como único testigo es algo que como
cofrade y portador de Nuestra Madre es difícil yo diría casi
imposible de explicar si no se ha realizado.
Devuelta a su templo se produce para mi otro momento inolvidable
yo diría casi único.
No es otro que la subida de calle Ancha hacia las torres.
Tras un leve descanso en el inicio nos preparamos para el último y
más duro tramo después de su recorrido magistral.
Al toque de campana todos y cada uno de los portadores con mas
ganas que nunca arrimamos nuestro hombro y afrontamos este ultimo
tramo con el orgullo de haber estado tan cerca de Ella pero con la
pena y el dolor que hasta el próximo año, si Ella lo dispone así,
no volveremos ha repetir tal cúmulo de sentimientos.
Para mi en un momento imposible de transmitir y contar cuando
debajo de su manto, lleno de plegarias y peticiones no veo nada,
tan solo la silueta de su cuerpo, un reflejo de la luna a través
de su corona, el crujido de los várales, el redoble de un tambor y
una voz que dice: hasta arriba con Ella señores, sin paradas, como
sabemos hacerlo, paso corto y palante; es algo único que hay que
vivirlo y sentirlo para saber de que estoy hablando.
Ya justo en mitad del recorrido de subida y como si saliera del
cielo se escucha un voz ronca “¡¡¡Viva la Virgen de las Animas!!!,
¡¡¡ Viva la Abandona!!! ” así una y otra vez hasta llegar su
templo.
Justo antes de la última cuesta y en la mitad de la curva de Pasos
Largo, el trono se para al filo del precipicio, sin dejar de
mecerse, como si Ella no quisiera terminar su recorrido.
Ya en su templo y tras dar las gracias por dejarme compartir este
momento con Ella, me llevo como recompensa su cariño y el regalo
de una flor.
ASI LO HE VIVIDO Y ASI LO HE PODIDO CONTAR.
Ha llegado la hora de desvelar el secreto mejor guardado esta
noche y por primera vez en Nuestra iglesia parroquial vamos a
presentar el Décimo Sexto Cartel anunciador de la salida
procesional de María Stma. De las ÁNIMAS.
Ha primera vista yo diría que se trata de un cartel “sencillo e
impresionante”.
SENCILLO porque en el sólo existe un elemento fundamental y único
“ELLA” Nuestra Virgen de la Animas y su nombre por si hay duda.
IMPRESIONANTE porque el autor del cartel, nuestro cofrade y
colaborador insaciable David Aranda, al igual que en otros
carteles de años anteriores, ha conseguido con su profesionalidad
y destreza realizar una instantánea perfecta del rostro de Nuestra
Madre en el cual se pueden apreciar todos y cada uno de sus
rasgos, como su belleza, serenidad, tristeza y dolor, sus lagrimas
convertidas en cristales transparentes, su mirada profunda y
perdida; en definitiva…
Con ELLA llega la luz y se van las penas y la oscuridad.
Con ELLA llega la fe, la esperanza, el ánimo, la persistencia, el
sacrificio, la voluntad…
En resumen llegan valores que se están perdiendo en la sociedad
actual y que son necesarios recuperar y quien mejor que ELLA,
Nuestra Virgen de la Animas para trasmitírnoslo y enseñárnoslo que
ante la muerte de su hijo perdonó y amó por encima de todo.
Por tanto decirte por último que solo mírate aquí a mi derecha, o
en este magnífico Cartel, hace que un nudo de emoción me apriete
la garganta y me pida que te grite con todas mí fuerzas:
¡¡¡¡VIVA LA VIRGEN DE LAS ÁNIMAS!!!
Muchas gracias a todos por su asistencia y buena Semana Santa.
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PRESENTACION
DEL CARTEL DE AMOR Y SAN JUAN 2010
POR GABRIEL RAMOS GONZALEZ
Excelentísimo Sr. Alcalde,
Miembros de la Corporación Municipal, Sacerdotes de Nuestra
Localidad, Hermana Mayor, Hermanos Mayores de Nuestras
Hermandades, Cofrades, Familiares y Amigos, Señoras y Señores.
Buenas noches.
Ante todo, darles las gracias por su asistencia
a este importante acto para nuestra Cofradía y que, junto a las
presentaciones de otras hermandades locales, significa la antesala
de nuestra Semana Santa.
Este año, por decisión de mi Cofradía, he sido nominado para la
presentación del cartel de Amor y San Juan, lo que he aceptado sin
dudarlo, aún a sabiendas de que este hecho supone, por definición,
un enorme compromiso, teniendo en cuenta el elevado nivel en el
que lo han colocado todos mis antecesores.
Para los que no me conozcan, les diré que soy malagueño de pura
cepa. Nací, hace ya unos cuantos años en el barrio de la Victoria,
barrio de una profunda tradición cofrade y de gran abolengo por
las procesiones que salen de El Santuario de la Victoria y de
otras iglesias. Este hecho, junto a la herencia recibida de mi
madre que me inculcó el amor y devoción hacia la Semana Santa,
despertaron en mí el gusanillo hacia esta extraordinaria
celebración religiosa y popular.
Recuerdo mi primera salida como nazareno en el Cristo de la Buena
Muerte y posteriormente, durante mis estudios en la Escuela de
Peritos e Ingenieros Técnicos Industriales, llevando el trono de
El Cristo de la Agonía junto a mis compañeros de promoción. Son
vivencias y momentos que no se olvidan si se hacen con fe y
devoción.
Aunque, por motivos profesionales he residido en Madrid hasta hace
poco tiempo, año tras año, toda mi familia hemos venido a Málaga y
a Álora para vivir la Semana Santa.
Cuando digo Álora, no puedo dejar de referirme a que estoy casado
con una “Perota”, Inés Martos, hermana de Juan Martos, uno de los
hermanos pioneros de Amor y San Juan, junto a los fundadores de la
misma, Antonio Calderón y Alfonso Pérez Almodóvar, y tía de
Francisco Martos, hasta hace poco, hermano mayor de nuestra
cofradía y, actualmente, Teniente Hermano Mayor.
Es obvio entender las razones por las que pertenezco a Amor y San
Juan.
Pero, no es sólo el vínculo familiar lo que me une a esta
cofradía.
El equipo humano que la constituye, que podemos definir como una
amalgama de gente joven y madura, siempre me ha impresionado por
su iniciativa, tesón, ilusión, entusiasmo y dedicación plena, sin
regatear esfuerzos, con el objetivo primordial de una mejora
continua de nuestra hermandad y, en consecuencia, el de aportar un
pequeño “granito de arena” al engrandecimiento de la Semana Santa
de Álora, dentro de nuestra modestia y de nuestros recursos,
siempre en consonancia con nuestra trayectoria y evolución.
Como resumen de ello, no me equivoco al decir que tenemos las
ideas claras de lo que somos y a donde vamos. Sin prisas, pero con
paso firme.
Nuestro desfile procesional va perfilándose, año a año y así tiene
que ser, como un desfile serio y organizado, sin olvidar el
espíritu cofrade que siempre nos preside.
Cuando Amor y San Juan se procesiona cada Jueves Santo, se
producen algunas escenas y hechos que son típicos de nuestro
itinerario y parte esencial de nuestro desfile, que siempre han
llamado mi atención. Permítanme que les comente algunos:
- La proyección de la silueta de la Cruz de nuestro trono en la
pared de la calle Algarrobo cuando dobla hacia la calle Zapata y
que se origina por efecto de la iluminación de un farol.
- El saludo de nuestro trono a Nuestra Señora de la Piedad, al
llegar a la Iglesia de la Veracruz.
- El esfuerzo de los hombres de trono al subir de un tirón las
cuestas de las calles de Atrás y Peligros, animándose con las
voces de “Arriba Amor y San
Juan”.
- La llegada a la Plaza de la Fuente de Arriba con el trono
levantado y con la banda tocando en “Son de piano”, mientras se
canta una saeta desde el balcón del Ayuntamiento.
- La llegada de madrugada a la Plaza Baja y que, tras dar una
vuelta a la misma y con el acompañamiento final y continuo de la
banda, se produce el encierro con la mayor meticulosidad, seriedad
y orden.
Y por último
- Situados nuestros titulares en el interior de la Iglesia de la
Encarnación, donde la gente se afana por conseguir alguna flor de
nuestro trono como un recuerdo fervoroso.
Como es obligado, quizás pecando de repetitivo y como un hecho
tradicional en nuestras presentaciones, debo resaltar el buen
hacer de nuestros cofrades:
- Nuestra hermana mayor, Mari Gracia Calderón, siempre al pie del
cañón, aportando continuamente nuevas ideas.
- Antonio Calderón, eje y pulmón del día a día de nuestra
hermandad.
- Mi sobrino Francisco Martos, pilar básico de nuestra cofradía y
extraordinario mayordomo de trono.
- Lina, Diego, Manolo, Miguel, Lola y María Isabel, involucrados
en mil y un temas, detalles y proyectos, poniendo su toque final
en todo lo que haga falta.
- Sebas y Salva, pasado y presente, en la buena trayectoria y
funcionamiento de la banda de cornetas y tambores.
- Mi sobrino Juan Jesús intentando siempre con su mejor voluntad
poner orden entre los nazarenos mas pequeños.
A ellos, a los componentes de nuestra banda de cornetas y
tambores, a todos los hermanos y colaboradores de Amor y San Juan,
así como mi mas sincero recuerdo a los que ya no se encuentran
entre nosotros, agradecerles su extraordinaria dedicación y ayuda.
Y finalmente, El cartel, motivo principal de este acto.
Este año tenemos el enorme placer de presentar hoy y aquí, el
cartel realizado por Fernando Wilson Ruiz, persona de un enorme
prestigio profesional, graduado en Artes y Oficios.
Aplicados en la especialidad de talla en madera y diseño
publicitario en la Escuela de Artes y Oficios de Málaga.
Desde el año 1987 viene participando con sus obras en diversas
exposiciones de carácter nacional consiguiendo un gran número de
premios y nominaciones.
Desde el año 1995, ininterrumpidamente, viene diseñando,
coordinando y correalizando, El Belén Municipal, el Júa de la
Verbena de San Juan y El Boquerón del Carnaval, así como
diferentes decorados, cartelería y escenarios e imágenes gráficas
para el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga.
Hoy, tras la solicitud que a él hicimos por parte de Francisco
Martos, primero y posteriormente por nuestra hermana mayor Mari
Gracia Calderón, nos ha ofrecido, tal como reza en la dedicatoria
“Por Amor” (Uniendo en un sencillo juego de palabras su razón con
nuestro lema Amor y San Juan), la realización del cartel de
nuestra cofradía para la Semana Santa 2010.
Fernando Wilson está vinculado a nuestra cofradía y a nuestro
pueblo ciertamente por amor, está casado con Trini Torres
Rodríguez, perota, hija de Dolores Rodríguez Márquez, de
extraordinario recuerdo para nosotros, ya que fue camarera de la
Virgen de Flores y abnegada colaboradora, junto con su familia, en
conseguir todo lo mejor para la Semana Santa de Álora.
El cartel es de fácil comprensión y entendimiento y casi de
innecesaria explicación a través de la palabra, no obstante
comentaré lo siguiente:
El original que veremos a continuación es una pintura al óleo
sobre tela, de técnica clásica en cuanto a su ejecución.
El artista ha tenido esta deferencia y esfuerzo con la intención
de dejar esta obra en la cofradía más allá en el tiempo de la
utilidad propia y temporal que tienen los carteles impresos.
Rezan en el cartel: Amor y San Juan y Semana Santa de Álora 2010,
este es todo el texto principal, en blanco y con una tipografía
sencilla y manual que encabeza toda la imagen.
Y la imagen es la Virgen coronada, protagonista sin duda, pero sin
olvidar a sus hijos todos, a Jesús, representado simbólicamente en
la cruz, puesto que la cruz es Cristo. Y a sus otros hijos, todos
nosotros, representados en San Juan, el joven discípulo, el
discípulo amado, que es entregado a la Virgen con estas palabras
“Madre ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre”.
La imagen de la virgen coronada irradia en tonos dorados y
tostados. La majestad que imprime la corona, es también la corona
áurea el resplandor no visible del alma pura, la luz espiritual
que guía materializada en dos de los elementos más nobles de lo
perceptible, el oro y el sol. Toda esta luminosidad rodea el
rostro de la Virgen madre que sufre y ama (Amor), atrayéndonos a
través de su dulce y tímida mirada hacia sus manos que suavemente
extiende a todos.
Me queda agradecer y felicitar a Fernando Wilson por este
extraordinario cartel y solicitarle me acompañe al escenario para
desvelar nuestro secreto mejor guardado.
Amigos, eso es todo. Darles nuevamente las gracias por su
presencia a este acto y que tengamos y podamos celebrar juntos una
extraordinaria Semana Santa en Álora.
Viva Amor y San Juan!!!!
Muchas gracias.
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PRESENTACIÓN DEL CARTEL DE ÁNIMAS
2008
POR FRANCISCO JAVIER DÍAZ OCAÑAPortador
de trono de Amor y San Juan
Tardé bastante en asumir la frase “yo
lo hago”; era mucho más que una frase, más que un compromiso, es
dar alas a mis sentimientos para que todos ustedes sientan lo
mismo que yo.
Quiero recordar que mi vida cofrade empezó como la de todo niño en
el pueblo, corriendo detrás de paracas, de legionarios, la banda
del maestro Aguilar y Rueda. El Señor de las torres, la Virgen de
los Dolores. ¿”Quién ha ganao la Despedía” . En fin, como todos.
Ahora, ¿quién no sabe qué tengo que estar arrimando el hombro en
San Juan?...me siento orgulloso de que el destino me llevara a
esta cofradía.
En ella he aprendido muchas cosas… ¿quién no se acuerda, porque no
hace tanto tiempo, cuando a esta cofradía le pusieron Juan
“Cojones”?
Todos, aquél Jueves Santo, fuimos de San Juan y este año tendremos
que serlo, ya todos sabemos el porqué.
También les he dicho a unos amigos míos que llevan muchos años
luchando por el Cristo de la Columna y que cada día ven su sueño
más cercano, que aquí tienen un hombre para portar la Cruz Guía.
Lo hice el año pasado y me gustaría seguir haciéndolo.
En esta parte de mi vida, y casi con la misma edad, 8 ó 9 años, le
solía decir a mi abuela que me llevara a lo alto del Camino Nuevo
para ver a esa Virgen que iba sola, en silencio y rodeada de
hombres.
Del clamor y la alegría de la “Despedía” paso al silencio más
profundo, al respeto más sincero, al dolor más “sentío” y al
saber que tengo que acompañar a una MADRE en su camino más
sufrido; porque yo soy de los que piensan que una madre nunca
debería de enterrar a un hijo.
Con el paso de los años va creciendo dentro de mí la devoción
hacia nuestra Madre.
De lo alto del Camino Nuevo paso a ir con mi vela, hasta que una
noche, en la plaza, consigo llevarla sobre mis hombros.
Ahí comenzaron mis roces con uno de los hermanos más mayores de
nuestra casa, por no decir el mayor. De su mano vi por primera vez
a nuestra Virgen cara a cara, de frente.
-Ahí la tienes. ¡Tócala! Dile algo.
Desde ese momento empiezo a sentir algo dentro de mí, algo que me
lleva cada noche a quedarme “dormío” “agarrao” a dos medallas que
tengo colgadas en el cabecero de mi cama.
Después de rezar un Padrenuestro y un Avemaría, eso sí, a mi
manera, comenzaba a hacerle preguntas: ¿estás aquí?, ¿me escucha?
Pero nunca recibía respuesta.
…La siento tan cerca de mí que parece que está sentada a los pies
de mi cama.
Tuve el valor de hacerle una pregunta aún sabiendo que diría la
verdad, tanto para bueno como para malo. Y contestó. ¡Bueno si
contesto!
Me estuvo dando esperanza mientras hubo vida. Me fue preparando
para lo que se me aproximaba. Me explicaba que no había remedio y
que la vida continuaba. Es duro pero es así. A finales del pasado
mes de Enero hacíamos las paces.
Quizás el destino, ayudado por ella, sea el culpable de que yo
esté esta noche aquí para presentar este nuestro décimo cartel de
Semana Santa.
En él podemos apreciar una bonita estampa de nuestra Madre
observando a su familia, a su pueblo, a sus hijos.
La fotografía está realizada por Pedro Pérez Muñoz, hombre que ha
hecho carteles para muchas cofradías y que actualmente colabora en
la revista Nazareno de las Torres. Decir también que su mujer y su
hija son muy devotas de nuestra Virgen de las Ánimas.
En este cartel podemos observar el perfil más bonito de la vida.
La mirada más profunda. Las lágrimas más “sentías”, las que
derrama una Madre al caer el día.
Me da igual que llueva, que salga o no.
Yo siempre haré lo que me dicte el corazón.
Corazón que sabe que he de estar con ella.
Porque ella es mi madre
Me crean o no, siempre estará a mi vera
MUCHAS
GRACIAS.
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